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<title>Untitled Document</title>
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<date>2004-11-10T11:35:45</date>
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<p>Written by OpenOffice</p>
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<p>CONTESTACION</p>
<p>AL</p>
<p>discurso leido por</p>
<p>D. 
GASPAR 
NUÑEZ 
DE 
ARCE</p>
<p>EN EL ATENEO DE MADRID</p>
<p>con motivo de la apertura de sus cátedras en el año corriente</p>
<p>POR</p>
<p>Valentin Almirall</p>
<p>presidente del CENTRE CATALA</p>
<p>------</p>
<p>Precio una peseta</p>
<p>------</p>
<p>MADRID</p>
<p>Libreria de Antonio Sanmartín</p>
<p>Puerta del Sol.</p>
<p>BARCELONA</p>
<p>Librería de I. López</p>
<p>Rambla del Centro, 20</p>
<p>CONTESTACION</p>
<p>------</p>
<p>CONTESTACION</p>
<p>AL</p>
<p>discurso leido por</p>
<p>D. 
GASPAR 
NUÑEZ 
DE 
ARCE</p>
<p>EN EL ATENEO DE MADRID</p>
<p>con motivo de la apertura de sus cátedras en el año corriente</p>
<p>POR</p>
<p>Valentin Almirall</p>
<p>presidente del CENTRE CATALA</p>
<p>MADRID</p>
<p>Libreria de Antonio Sanmartín</p>
<p>Puerta del Sol.</p>
<p>BARCELONA</p>
<p>Librería de I. López</p>
<p>Rambla del Centro, 20</p>
<p>------------------------------------------</p>
<p>ESTABLECIMIENTO 
TIPOGRÁFICO DE VÍCTOR BERDÓS Y FELIU</p>
<p>Calle Tapinería, 17.--Barcelona.</p>
<p>Antes de conocer el texto de vuestro discurso;</p>
<p>cuando teníamos de su tema sólo las noticias que</p>
<p>nos había dado el telégrafo, me comprometí á re-</p>
<p>futarlo. Luego que he podido leerlo íntegro, casi</p>
<p>casi me arrepiento de haber contraído el compro-</p>
<p>miso, pues que observo que en él, si hay poco que</p>
<p>discutir, habría muchísimo que disputar, y por</p>
<p>fortuna, ni yo creo que salga la verdad de la dis-</p>
<p>puta, ni la causa que sostengo necesita descender</p>
<p>á su terreno. Vos, al aludirme á mí ó al ocuparos</p>
<p>de mis obras, os deteneis tan cerca de los linderos</p>
<p>del insulto, que ni el dominio que presumo habeis</p>
<p>de tener sobre vos mismo, os salva de traspasarlos</p>
<p>alguna que otra vez. Yo, en cambio, procuraré</p>
<p>mantenerme tan apartado del peligro, que estoy</p>
<p>casi seguro de no caer en él ni una vez sola. La</p>
<p>confianza que tengo en la solidez de los argumen-</p>
<p>tos y razones en que el particularismo regionalis-</p>
<p>ta se apoya, me permitirá conservar la serenidad,</p>
<p>aun al contestar á aquellos párrafos, en que me lla-</p>
<p>mais, «Pontífice del particularismo.» (1); en que ca-</p>
<p>lificais de mala nuestra causa, ó sosteneis que «en-</p>
<p>venenamos la desesperación de los intereses indus-</p>
<p>--------</p>
<p>(1) Pág. 41, del Discurso del Sr. Núñez de Arce.</p>
<p>-- 6 --</p>
<p>triales» (1); en que afirmais que «escribo mons-</p>
<p>truosidades» (2); en que nos acusais de «adular</p>
<p>las flaquezas del amor provincial, y de enconar con</p>
<p>acres estimulantes la natural excitación de intere-</p>
<p>ses, que se han creído ó que realmente han sido</p>
<p>lastimados,» (3), ó al refutar aquellos otros párrafos</p>
<p>del mismo calibre. Si vos acusais al regionalismo</p>
<p>de que, «con la jactancia de ser un sistema lógico,</p>
<p>racional y práctico, es el delirio más confuso de</p>
<p>cuántos pueden salir de cerebro humano enfermo»,</p>
<p>y reasumís el particularismo catalán en «la reunión</p>
<p>fortuita de dos exageraciones irreductibles, juntas,</p>
<p>pero no confundidas, como dos fieras dentro de la</p>
<p>misma jaula, en el círculo estrecho de un renaci-</p>
<p>miento literario, falto en su origen de generosos</p>
<p>ideales y de amplios horizontes,» (4) no temais,</p>
<p>no, que os conteste,--aplicándolo al unitarismo,</p>
<p>avasallador y absorvente,--con el, «más eres tu,»</p>
<p>por más que lo hayan puesto en boga muchos de</p>
<p>los que, en medio de la postración y decaimiento</p>
<p>de España, son, como el tuerto, reyes en tierra de</p>
<p>ciegos. Me propongo discutir, no disputar, y si</p>
<p>quereis que os hable con franqueza, al aceptar el</p>
<p>reto que por telegrama supe me habíais dirigido</p>
<p>desde el Ateneo de Madrid, el móvil que me guió</p>
<p>fué, aprovechar la ocasión que me ofrecíais de plan-</p>
<p>tear el problema particularista regionalista, no só-</p>
<p>lo ante las provincias principalmente interesadas,</p>
<p>sinó tambien ante aquellas otras, cuyos directores</p>
<p>----------</p>
<p>(1) Pág. 7 del Discurso del Sr. Nuñez deArce.</p>
<p>(2) Pág. 18 de idem.</p>
<p>(3) Pág. 24 de idem</p>
<p>(4) Pág. 25, de idem.</p>
<p>-- 7 --</p>
<p>se habían dado la consigna de hacer el vacío á</p>
<p>nuestro alrededor, por medio de su silencio abso-</p>
<p>luto.</p>
<p>Y en este punto, habeis de permitirme que os</p>
<p>dé las gracias, y á fuer de adversario leal, os fe-</p>
<p>licite por la muestra de independiente energía que</p>
<p>habeis dado, al romper la consigna, llevando el</p>
<p>regionalismo á la cátedra de la Sociedad que pre-</p>
<p>sidís. No os lo perdonarán probablemente vuestros</p>
<p>colegas y consocios, y sin duda alguna la frialdad</p>
<p>con que recibieron vuestro discurso, fué producida,</p>
<p>no por las ideas y apreciaciones que vertisteis, si-</p>
<p>no por lo que vuestros oyentes imaginaron ser fal-</p>
<p>ta de tacto. La mayor parte de ellos son tan ene-</p>
<p>migos del particularismo como vos; muchos halla-</p>
<p>ron quizá que habíais estado aún flojo contra el</p>
<p>Catalanismo y los que lo sostenemos y propaga-</p>
<p>mos; todos ó casi todos harían coro á vuestras fra-</p>
<p>ses cuando entonabais ditirambos á la superiori-</p>
<p>dad castellana y á las exelencias de la corte. Todos</p>
<p>ellos, además,--y digo todos, porqué si alguna ex-</p>
<p>cepción pudiera haber, no la conozco,--no hubieran</p>
<p>hallado contra nuestros principios, argumentos más</p>
<p>sólidos ni razones de más peso que los que vos em-</p>
<p>pleasteis, pues yo, que conozco, aunque sólo por</p>
<p>el catálogo, la biblioteca del Ateneo de Madrid, sé</p>
<p>que no hay en ella elementos para el estudio con-</p>
<p>cienzudo del regionalismo en sus variadas mani-</p>
<p>festaciones, ni he visto tampoco este estudio en</p>
<p>ninguna obra castellana. No pudo, pues, la frial-</p>
