MARTIN CHIRINO CUADERNOS DE ARTE DIRIGIDOS POR JOSE LUIS TAFUR JOSE AYLLON LOS HIERROS DE MARTIN CHIRINO ATENEO MADRID 1 9 5 8 LAS OBRAS REPRODUCIDAS FUERON PRESENTADAS EN LA SALA DEL PRADO, DEL ATENEO DE MADRID, DEL 28 DE FEBRERO AL 14 DE MARZO DE 1958 ESTA COLECCION ESTA PUBLICADA POR LA EDITORA NACIONAL Es importante constatar que nuestro tiempo se caracteriza por una rápida capacidad de captación, de asimilación, fenómeno que ha ido creciendo progresivamente a medida que se iba teniendo conciencia de la evolución de la Humanidad, pero en ningún momento se ha planteado con tal precisión y fuerza como en la época actual. Al margen de los graves problemas que todavía quedan por resolver, no hay duda de que vivimos una época de igualitarismo que está arrollando viejos prejuicios y conceptos. Y nadie más consciente que el artista del derrumbamiento de estas murallas que encerraban a los hombres en grupos dados, con anticipación incluso de su nacimiento, aunque no se le puede exigir a éste que sus preocupaciones coincidan con las del sociólogo. El artista, como es natural, sitúa estas realidades en su terreno y llega a alcanzar una trascendencia social, pero su significación sólo es válida dentro de los términos que consideramos plásticos. Sin embargo, tal posición no es original ni siquiera exclusiva de nuestra época. El arte de hoy, como el gran arte de todos los tiempos, se ha planteado el problema de su universalidad, reconociendo como únicos límites los que le marcaba su época. Pero debemos aclarar la naturaleza de estos limites, ya no de orden puramente material, por importante que sea, sino de la inspiración de la obra en sí, el motor que pone en movimiento una serie de resortes puestos al descubierto por la utilización de los materiales que frecuentan al artista. Hoy, el artista se piensa más libre que nunca. Es natural, por lo tanto, que se sienta generoso con esa realidad que le está ofreciendo posibilidades insospechadas y casi infinitas. Y es importante insistir sobre este punto porque representa la postura moral del artista frente al mundo. La actitud de Chirino responde perfectamente a lo que exponíamos más arriba. En él se produce esa captación de una manera tan amplia, tan total, que nos haría pensar en la consciencia de un niño, idea que, muy equivocadamente, se ha usado con frecuencia para hablar del arte moderno. Pero no se trata de ser niño, de expresarse como él podría hacerlo, sino de alcanzar ese grado de indiferencia moral que éste posee inconscientemente porque no han llegado a inculcarle todavía ninguno de los limitados conceptos por los que va a conducirse más adelante. La pérdida de control que se plantea todo artista para luchar con la materia ha alcanzado una amplitud desco- nocida en cualquier otro tiempo. Parece natural, pues, que el artista se entregue a su obra con absoluta independencia. Pero esta actitud, que como una consecuencia directa surge en el artista, se relaciona exclusivamente con la conducta, debemos insistir en ello. El sigue captando, asimilando el mundo que le rodea y que está dispuesto a verter plásticamente, aunque se siente incapaz de hacer un juicio previo sobre él, como es incapaz de hacerlo sobre su obra. Porque hoy sabemos que la verdad es relativa y ya no puede expresarse con palabras, sino con actos, incluso en literatura. Universalidad e indiferencia moral, sentimental -en lo que en el sentimiento hay de impureza, en el momento en que dirige y rectifica conscientemente la obra del artista- se unen en Chirino para llegar a la creación de sus estructuras de hierro. Aunque, repitamos, esta posición no rehusa ninguna de las realidades que existen, inmanente en la conciencia del artista y que son, a fin de cuentas, las que van a determinar las vivencias de su obra. Al ponerse en contacto con Cuenca -ciudad en la que ha iniciado esta nueva etapa- la conciencia de Chirino se ha conmovido profundamente, pero no han sido las gigantescas rocas grises que sostienen a la ciudad, que la rodean -acogedoramente unas veces, amenazadoramente otras, según las luces-, porque ante estas peñas el hombre no puede dejar de reaccionar emocionalmente y Chirino no quiere dejarse arrastrar por ninguna pasión, que al interponerse entre él y su obra sería capaz de desvirtuarla. Y, sin embargo, no hay duda de que estas rocas de Cuenca produjeron un clima que hizo posible el descubrimiento de los rejeros conquenses, firmes, precisos, serenos, con