Santi Surós SANTI SURÓS CUADERNOS DE ARTE JAIME FERRÁN SANTI SURÓS O EL SENTIDO DE LO PATÉTICO ATENEO MADRID 1 9 5 7 LAS OBRAS REPRODUCIDAS FUERON PRESENTADAS EN LA SALA DEL PRADO, DEL ATENEO DE MADRID, DEL 25 DE OCTUBRE AL 8 DE NOVIEMBRE DE 1957 ESTA COLECCION ESTA PUBLICADA POR LA EDITORA NACIONAL D ESDE sus primeros lienzos advertimos en la pintura de Surós un claro predominio de lo patético. Nos presenta un mundo en el que la observación del artista ha calado honda- mente, en el que la mirada ahorcadora no se ha detenido en los bordes de lo superficial, sino que ha intentado profundizar en la esencia de lo interpretado. Parece buscar Surós en todo instante la vida interior de lo tratado y realiza -como afirmaba el maestro Eugenio d'Ors refiriéndose a Durero- "lo más grave y atrevido que se podía hacer con esta "vida interior": pintarla". Al modo de Kisling, cuando vio por primera vez el retrato que de él había hecho Modigliani, podemos decir que Surós ha sabido plasmar el alma de sus personajes. Pero Surós ha escogido conscientemente el alma su- friente, casi descoyuntada, de seres que se afanan y que luchan sobre un paisaje lacerado. Y no se ha apoyado burdamente en la pura anécdota para reflejarla, sino que ha emprendido la recreación de su sentimiento ante estos seres y estos paisajes por medio de una gama vibrante que sabia traducirnos, creándolo de nuevo, el dramatismo de los temas propuestos. El resultado ha sido una pintura en la que la dimensión de lo patético viene dada, al margen de los temas tratados, por la amalgama de colo- res mezclados o yuxtapuestos con violencia. La temática preferida por Surós es varia: en ocasiones es el paisaje el que tiene valor de protagonista y hemos tenido entonces una visión elemental de una tierra casi soñada; en otras son las casas, las roídas y oscuras casas suburbiales, las que el artista se ha complacido en tras- ladar a sus telas y el paisaje se ha poblado ahora de una luz triste y herida; en otras, finalmente, han sido los hombres quienes han protagonizado los lienzos de Surós y es ante ellos ante los que el análisis que el artista hace del sufrimiento ha cobrado una fuerza oscura y definitiva. Los hombres de Surós, detenidos en un relámpago de su existencia milenaria, trabajan duramente, desafían a los elementos, permanecen encorvados sobre la tierra como si volviesen a ella después de haber aprendido que ella les dió raíz. En este retorno al humus genitricio, funden los hom- bres de Surós lo humano y lo telúrico. Entre ellos y la tierra existe una conexión permanente. Y es en virtud de esa conexión por lo que la paleta de Surós ha sabido humanar en todo momento lo tratado. Y es también en virtud de ella por lo que los hombres de Surós, detenidos en su caminar fatigado, se nos antojan seres con honda raíz terrestre, que será, al cabo, raíz de eternidad. Pero aunque estos hombres nos parezcan eternos, sabre- mos si nos fijamos en ellos que pertenecen decisivamente a nuestro tiempo, que están inmersos en un ámbito rigu- rosamente contemporáneo. Surós ha convivido con ellos, ha ido a buscarlos y los ha conocido en su propio ele- mento. Emana, por lo tanto, de sus lienzos una cálida comprensión de sus problemas, está presente en ellos la verdad de su vida inerme y angustiada. Se ha tratado poco de la expresión de la angustia en la pintura contemporánea, y quizá es mejor que haya sido así. Porque no había que hablar de ella. Había que pintarla. Surós lo ha hecho. Surós se ha encontrado ante un mundo febril y zozobrante y lo ha expresado con pasión y con fiebre, como le correspondía. No se ha arredrado el artista ante la luz vacilante que este mundo le ofrecía. Al revés, ha trocado esta luz en una gama viva que por virtud de una entonación rigurosa venía a comunicamos el mismo sentimiento que ante aquel mundo podíamos experimentar. Pero el sentimiento se magnificaba y se ennoblecía al sernos prestado por el artista, que a veces sabía detenerse con ternura morosa en lo evocado, que otras pasaba por el lienzo como un áspero vendaval, pero que en toda ocasión llegaba a lo más recóndito con una lucidez absoluta y vibrante. En la obra de Surós -en esta armonía dislocada de colores puros, en estas figuras trazadas con brusquedad aparente, en esta luz de amarillos incandescentes, de rojos ensangrentados, de azules y de verdes unánimes- tene- mos, sin duda alguna, una de las realizaciones más perso- nales y auténticas del arte español de hoy. Siempre podremos reconocer los cuadros de