<p>dad nacer de la esencia de vuestro discurso: fué</p>
<p>exclusivamente hija de las circunstancias.</p>
<p>-- 8 --</p>
<p>Y que no me engaño al hablar de la consigna</p>
<p>de silencio que se han impuesto vuestros colegas</p>
<p>madrileños, lo sé por propia experiencia. De mis</p>
<p>modestos estudios político-sociales, se han ocupado</p>
<p>revistas y periódicos extrangeros tan acreditados</p>
<p>como la Revue Britannique, La Gironde de Burdeos.</p>
<p>Le Fígaro, etc., etc y algunos alemanes y sui-</p>
<p>zos, además de muchos de provincias españolas,</p>
<p>dedicándoles varios de ellos concienzudos artícu-</p>
<p>los de muchas páginas, y en cambio, sólo alguno</p>
<p>que otro periódico de Madrid los ha mentado por</p>
<p>puro compromiso, copiando uno de ellos un arti-</p>
<p>culito de un oscuro diario de población subalterna</p>
<p>de Cataluña. Cuando en Agosto último, hallán-</p>
<p>dome casualmente en Madrid, fui invitado por mi</p>
<p>amigo, el Redactor en jefe de «El Progreso», á tra-</p>
<p>tar en su periódico el tema del regionalismo, que</p>
<p>las circunstancias habían convertido entonces en</p>
<p>cuestión candente, después de publicado el primer</p>
<p>artículo, en que solo había vertido algunas gene-</p>
<p>ralidades, y que, á pesar de esto, logró interesar</p>
<p>á una parte de la prensa madrileña, esta convino</p>
<p>en no ocuparse del asunto: y, en efecto, ni un solo</p>
<p>periódico dijo una palabra siquiera cerca del se-</p>
<p>gundo artículo, que precisamente entraba en el</p>
<p>fondo de la cuestión, contenía afirmaciones de tras-</p>
<p>cendencia, y exponía la línea de conducta del ca-</p>
<p>talanismo. Cuando presentamos á Don Alfonso XII</p>
<p>el que vos decís, con mucho acierto, que se ha da-</p>
<p>do en llamar Memorial de Agravios de Cataluña, del</p>
<p>cual tuve el honor de ser redactor ponente, si bien</p>
<p>todos los periódicos llenaron sendas colunas, comen-</p>
<p>-- 9 --</p>
<p>tando y ponderando los incidentes á que la pre-</p>
<p>sentación dió lugar, ni uno solo quiso entrar á dis-</p>
<p>cutir el fondo de las quejas, ni el programa en la</p>
<p>Memoria contenido. Vos habeis tenido la suficiente</p>
<p>energía.--tratándose de un literato como vos, no</p>
<p>puedo suponer que hayais dado inconscientemente</p>
<p>un traspié, --para romper con la consigna y poner á</p>
<p>discusión un tema que vuestros colegas se habian</p>
<p>vedado tratar, y por ello, ved que son justas las</p>
<p>gracias con que he encabezado el presente párrafo.</p>
<p>Antes de entrar en el fondo de mi contestación,</p>
<p>debo deciros algo más todavía. Escribo en una len-</p>
<p>gua que no es la mia nativa, y en ella debo con-</p>
<p>tender con vos, á quien vuestros compatricios co-</p>
<p>locan, sinó en la misma cúspide del Parnaso cas-</p>
<p>tellano, tan cerca de ella, que con solo alargar la</p>
<p>mano podríais colocaren su punto más prominente</p>
<p>aquel de vuestros poemas que se os antojara. Y no</p>
<p>sólo no es mi lengua nativa la que en este traba-</p>
<p>jo uso, sinó que, á despecho de la admiración que</p>
<p>siento por Cervantes y por algunos más, que es-</p>
<p>cribiendo en ella se han inmortalizado, la empleo</p>
<p>con repugnancia, por la razón de que nos es im-</p>
<p>puesta. Quiero pues consignar, que si escribo en</p>
<p>castellano, y renuncio por el momento al catalán,</p>
<p>tengo el derecho á esperar, que vos lo tomareis</p>
<p>como verdadera galantería, y que en igual senti-</p>
<p>do lo tomarán cuantos, nacidos en regiones españo-</p>
<p>las de lengua castellana, lleguen á leer estos pá-</p>
<p>rrafos. Y no vayais á creer que la repugnancia á</p>
<p>emplear idiomas distintos del mio nativo sea na-</p>
<p>tural en mi, sinó que es todo lo contrario. Algunos</p>
<p>-- 10 --</p>
<p>de los européos, que conozco mucho menos que el</p>
<p>vuestro, salen espontáneamente de mis labios, ó</p>
<p>brotan incorrectos de mi pluma, al punto mismo</p>
<p>que con su ayuda puedo cultivar relaciones con</p>
<p>quienes no me entendería de otra manera: y los</p>
<p>empleo en tales casos hasta con fruición, pues sé</p>
<p>que aquellos á quien me dirijo, no se llegan jamás</p>
<p>á imaginar que al hablarles, mal ó peor, su propio</p>
<p>idioma, me sujete á una obligación impuesta, sinó</p>
<p>que lo aceptan como muestra de complacencia ga-</p>
<p>lante. Por desgracia, la gran mayoría de los que</p>
<p>han nacido en Región de lengua castellana no lo</p>
<p>comprenden de igual manera, y en su orgullo he-</p>
<p>gemónico, perdonad el vocablo, pretenden que al</p>
<p>darles medio de entendernos hablando una lengua</p>
<p>que no es la nuestra, no hacemos mas que cum-</p>
<p>plir un deber exigible. De aqui la repugnancia</p>
<p>que muchos de nosotros sentimos á escribir y ha-</p>
<p>blar en castellano. Reconoced nuestro derecho; de-</p>
<p>clarad, como es justo, que todas las lenguas vivas</p>
<p>de la parte española de la Península son igualmen-</p>
<p>te nacionales; proclamad la co-oficialidad de la ca-</p>
<p>talana, y podeis tener la seguridad de que, apar-</p>
<p>tada la principal causa de nuestro desvio, si la</p>
<p>galantería nos impulsará á emplear vuestra len-</p>
<p>gua cuando con vosotros conversemos ó discutamos,</p>
<p>el propio interés nos llevará á redactar en ella</p>
<p>muchas de nuestras producciones científicas ó li-</p>
<p>terarias, para aprovechar el mayor mercado que</p>
<p>para estas se ofrecería en uno y otro hemisferio.</p>
<p>Sé que muchos de vuestros co-provincianos mote-</p>
<p>jarán estas afirmaciones de muestra de nuestro ca-</p>
<p>-- 11 --</p>
<p>rácter rebelde, sin reparar que, al emplear, para</p>
<p>materias científicas, que son por su naturaleza de</p>
<p>interés general, obstinadamente si quereis, una</p>
<p>lengua poco esparcida, pudiendo valemos de otra</p>
<p>que lo está mucho más, hacemos un verdadero sa-</p>
<p>crificio en aras de nuestro derecho hollado y de la</p>
<p>dignidad desconocida de nuestra patria regional.</p>
<p>Ved pues si las armas que emplearemos son desi-</p>
<p>guales, queriendo, como quiero, usar en la lucha una</p>
<p>lengua que no es la mia nativa, y teniendo que</p>
<p>vencer, por pura complacencia galante, la repug-</p>