esa seguridad que equilibra al hombre, a través de un oficio hábilmente aprendido, con su creación. Asistimos, pues, en Chirino al curioso fenómeno de un anarquismo moral como base de un clasicismo nuevo, en el que se produce la creación partiendo de un rechazo no artístico, sino estético en lo que éste tiene de moral, del pasado. Pero lo más interesante que nos ofrece Chirino es que su punto de partida se produce partiendo de las formas que la artesanía le suministra. Esto, a primera vista, podría parecer natural, porque Chirino ha visto ya en su infancia saltar las chispas rojas que quieren clavarse en nuestros ojos para castigar la fascinación que se siente al ver el hierro al rojo vivo. Efectivamente, parece como si su infancia le hubiera predestinado a expresarse con esta elementalidad que permite poner en íntima relación al hombre con la materia en el momento en que se anulan todos los controles que rectifican nuestra personalidad. La elementalidad de Chirino se fundamenta en una creación que surge partiendo no de una concepción previa que pudiera ofrecernos desde una nada panteísta o un todo deísta, sino de un misticismo de las formas genéricas ya nacidas. Chirino parte de esas formas que le proporciona la artesanía de forja, desarrollando en todas direcciones lo que podríamos llamar frontalidad artesana, correspondiendo a la estética imperante en el Renacimiento. Y fiel al espíritu en que se inspira, no pretende encontrar una intensidad expresiva, sino el desarrollo de los gestos sugeridos por esas formas para definir un espacio infinito que se reproduce por una multiplicidad de signos. Estamos, pues, ante signos dados, conocidos ya por nosotros, pero que se despliegan en un orden nuevo para la formación de un espacio inédito que no suponíamos pudiera emergir de los rectilíneos límites que aun las obras más acabadas de los antiguos artesanos ofrecieron siempre. Esta multiplicación de signos en un espacio abierto, no se sitúan en un punto de vista convencional, como es necesario para contemplar las obras del pasado. Por el contrario, hay un contenido multiforme que abarca todos los puntos posibles del espacio que ha desarrollado y en el que los signos buscan una expansión, rehusando el concepto clásico de concentración, masa o alineación. En resumen, la equilibrada obra de Chirino nos ofrece una de las más personales creaciones de la escultura contemporánea e ilustra perfectamente una de sus más interesantes posibilidades. Esperamos que este nuevo clasicismo que nos proporciona sea comprendido por todos. LAMINAS Este vigésimonoveno número de los Cuadernos de Arte del Ateneo de Madrid, se terminó de imprimir en ALTAMIRA Bravo Murillo, 31, Madrid, el día 27 de febrero de MCMLV III FOTOS : HENECE COLECCION "CUADERNOS DE ARTE" 1. El niño ciego de Vázquez Díaz vicente aleixandre 2. La pintura de Alfonso Ramil adriano del valle 3. Luis María Saumells vicente marrero 4. La pintura de Ortiz Berrocal josé maría jove 5. El escultor José Luis Sánchez ángel ferrant 6. José María de Labra, pintor miguel fisac 7. Vaquero Turcios en sus dibujos luis felipe vivanco 8. Jesús Núñez, aguafortista manuel sánchez camargo 9. Luis García Bustamante josé hierro 10. Osvaldo Guayasamín josé maría moreno galvan 11. Antonio Quirós josé de castro arines 12. El escultor Mustieles alejandro núñez alonso 13. La pintura de Ortega Muñoz josé camón aznar 14. Pablo Serrano, escultor a dos vertientes enrique lafuente ferrari 15. Will Faber eduardo westerdahl 16. Las arpilleras de Millares c. l. popovici 17. La pintura de Juan Guillermo rafael morales 18. Francisco Arias jesús suevos 19. María del Carmen Laffón eduardo llosent y marañón 20. Rafael Canogar josé luis fernández del amo 21. Antonio Valencia ramón d. faraldo 22. Francisco Mateos juan antonio gaya nuño 23. Rubio-Camín, o la madura juventud l. figuerola-ferretti 24. Santi Surós jaime ferrán 25. Galicia barnett d. conlan 26. Antonio López García joaquín de la puente 27. Manuel Hernández Mompó luis garcía-berlanga 28. Carnet de viaje de Rosario Moreno josé hierro 29. Los hierros de Martín Chirino josé ayllón MARTIN CHIRINO nace en Las Palmas, en 1925. Realiza sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, completando su formación en Londres. Ha participado en exposiciones colectivas en Madrid, Barcelona, Liverpool, Las Palmas y Valencia. Figuran obras suyas en los Museos de Arte Contemporáneo de Madrid y Museo "Casa Colón" en Las Palmas.