Surós después de haber visto uno de ellos. Y siempre nos prestarán la misma sensación de cósmica intensidad. Parece que estos cuadros hayan sido pintados contra viento y marea y hay en ellos una teoría de colores enar- bolada y tremolante que desvela para nosotros un mundo en el que campea, en todo momento una visión propia. Pero si este mundo ha sido creado en una explosión de arrebato y de fuerza, si traduce a lo vivo un carácter apasionado y entusiasta, el conjunto logrado viene tem- plado por una sabia contención formal, y el resultado es una obra en la que la intensidad y la violencia de los medios expresivos no estorban para la presencia de una superior serenidad que parece haber sido conquistada a todo precio. Los colores ardientes de Surós parecen orde- nados por una íntima disposición musical, que hallamos siempre en la base de su mundo dramático. Y esta dis- posición armónica, esta superior arquitectura que impone a la materia pictórica un temperamento lírico, da sentido último al mundo personalísimo del pintor. Quienes creemos que la obra de cualquier artista será medida inexorablemente por su capacidad en levantar piedra a piedra -o mejor, sombra a sombra- ese mundo personal, sabemos que el esfuerzo de Surós no ha sido baldío. Quienes consideramos fundamental la expresión del "pathos" de la humanidad contemporánea, agradecemos la intención purificadora, el talante moral del universo que el artista nos ha revelado. Porque en la obra de Surós -como querían los griegos para la tragedia- hallamos siempre una soterraña intención catártica. El artista no solicita la simple atención del espectador, sino que lo incorpora imperiosamente a su mundo y le obliga a juzgar y a juzgarse. Como ante todo arte válido, no se puede permanecer indiferente ante esta pintura. Hay que amarla o se permanecerá insensible ante ella. Sólo amándolo nos será dado penetrar en la esencia del mundo que el artista nos ofrece. En medio de este mundo alucinante, cuya violencia expresiva puede sólo encontrar parangón en la obra contemporánea de Soutine o de Kokoschka, tenemos hoy, vivo, cuajado y operante, el arte maduro de Surós. LÁMINAS i I. Fábrica. II. Hombre y árboles. III. Hombre y árbol. IV. Pareja y curioso. V. Juegos taurinos. VI. Fotógrafo ambulante. VII. Letrero en el suburbio. VIII. El indiferente. IX. Mujer cogiendo una flor. X. Mercado. Este vigésimocuarto número de los Cuadern de Arte del Ateneo de Madrid, se terminó de imprimir en ALTAMIRA Bravo Murillo, 31, Madrid, el día 24 de octubre de FOTOS: ROBERT COLECCION "CUADERNOS DE ARTE" 1. El niño ciego de Vázquez Díaz vicente aleixandre 2. La pintura de Alfonso Ramil adriano del valle 3. Luis María Saumells vicente marrero 4. La pintura de Ortiz Berrocal josé maría jove 5. El escultor José Luis Sánchez ángel ferrant 6. José María de Labra, pintor Miguel fisac 7. Vaquero Turcios en sus dibujos luis felipe vivanco 8. Jesús Núñez, aguafortista manuel sánchez camargo 9. Luis García Bustamante José hierro 10. Osvaldo Guayasamín josé maría moreno galván 11. Antonio Quirós josé de castro arines 12. El escultor Mustieles alejandro núñez alonso 13. La pintura de Ortega Muñoz josé camón aznar 14. Pablo Serrano, escultor a dos vertientes enrique lafuente ferrari 15. Will Faber eduardo westerdahl 16. Las arpilleras de Millares c. l. popovici 17. La pintura de Juan Guillermo Rafael morales 18. Francisco Arias jesús suevos 19. María del Carmen Laffón eduardo llosent y marañón 20. Rafael Canogar josé luis fernández del amo 21. Antonio Valencia ramón d. faraldo 2 2. Francisco Mateos juan antonio gaya nuño 23. Rubio-Camín, o la madura juventud l. figuerola-ferretti 2 4. Santi Surós jaime ferrán SANTI SURÓS nace en Barcelona. Realiza sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja, completando su formación en París. Pintor, poeta, escritor, conferenciante y crítico se distingue como promotor de cualquier tipo de actividades artísticas. Ha obte- nido el premio de Dibujo en "El arte y el deporte", Barcelona, 1955 ; primer Premio de Pintura al óleo Cuarto Salón del Jazz, Barcelona, 1957; Premio mención de Paisaje y Llavaneras, Barcelona, 1950. Ha celebrado exposiciones individuales en Barcelona, Bilbao, Ge- rona, Madrid, Palma de Mallorca y París; interviniendo entre otras colectivas en Valencia, Berna, Bogotá y Bienales de Madrid, Barcelona, São Paulo y La Habana. Figuran obras suyas en los Museos de Arte Moderno de Barcelona, París y Berna y Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.