<p>nancia y desdén que siento hacia toda imposición</p>
<p>injusta y arbitraria. Aunque esto último no fuera,</p>
<p>escribiendo en castellano, jamás podría contender</p>
<p>con vos, nacido y viviendo en Castilla, pues que,</p>
<p>para no citaros otras autoridades, traduciré lo que</p>
<p>afirma perfectamente Macaulay, autor á quien</p>
<p>vuestros colegas han puesto en boga desde hace</p>
<p>algún tiempo, haciendo con ello un acto de justi-</p>
<p>cia. «Ninguna obra noble de imaginación, dice,</p>
<p>en cuanto logramos recordar, ha sido jamás escri-</p>
<p>ta por hombre alguno, sinó en el dialecto que ha</p>
<p>aprendido sin recordar como ni cuando, y que ha</p>
<p>hablado con perfecta facilidad antes de haber ana-</p>
<p>lizado su estructura. Algunos romanos de grande</p>
<p>aptitud escribieron versos en griego; pero ¿cuán-</p>
<p>tos de estos versos han merecido vivir? Muchos</p>
<p>hombres de genio eminente, en tiempos modernos</p>
<p>han escrito poemas latinos, pero en cuanto noso-</p>
<p>tros conocemos, ninguno de esos poemas, sin es-</p>
<p>ceptuar los de Milton, puede ser clasificado en-</p>
<p>tre las obras de arte de primera magnitud, ni</p>
<p>-- 12 --</p>
<p>aún en lugar preeminente entre las de segunda.»(1)</p>
<p>Cónsteos, pues, que bajo el punto de vista del len-</p>
<p>guaje entro en liza con armas desiguales, pues</p>
<p>por más que algunos críticos quisquillosos, como</p>
<p>por ejemplo el articulista de «El Progreso», des-</p>
<p>menuzando vuestra oración, os achacan faltas</p>
<p>gramaticales y lógicas de cierta magnitud, y</p>
<p>creen hallar en vuestra lucubración hasta sobra de</p>
<p>concordancias vizcaínas, yo no quiero apurar la</p>
<p>vela hasta el cabo, y prefiero creer como artículo</p>
<p>de fe, que, puesto que sois académico de la lengua</p>
<p>y autor de poemas y poesías que hacen las delicias de</p>
<p>vuestros admiradores, aunqué alguna vez hayais</p>
<p>dormitado, vuestra somnolencia habrá sido como las</p>
<p>del buen Homero y que vuestras faltitas de gramáti-</p>
<p>ca llegarán, andando el tiempo, á ser consideradas</p>
<p>como gracias de estilo, que serán imitadas con</p>
<p>fruición por no pocos de los que seguirán vuestras</p>
<p>huellas, teniendo á honra el ser vuestros discípulos.</p>
<p>Mas, si en el punto que analizo me confiero pa-</p>
<p>ladinamente vuestro inferior, la circunstancia de</p>
<p>ser catalán y de conocer, aunque no tanto como</p>
<p>vos, el castellano, me dá una ventaja apreciable</p>
<p>en la presente contienda. No soy yo capaz, lo re-</p>
<p>pito, de escribir en vuestra lengua nativa con los</p>
<p>primores con los cuales vos podeis adornar vuestra</p>
<p>prosa, pero en cambio, cual el estudiante del Qui-</p>
<p>jote, me pico de saber exponer mis razones con</p>
<p>cierta claridad, que las ponga al alcance de los que</p>
<p>las lean ó escuchen, y además conozco mi len-</p>
<p>gua catalana con la perfecta facilidad de que habla</p>
<p>----------</p>
<p>(1) Frederich the Great, by the Right H Lord Macaulay.</p>
<p>-- 13 --</p>
<p>Lord Macaulay en el párrafo transcrito. Poseo, pues,</p>
<p>dos de las lenguas peninsulares nacionales, y vos</p>
<p>habeis demostrado en vuestro discurso que de ellas</p>
<p>solo conoceis una, pues que, á conocer las dos, no</p>
<p>hubierais incurrido en las equivocaciones que pa-</p>
<p>deceis al ocuparos de mi obra «Lo Catalanisme.»</p>
<p>Yo, en cambio, comprendo perfectamente vuestro</p>
<p>discurso, y podré, por tanto, combatirlo con armas</p>
<p>de mucho mejor temple que las que vos habeis es-</p>
<p>grimido contra mis escritos en catalán.</p>
<p>Otra desventaja tengo respecto de vos, pero aún</p>
<p>esta está también compensada. Vos, no solo habeis</p>
<p>escogido el tema de discusión, sinó que habeis</p>
<p>preparado vuestra obrita disponiendo de todo el</p>
<p>tiempo y de todos los elementos que habeis creído</p>
<p>oportunos ó convenientes. Yo debo escribir con pié</p>
<p>forzado y, apremiado por las circunstancias, debo</p>
<p>redactar la contestación á vuela pluma, so pena de</p>
<p>privarla de toda oportunidad. Por mi fortuna, ten-</p>
<p>go la compensación de tratar una materia conoci-</p>
<p>da, en tanto que á vos, si no me engaño, os vino</p>
<p>completamente de nuevo. La impresión que vues-</p>
<p>tro discurso me ha causado, es la de que os habeis</p>
<p>ocupado del particularismo regionalista sin ningu-</p>
<p>na ó con poquísima preparación, hasta el punto de</p>
<p>que, si algún libro habeis consultado, habrá sido de</p>
<p>algún autor francés, tan poco amigo como vos del</p>
<p>regionalismo. Seguro, segurísimo es que en vues-</p>
<p>tro bagaje científico anti-particularista, no se hallan</p>
<p>las grandes obras de los tratadistas americanos é</p>
<p>ingleses, alemanes y suizos, que no han sido tra-</p>
<p>ducidas por nuestros vecinos de la otra parte de</p>
<p>-- 14 --</p>
<p>los Pirineos, y si estoy en lo cierto al hacer esta</p>
<p>suposición, poco, poquísimo podeis saber de parti-</p>
<p>cularismo ni de regionalismo, porqué, podeis creer-</p>
<p>me, los fundamentos científicos y las soluciones</p>
<p>prácticas de nuestro sistema, hoy por hoy, solo en</p>
<p>inglés y en alemán pueden aprenderse y profun-</p>
<p>dizarse. Sin el auxilio de estas dos lenguas, os</p>
<p>quedareis á la misma altura de muchos de vues-</p>
<p>tros compatricios, que aun llamándose federales, y</p>
<p>siendo considerados prohombres, creen que toda la</p>
<p>esencia del federalismo se contiene en las divaga-</p>
<p>ciones demoledoras de Proudhon ó en los cuentos</p>
<p>fantásticos del «París en América» de Laboulaye,</p>
<p>únicos textos que han llegado á su noticia.</p>
<p>Quedamos, pues, compensados y aun creo que</p>
<p>para la liza, el sol está perfectamente partido entre</p>
<p>nosotros. Estamos ya en guardia y puede empezar</p>
<p>la contienda.</p>
<p>I.</p>
<p>Por asociación de ideas, desde el momento que</p>
<p>he tomado la pluma para vindicar á mi pais de</p>
<p>vuestros ataques, no puedo apartar de mi memoria</p>
<p>la valentísima oración de Milton, Pro populo bri-</p>
<p>tanico, que escribió para vindicar á sus compatri-</p>
<p>cios de la nota de parricidas con que quería anona-</p>
<p>darles la mogigatería de los aduladores de los re-</p>
<p>yes del continente, por haber condenado á muerte</p>
<p>á Carlos I. Vos, ex-ministro de la nación españo-</p>
<p>la y repúblico de gran talla, según he leido mas</p>
<p>de cien veces en las gacetillas de los diarios de la</p>
<p>-- 15 --</p>
<p>corte, debeis saberos de memoria la lucubración</p>
<p>del secretario de Cromwell, que con ser uno de los</p>
<p>primeros poetas de los tiempos modernos, vale to-</p>
<p>davía mas como hombre de convicciones indoma-</p>
<p>bles y como político de los mas sagaces. Si es como</p>
<p>supongo, sabeis que al encararse con los reyes,</p>
<p>les dirije un apostrofe que jamás olvida el que lo</p>
<p>lee una vez sola. «No se puede discutir con vo-</p>
<p>sotros, les dice poco mas ó menos, pues que estais</p>
<p>acostumbrados á usar de la voluntad como de la</p>
<p>mano derecha; de la razón, como de la mano iz-</p>
<p>quierda.» ¿No os parece que la frase parece hecha</p>
<p>de encargo para los escritores catalanes, cuando</p>
<p>hemos de discutir con los que se han apoderado de</p>
<p>la dirección de la política española?</p>
<p>Vos mismo, castellano castellanista, no podeis</p>
<p>sustraeros á la idea de considerar á vuestros co-</p>
<p>regionales como destinados por la Naturaleza á ser</p>
<p>los directores de toda la Península. Así lo sentais</p>
<p>terminantemente en la página 29 de vuestro dis-</p>
<p>curso, y así se desprende de muchos otros pasajes</p>
<p>del mismo. Persuadidos, como estais, de ello, los</p>
<p>directores de la hegemonía que vos invocais, «al</p>
<p>usar de la voluntad como de la mano derecha y de</p>
<p>la razón como de la mano izquierda,» os figurais ó</p>
<p>quereis figuraros, que no haceis más que cumplir</p>
<p>una ley providencial. Nosotros, por ejemplo, os</p>
<p>damos razones para demostrar que nuestra lengua</p>
<p>tiene tanto derecho á ser considerada nacional co-</p>
<p>mo la castellana y los que en esta hablan, mien-</p>
<p>tras la discusión se sostiene, cortan por lo sano, y</p>
<p>por la razón de que tal es su voluntad, la destie-</p>
<p>-- 16 --</p>
<p>rran de todas partes. No hace muchos dias, un</p>
<p>respetable abogado de Reus, presidente de una</p>
<p>Asociación Catalanista, convocó á los profesores de</p>
<p>primeras letras para exponerles las razones de con-</p>
<p>veniencia y de justicia que recomiendan la ense-</p>
<p>ñanza de nuestra lengua, y á las pocas horas no</p>
<p>faltó una autoridad, hija del centro, que «usando</p>
<p>de la voluntad como de la mano derecha,» hizo</p>
<p>saber á los maestros que se guardaran bien de ac-</p>
<p>ceder á las insinuaciones que se les habian dirigi-</p>
<p>do, so pena de las iras eficaces de los poderes hege-</p>
<p>monícos castellanos. Nosotros, como otro ejemplo,</p>
<p>escribimos libros, memorias y folletos demostran-</p>
<p>do, que nuestro derecho particular es tan nacional</p>
<p>como el de Castilla, algo más respetable por sus</p>
<p>orígenes, y mucho más civilizador por el espíritu</p>
<p>de libertad que lo informa. Vosotros, ó sea los po-</p>
<p>deres que se llaman nacionales, por la razón del</p>
<p>porque sí, decretais de una sola plumada, borrar</p>
<p>hasta sus últimos vestigios, y por la misma razón,</p>
<p>poderosísima cuando existe una hegemonía tan pro-</p>
<p>videncial é hija de la naturaleza como la castella-</p>
<p>na, determinais que la unificación ha de hacerse,</p>
<p>no por el camino armónico de las transacciones y</p>
<p>concesiones mutuas, sinó por el irritante de la im-</p>
<p>posición, ó sea destruyendo todo lo que no tenga</p>
<p>el sello de las regiones dominantes. No quiero</p>
<p>multiplicar las citas en este punto de mi trabajo.</p>
<p>Las dos que acabo de hacer, prueban cumplida-</p>
<p>mente, que aún he quedado corto, al decir que la</p>
<p>frase del gran poeta inglés, parece hecha de en-</p>
<p>cargo para las cuestiones á que la aplico. Al tra-</p>
<p>-- 17 --</p>
<p>tarse de Catalunya y demás regiones que no parti-</p>
<p>cipan de la hegemonía, las oligarquías que han lo-</p>
<p>grado imponérsenos, no sólo «usan de la voluntad</p>
<p>como de la mano derecha,» cual los reyes á quines</p>
<p>imprecaba Milton, sinó que se presentan como man-</p>
<p>cas, pués «de la razón,» no hacen ni aún el uso</p>
<p>que la generalidad de los hombres hace de la ma-</p>
<p>no izquierda.</p>
<p>Tanta es la fuerza que ha adquirido la costumbre</p>
<p>de considerar á todas las regiones como provincias</p>
<p>de Castilla, que ni vos mismo, hombre de letras,</p>
<p>y presidente de una Sociedad que aspira á ser el</p>
<p>primer Centro de discusión de España, y en la</p>
<p>que, por lo tanto, debiera respirarse una atmósfera</p>
<p>perfectamente serena, podeis sustraeros á su in-</p>
<p>fluencia. El regionalismo os apesta; en lo íntimo</p>
<p>de vuestra conciencia, lo temeis quizá; quisierais</p>
<p>poder destruirlo con solo pronunciar una palabra,</p>
<p>y esto no obstante, en vuestro trabajo, que debe-</p>
<p>ría ser científico, son tan contados los argumen-</p>
<p>tos técnicos que alegais, como numerosos los la-</p>
<p>mentos declamatorios, las imprecaciones y las</p>
<p>amenazas, más ó menos veladas. La absorción y</p>
<p>predominio castellanos son buenos, porque así se</p>
<p>antoja á la voluntad de los interesados, que, hoy</p>
<p>por hoy, disponen de fuerza bastante para impo-</p>
<p>nerla. ¿Que necesidad tengo, pues, os habreis di-</p>
<p>cho, de rebuscar apoyo en la razón ni en la cien-</p>
<p>cia? Mientras leíais vuestro discurso, la red que</p>
<p>el centralismo tiene tendida encima de todas las</p>
<p>regiones funcionaba admirablemente, y estaba en</p>
<p>disposición de apretarlas cada vez más, hasta de-</p>
<p>-- 18 --</p>
<p>jarlas perfectamente estrujadas y descompuestas,</p>
<p>y este argumento es más contundente que todos</p>
<p>los que vos hubierais podido juntar á fuerza de re-</p>
<p>gistrar libros y de dar tortura á vuestra mente de</p>
<p>poeta.</p>
<p>Conste, pués, que vuestro discurso es acabada</p>
<p>muestra del modo de funcionar la hegemonía caste-</p>
<p>llana. El que se atreva á dudar siquiera de su su-</p>
<p>perioridad y de su derecho providencial, no es otra</p>
<p>cosa que un rebelde. ¿Debe acaso probársele á uno</p>
<p>la rebeldía que se le achaca, si el que le domina</p>
<p>dispone de medios para no dejarle mover? Con los</p>
<p>que se hallan supeditados, puédese bien «usar de</p>
<p>la voluntad como de la mano derecha, y de la ra-</p>
<p>zón sólo como de la izquierda.» Desprendeos por</p>
<p>un momento, si os es posible, de vuestra preten-</p>
<p>sión hegemónica, y releed vuestro discurso. Seguro</p>
<p>estoy de que en vuestro fuero interno me concede-</p>
<p>reis, que no estoy equivocado en mis apreciaciones</p>
<p>sobre el punto que estoy tratando.</p>
<p>II.</p>
<p>Quisiera dar una ojeada general á vuestro discur-</p>
<p>so, y debo confesar que hallo dificultad suma en</p>
<p>sintetizar en pocas palabras su contenido. Leyén-</p>
<p>dolo y releyéndolo, no sé compaginar en manera</p>
<p>alguna las dos partes principales en que lo divi-</p>
<p>dís, pués que la segunda, que empieza en la pá-</p>
<p>gina 44, es á la primera una refutación tan con-</p>
<p>tundente, como podia escribirla un ingenio cual el</p>
<p>vuestro, con las armas de que disponeis.</p>
<p>-- 19 --</p>
<p>La primera parte, en efecto, no es otra cosa que</p>
<p>un continuado ditirambo á la superioridad de Cas-</p>
<p>tilla con relación á las demás Regiones, y de la</p>
<p>organización nacional que les ha impuesto, apo-</p>
<p>yándose en la hegemonía que debe providencialmen-</p>
<p>te á la Naturaleza. Para demostrarla, acudís á to-</p>
<p>dos los recursos, inclusos los rayanos al insulto,</p>
<p>de que me he ocupado en el primer párrafo de este</p>
<p>trabajo, y haceis una especie de ramillete en que</p>
<p>mezclais y confundís todas las flores cuyo olor os</p>
<p>parece ha de ser ingrato á vuestros co-regionales,</p>
<p>á fin de que puedan seguir proclamando, que sólo</p>
<p>las que en su jardín cultivan, son aromáticas y</p>
<p>agradables. Todo anda allí amontonado y revuelto;</p>
<p>la literatura, la industria, la política, la sociolo-</p>
<p>gía, etc., etc. Para hacer tal amontonamiento, pre-</p>
<p>ciso os era hallar en alguna parte reunidos los ele-</p>
<p>mentos indispensables, que habeis creído hallar en</p>
<p>algunos de mis libros, con cuyo descubrimiento,</p>
<p>al mismo tiempo que os ahorrabais el ingrato tra-</p>
<p>bajo de tener que ojear, al menos, sendos volúme-</p>
<p>nes en lenguas para los castellanos mas extránge-</p>
<p>ras que la catalana, alcanzabais la ventaja de</p>
<p>tener una cabeza de turco contra la que descargar</p>
<p>vuestros golpes, seguro de que el aplauso de vues-</p>
<p>tros colegas y consocios había de estar en relación</p>
<p>con la furia de vuestro brazo. «L' Espagne telle</p>
<p>qu' elle est», «Lo Catalanisme» y la «Memoria» ó</p>
<p>«Memorial de agravios», presentado á Don Alfonso</p>
<p>XII, son los libros que llegaron á vuestras manos,</p>
<p>y por más que entendiste sólo á medias uno de</p>
<p>ellos, por estar escrito en catalán, esto no obstan-</p>
<p>-- 20 --</p>
<p>te, algunas citas hechas al azar y desligadas de</p>
<p>los párrafos que las aclaran ó completan, os basta-</p>
<p>ron para salir del paso en que os habíais metido,</p>
<p>permitiéndoos declarar á la faz del Ateneo madri-</p>
<p>leño reunido, que la superioridad castellana es tan</p>
<p>evidente como la excelencia del sistema centrali-</p>
<p>zador y absorvente, que ha sido producto de su</p>
<p>genio político exhuberante, y que los que ante ta-</p>
<p>les evidencias no bajamos dócilmente la cabeza,</p>
<p>somos, no ya hijos malvados de la gran patria na-</p>
<p>cional de vuestros amores, sino criminales inco-</p>
<p>rregibles, dignos de ser sacados por la policía y</p>
<p>por los demás medios de que habeis armado á los</p>
<p>gobiernos de Madrid, de los «caminos vedados por</p>
<p>los que hemos entrado.»</p>
<p>La segunda parte constituye lo que en vuestro</p>
<p>lenguaje del teatro llamais una mutación comple</p>
<p>ta. La decoración de gloria, se convierte en telón</p>
<p>de infierno. El predominio de la hegemonía caste-</p>
<p>llana, tan celebrada por vos en la primera parte,</p>
<p>ha sido completo, y no obstante hoy nos hallamos</p>
<p>«faltos de ideales, viviendo al dia, gastando nues-</p>
<p>tras fuerzas en extremecimientos epilépticos,» y</p>
<p>«nuestras horas resbalarían sin gloria, sin prove-</p>
<p>cho y hasta sin ruido, si de vez en cuando, con</p>
<p>nuestras escandalosas insurrecciones militares, no</p>
<p>turbáramos la desdeñosa monotonía del olvido en</p>
<p>que nos tiene el mundo.» (1) El sistema centrali-</p>
<p>zador y absorbente se ha llevado hasta la exage-</p>
<p>ración, y no obstante, vos mismo, á continuación</p>
<p>del párrafo que acabo de transcribir, debeis confe-</p>
<p>----------</p>
<p>(1) Pág. 51 del Discurso del Sr. Nuñez de Arce.</p>
<p>-- 21 --</p>
<p>sar que: «el hastío, el excepticismo y la indiferen-</p>
<p>cia, van apoderándose de todos los ánimos íntegros;</p>
<p>pero no el hastío del crapuloso, ni el excepticismo</p>
<p>del incrédulo, ni la indiferencia del egoista, sino</p>
<p>aquellos que nacen del desaliento y la pérdida de</p>
<p>la esperanza.» ¿Puede pintar un «infierno igual»</p>
<p>el más convencido regionalista, aunque tenga sus</p>
<p>puntas y ribetes del más pavoroso separatismo?</p>
<p>No puede negárseos, que teneis condiciones de</p>
<p>artista, por lo que vuestro amor á la estética, os</p>
<p>debía llevar á completar el cuadro. Después de la</p>
<p>decoración de cielo, transformada en infierno por</p>
<p>hábil tramoyista, no podía faltar la apoteosis final,</p>
<p>so pena de quedar vuestra obra manca y falta de</p>
<p>condiciones escénicas: y en efecto, para hacer la</p>
<p>apoteosis deslumbradora, no sólo habeis acudido á</p>
<p>los recursos usuales en casos análogos, sino que,</p>
<p>arrancando á las ciencias naturales dos de las mas</p>
<p>poderosas fuerzas que regulan la marcha de los</p>
<p>mundos, la centrípeta y la centrífuga, las habeis</p>
<p>aplicado á nuestra sociedad y á vuestra política.</p>
<p>«¿Cómo debe intentarse la cura,--ócuración,--de</p>
<p>los males gravísimos de la patria? os preguntais:</p>
<p>y no vacilais en contestaros, que, «en vuestro con-</p>
<p>cepto, el principio de la salud estaría quizás en</p>
<p>«reformar fundamentalmente, como tantas veces se</p>
<p>ha pensado y nunca se ha hecho, nuestras raquí-</p>
<p>ticas corporaciones populares, ensanchando su cam-</p>
<p>po de acción, y haciendo que con ejercicios mode-</p>
<p>rados, pero continuos, cobrara elasticidad y bríos</p>
<p>su atrofiada musculatura.» De manera que, sin</p>
<p>repararlo, así como en la segunda parte destruís</p>
<p>-- 22 --</p>
<p>por completo las afirmaciones de la primera, en el</p>
<p>ramillete final de fuegos artificiales os pasais con</p>
<p>armas y bagajes á nuestro campo: y por más que os</p>
<p>sangreis en salud, diciendo, que «ni el lugar ni la</p>
<p>ocasión son oportunos para presentar un programa,</p>
<p>y aunque lo fueren, vuestras pretensiones no vue-</p>
<p>lan tan altas,» ello es que de vuestro remedio fi-</p>
<p>nal, puede, sin grandes esfuerzos, hacerse arran-</p>
<p>car toda la teoría del particularismo regionalista.</p>
<p>Pues qué vuestra afirmación ó no significa na-</p>
<p>da, ó comprende toda la esencia de nuestro progra-</p>
<p>ma. Si la reforma de las corporaciones populares se</p>
<p>redujera á la mentida descentralización de los par-</p>
<p>tidos pseudo liberales, que les consignan todas las</p>
<p>atribuciones que pueden imaginar, bajo la tutela,</p>
<p>dirección y beneplácito de los poderes centrales, la</p>
<p>tal reforma ni seria fundamental, ni ensancharía</p>
<p>su campo de acción, ni tendería á que pudiera re-</p>
<p>cobrar elasticidad y brios su atrofiada musculatura.</p>
<p>Si es verdad, en cambio, «que los pueblos sienten,</p>
<p>como vos afirmais, la necesidad instintiva de ase-</p>
<p>gurar su vida local, sus libertades y su fortuna</p>
<p>contra esa aterradora absorción de los elementos</p>
<p>sociales,» y esta es, á vuestro entender, «una de las</p>
<p>causas que más contribuyen en nuestros dias á avi-</p>
<p>var los gérmenes federativos, que siempre han dor-</p>
<p>mido,--ó dormitado,--en el fondo de las mas po-</p>
<p>derosas nacionalidades europeas;» si es verdad que</p>
<p>quereis de veras, que «se devuelva á los miembros</p>
<p>de la nacionalidad española la libertad que recla-</p>
<p>man para el desarrollo de sus actividades, sin te-</p>
<p>mor á las bulliciosas alharacas de aquellas almas</p>
<p>-- 23 --</p>
<p>inquietas, que explotando necesidades universal-</p>
<p>mente sentidas, quisieran precipitar al pueblo en</p>
<p>los delirios de la utopia,» la consecuencia que ló-</p>
<p>gicamente de estas premisas se desprende, es que</p>
<p>las reformas fundamentales que pregonais, debe-</p>
<p>rían hacerse dentro del criterio particularista-re-</p>
<p>gionalista. Nosotros queremos la ex-centralización</p>
<p>perfectamente garantida y al abrigo de las intru-</p>
<p>siones de los poderes centrales; nosotros queremos</p>
<p>que se traze la órbita que deba recorrer cada uno</p>
<p>de los elementos del sistema general de la agrega-</p>
<p>ción social que forme un conjunto, de la propia</p>
<p>manera que tengan la suya bien trazada y deslin-</p>
<p>dada los que á este conjunto representen, y sólo por</p>
<p>tal medio puede devolverse á los miembros de una</p>
<p>nacionalidad, la libertad que reclaman, y asegu-</p>
<p>rarse á los pueblos la vida local, las libertades y la</p>
<p>fortuna, contra la aterradora absorción de los ele-</p>
<p>mentos sociales. Reconoced el principio, y estad se-</p>
<p>guro de que no reñiriamos al hacer aplicación del</p>
<p>mismo á la práctica. Reconoced que la representa-</p>
<p>ción de la soberanía en ejercicio ha de distribuirse</p>
<p>entre los miembros componentes de un Estado, ó</p>
<p>sean las corporaciones populares, y el conjunto de</p>
<p>los mismos, y fácilmente nos entenderemos para</p>
<p>la distribución equitativa. No os regatearíamos un</p>
<p>palmo más ó menos, en la seguridad de que, en-</p>
<p>trados en el buen camino, la marcha natural de los</p>
<p>sucesos nos llevaria á no tardar á perfeccionar nues-</p>
<p>tra nueva organización según las reglas positivas</p>
<p>de la ciencia ó arte de la política aplicada.</p>
<p>Por lo dicho hasta aquí, se comprenderá, que</p>
<p>-- 24 --</p>
<p>vuestro discurso, en su estructura, salió á pesar</p>
<p>vuestro acabadamente regionalista.</p>
<p>En la primera parte os declarais acérrimo parti-</p>
<p>dario y defensor convencido de la Región en que</p>
<p>habeis nacido: sois un castellanista mucho más</p>
<p>entusiasta que el más intransigente de los que</p>
<p>sostenemos y propagamos el catalanismo. Vos, no</p>
<p>solo aspirais á que vuestra Región castellana sea</p>
<p>un miembro de igual categoría que los demás del</p>
<p>cuerpo nacional, sinó que pretendeis, que al mismo</p>
<p>le corresponda la dirección suprema, que opinais</p>
<p>le otorga providencialmente la Naturaleza. Vos,</p>
<p>como os decía muy acertadamente un crítico de la</p>
<p>corte, no solo gritais ¡Viva Valladolid!, sino que</p>
<p>completais vuestra idea con un ¡Muera Barcelona!</p>
<p>No estais conforme con la primera parte de mi li-</p>
<p>bro «Lo Catalanisme,» ó sea con el examen que en</p>
<p>ella hago de los caracteres de dos de los pueblos</p>
<p>peninsulares, pero no negais, sino que implicitamen-</p>
<p>te afirmais, que existen entre ellos diferencias esen-</p>
<p>ciales, por mas que no sean las que yo creí hallar</p>
<p>en los capítulos de dicha primera parte de mi obra.</p>
<p>Nada importa, con tal de que afirmeis las diferen-</p>
<p>cias. En ellas basé yo, y deberíais basar vos, la le-</p>
<p>gitimidad de las aspiraciones regionalistas.</p>
<p>Dada esta base, procedís luego á pintar la triste</p>
<p>situación á que España ha llegado, y como los re-</p>
<p>gionalistas, empleais los colores mas lóbregos y</p>
<p>sombríos que hallais en vuestra paleta. ¿Cuál po-</p>
<p>drá ser la consecuencia de tales premisas? la que</p>
<p>no os atreveis á afirmar, limitándoos á indicarla;</p>
<p>las soluciones particularistas, que nosotros, «sin</p>
<p>-- 25 --</p>
<p>vanos escrúpulos ni espantos mugeriles.» presen-</p>
<p>tamos concretas, claras y terminantes. Solo una</p>
<p>parte falta á vuestro discurso para que, á pesar</p>
<p>vuestro, sea un trabajo regionalista completo: la</p>
<p>parte técnica; los fundamentos científicos del par-</p>
<p>ticularismo. Lástima que no hayais estado en dis-</p>
<p>posición de pretender combatirlos, pués si en ha-</p>
<p>cerlo hubierais estado tan feliz como en los demás</p>
<p>puntos que habeis tocado, seguro es que los parti-</p>
<p>cularistas-regionalistas hubiéramos podido felici-</p>
<p>taros con efusión verdadera.</p>
<p>Siento mucho, que las condiciones especiales de</p>
<p>vuestro trabajo no me hayan permitido salir como</p>
<p>deseaba de este párrafo, sintetizando vuestros pun-</p>
<p>tos de vista. Si quereis, os confesaré una flaqueza</p>
<p>mia, que no á otra cosa que á flaqueza puede acha-</p>
<p>carse, la comezón que sentía de «generalizar de</p>
<p>un modo pasmoso,» como vos decís que hago en</p>
<p>mis obras, aunque me expusiera, á que luego re-</p>
<p>pitierais que, «es de ver como con un rasgo de plu-</p>
<p>ma se plantean y resuelven los mas arduos proble-</p>
<p>mas,» y «con que soberana desenvoltura, por me-</p>
<p>dio de afirmaciones rotundas, á las que solo falta</p>
<p>la demostración de la prueba, para adquirir valor</p>
<p>científico, se lanzan sus autores, etc., etc.» Pero,</p>
<p>señor mio, ó yo he olvidado la facilidad de genera-</p>
<p>lizar, que vos me atribuís, ó vuestro trabajo no se</p>
<p>presta á generalizaciones. Perdonad, pues, que este</p>
<p>párrafo haya salido muy desligado de mi pobre</p>
<p>pluma, y creed que siento no haber sido capaz de</p>
<p>poner en pocas líneas el conjunto de vuestra oración</p>
<p>á la vista de los lectores, cosa que deseaba ardien-</p>
<p>-- 26 --</p>
<p>temente, para quedar así mas libre al entrar en</p>
<p>los detalles.</p>
<p>III.</p>
<p>Como aquel personaje de una de las mas renom-</p>
<p>bradas comedias de Calderón,--autor que los cata-</p>
<p>lanes apreciamos en lo que vale, dando en esto</p>
<p>muestra de temperamento conciliador, pues al juz-</p>
<p>garle como literato, queremos olvidar que, como</p>
<p>soldado, vino á combatir á sangre y á fuego los</p>
<p>derechos y libertades catalanas,--soy yo amigo de</p>
<p>«jurar con aquel que jura y rezar con aquel que</p>
<p>reza.»; Al contestar, pues, á vuestro dircurso, no</p>
<p>extrañeis que reze ó jure al compás de vuestros</p>
<p>rezos ó juramentos.</p>
<p>Vuestro discurso tiene poco conjunto, como he</p>
<p>demostrado al sintetizarlo en el número anterior,</p>
<p>y, si bien quiere ostentar cierta riqueza de deta-</p>
<p>lles, muéstranse éstos desligados, cual si el autor,</p>
<p>imitando á las mariposas de sus poesías, hubiera</p>
<p>ido saltando de flor en flor, sin posarse en ningu-</p>
<p>na más que el tiempo suficiente para libar el jugo</p>
<p>de su superficie. En este número, pues, saltaré</p>
<p>tambien, y seguramente el resultado será una con-</p>
<p>testación tan desligada como el conjunto de vues-</p>
<p>tras afirmaciones.</p>
<p>La primera de estas que llama mi atención, es</p>
<p>la que haceis en vuestro párrafo introductorio,</p>
<p>condensando las aspiraciones del regionalismo ca-</p>
<p>talán en las siguientes palabras: «Su propósito no</p>
<p>es otro que el de crear, con los miembros palpitan-</p>
<p>-- 27 --</p>
<p>tes de la patria despedazada, inverosímiles orga-</p>
<p>nismos soberanos, cuando más, ligados por una</p>
<p>especie de Consejo anfictiónico, cada cual con</p>
<p>poder ejecutivo propio, con Cortes soberanas, con</p>
<p>administración distinta, con Códigos exclusivos, y</p>
<p>si el caso lo requiere, hasta con diferentes len-</p>
<p>guas.»</p>
<p>Efectivamente, salva alguna mayor precisión</p>
<p>en el lenguage, los que vos decís son los propósi-</p>
<p>tos que nos animan, y os pregunto: ¿en que os</p>
<p>fundais para condenarlos, sin discutirlos siquiera</p>
<p>seriamente en ninguno de los párrafos de vuestro</p>
<p>discurso?</p>
<p>Nosotros aspiramos, sí, á que Cataluña sea un</p>
<p>organismo soberano, que se hallaría siempre dis-</p>
<p>puésto á limitar su soberanía,--no á abdicar de</p>
<p>ella,--si las demás Regiones peninsulares, orga-</p>
<p>nismos soberanos también, aceptasen la unión que</p>
<p>les ofreceríamos, y que sentiríamos en el alma re-</p>
<p>chazasen: de cual unión podría ser órgano repre-</p>
<p>sentativo, así una especie de Consejo anfictiónico;</p>
<p>como una Diéta, cual la de los Cantones suizos</p>
<p>antes de 1848; como un Consejo federal, (Bundes-</p>
<p>rath) y una Diéta del Imperio (Reichstag), cual</p>
<p>en Alemania; como delegaciones de las legislatu-</p>
<p>ras de cada uno de los Estados, cual en Austria-</p>
<p>Hungría; como una Asamblea formada por dos</p>
<p>cuerpos, representando cada uno de ellos una de</p>
<p>las dos partes en que se divide la soberanía en los</p>
<p>Estados-Unidos y en Suiza desde 1848: ó como cual-</p>
<p>quiera de las mil y una variedades que se hallan en</p>
<p>las distintas partes del extenso Imperio británico. Por</p>
<p>-- 28 --</p>
<p>una cualquiera de estas soluciones trabajamos, sin</p>
<p>perjuicio de que, cada uno de nosotros tenga sus</p>
<p>preferencias por una determinada, y..... ahora re-</p>
<p>paro, que con solo enumerar los ejemplos de lo que</p>
<p>queremos, dejo contestado el principal ataque, que</p>
<p>en el párrafo que analizo dirigís á nuestro sistema.</p>
<p>«Usad de la razón solo como de la mano izquier-</p>
<p>da,» y estoy seguro de que, en la segunda edición</p>
<p>de vuestro discurso, si la haceis, borrareis la pala-</p>
<p>bra «inverosímiles,» pues no quiero creer que un</p>
<p>académico de la lengua pueda pasar por la men-</p>
<p>gua de aplicar el adjetivo «inverosímil» á un</p>
<p>sistema, que no sólo existe y funciona, sinó que</p>
<p>las naciones y agregaciones que de él disfrutan,</p>
<p>son las más civilizadas, y las que mas avanzan ó</p>
<p>avanzaron en el camino del Progreso.</p>
<p>Dejo para el párrafo que destinaré á condensar</p>
<p>nuestra doctrina positiva, el demostraros la su-</p>
<p>perioridad de nuestras teorías sobre las que vos</p>
<p>sosteneis, rancias ya y anticuadas, y en el pre-</p>
<p>sente me limitaré á haceros observar que, en buen</p>
<p>castellano, restituir á las Regiones que tienen</p>
<p>vida propia los derechos y libertades de que fue-</p>
<p>ron despojadas, primero por el absolutismo no</p>
<p>indígena, y luego por un jacobinismo importado,</p>
<p>no se llama despedazar la pátria. Aunque consi-</p>
<p>guiéramos realizar completamente nuestro proga-</p>
<p>ma, y las Regiones recobraran su soberanía, limi-</p>
<p>tada por los poderes que se crearan ó confirmaran</p>
<p>para representar á su conjunto, el acto que se ve-</p>
<p>rificaría no podría tampoco expresarse por el ver-</p>
<p>bo despedazar, pues que en verdad no se haría</p>
<p>-- 29 --</p>
<p>otra cosa que distribuir bajo otras bases las facul-</p>
<p>tades inherentes á la calidad de soberano, y si lo</p>
<p>quereis en otros términos, todo se reduciría á fe-</p>
<p>deralizar la organización nacional. Lo que real y</p>
<p>verdaderamente quedaría no ya destrozado, sino</p>
<p>hasta deshecho, sería el unitarismo; sería la hege-</p>
<p>monía castellana; seria la supremacía de Madrid</p>
<p>sobre las Regiones; sería la centralización absor-</p>
<p>vente y tiránica, que nos ha llevado á la situación</p>
<p>fatal en que vivimos, y vos, académico de la len-</p>
<p>gua, y purista en consecuencia, habeis de saber</p>
<p>perfectamente que ni el unitarismo, ni la hegemo-</p>
<p>nía castellana, ni la supremacía de Madrid, ni la</p>
<p>centralización son la patria, pues que precisamen-</p>
<p>te si algo representan, este algo es lo mas contra-</p>
<p>rio á toda idea patriótica que darse pueda. Tanto</p>
<p>es así, que si lográramos su destrozo y destruc-</p>
<p>ción, los miembros de la patria, ó sea las Regio-</p>
<p>nes, palpitarían, como con precisión notable afir-</p>
<p>mais vos, aunque sin quererlo. Palpitarían, si;</p>
<p>pero sus palpitaciones no serian las que agitan á</p>
<p>los moribundos, sino las que produce el gozo, la</p>
<p>alegría, la satisfacción del inocente encarcelado,</p>
<p>que, después de muchos años de sufrir vejámenes</p>
<p>y tiranías, logra ver rotas sus cadenas, y recobra</p>
<p>el uso de la libertad de que estaba privado injusta-</p>
<p>mente.</p>
<p>Siguiendo la conducta que en este número me</p>
<p>he propuesto, paso de un salto á aquellos párrafos</p>
<p>en que os ocupais del renacimiento literario re-</p>
<p>gional, punto en el que es de suponer habeis de</p>
<p>estar mas fuerte que en los político-sociales, pues,</p>
<p>-- 30 --</p>
<p>sino me engaño, apesar de haber sido ministro y</p>
<p>de haber ocupado otros puestos altísimos en la ad-</p>
<p>ministración y el gobierno, la literatura y el arte</p>
<p>son el objeto de vuestros amores.</p>
<p>Empezais por hacer una apología de las len-</p>
<p>guas locales, y aún que quereis levantar el vuelo</p>
<p>en alas de la poesía, bien se conoce que no sentís</p>
<p>por ellas cariño muy intenso. No es estraño que</p>
<p>no lo sintais, pues no sabe lo que es el amor de</p>
<p>padre aquel que no ha tenido hijos. Vos, nacido</p>
<p>en Castilla, es decir; en una Región cuya lengua</p>
<p>especial es al mismo tiempo la impuesta como ofi-</p>
<p>cial á todas las Regiones, no podeis comprender el</p>
<p>cariño que inspira la lengua, «que mas penetran-</p>
<p>tes raíces echa en el corazón, porque es aquella en</p>
<p>que primeramente se ha sentido», cuando se la ve</p>
<p>postergada y supeditada á otra, que puede alegar</p>
<p>en su favor quizá su mayor fortuna, pero no su</p>
<p>mejor derecho ni sus méritos superiores. El padre</p>
<p>feliz, que comparte con su hijo la felicidad y la</p>
<p>dicha, apenas se apercibe del intenso amor que le</p>
<p>profesa, pues lo halla el afecto mas natural del</p>
<p>mundo. Haced que se interrumpa esta felicidad;</p>
<p>suponed que el hijo se pone enfermo, ó cae en la</p>
<p>cárcel, y vereis como el amor del padre, si no au-</p>
<p>menta en realidad, parece multiplicarse por sus</p>
<p>efectos ruidosos. Vos sentís por vuestra lengua</p>
<p>castellana la afección suave que mutuamente se</p>
<p>profesan los miembros de una familia feliz: pero,</p>
<p>poneos en nuestro caso. Suponed que nosotros, los</p>
<p>catalanes, ú otros, vamos un día á poner sitio á la</p>
<p>ciudad en que residís; suponed que, no bastando</p>
<p>-- 31 --</p>
<p>nuestras fuerzas á dominaros, viene en nuestro</p>
<p>ausilio todo el poder de Francia, y que, á pesar de</p>
<p>vuestra resistencia heroica, entramos en la ciudad</p>
<p>por asalto. Seguid suponiendo, y figuraos que</p>
<p>nosotros nos creemos destinados providencialmen-</p>
<p>te por la Naturaleza para ejercer la hegemonía so-</p>
<p>bre vosotros, y como primer signo de superioridad</p>
<p>os imponemos nuestra lengua. Figuraos que os</p>
<p>hallais inocente delante de un tribunal, del que</p>
<p>pende vuestra vida ó vuestra honra, y que en el</p>
<p>momento decisivo, cuando hasta el hombre mas</p>
<p>rudo saca del sentimiento arranques de elocuencia</p>
<p>que le envidiarían Cicerón y Demóstenes; cuando</p>
<p>no habla la boca, sino el alma, un juez severo,</p>
<p>que no comprende vuestra lengua castellana, os</p>
<p>obliga á defenderos en otra que vos conoceis sólo</p>
<p>por el estudio. Imaginaos que os hallais en el lecho</p>
<p>de la muerte, en los estertores de la agonia, y que</p>
<p>al querer hacer el último acto de voluntad en el</p>
<p>mundo; al querer garantir el pan de vuestros hijos</p>
<p>y el honor de vuestro nombre, del que ha de que-</p>
<p>dar depositaria vuestra esposa, el notario, inflexi-</p>
<p>ble, os dice que no podeis redactar vuestro testa-</p>
<p>mento en castellano. Figuraos que mandais á vues-</p>
<p>tros hijos á la escuela, y al volver de ella el primer</p>
<p>dia, oís que explican á su mamá, no sólo que el</p>
<p>maestro les ha explicado la lección en un idioma</p>
<p>que no entienden, sino que les ha atemorizado un</p>
<p>cartel en que se les amenaza con un castigo si les</p>
<p>escapa una sola palabra en la suya nativa. Figu-</p>
<p>raos que os vais á una oficina cualquiera, y el em-</p>
<p>pleado os mira por encima del hombro, pues que,</p>
<p>-- 32 --</p>
<p>conociendo como suya la lengua oficial, se cree</p>
<p>superior á vos, que no habeis llegado, á pesar de</p>
<p>vuestros deseos, á pronunciarla de una manera cas-</p>
<p>tiza. Imaginaos que os vais al telégrafo, y al diri-</p>
<p>gir una comunicación afectuosa á vuestro padre</p>
<p>ausente, el oficial os dice que al autor de vuestros</p>
<p>dias podeis llamarle «pare,» ó «père,».ó «father,» ó</p>
<p>«vater,»ó «pater,» ó con cualquiera otra palabra que</p>
<p>se use en cualquiera lengua ó en cualquier dialecto</p>
<p>de los millares que se hablan en el mundo, mien-</p>
<p>tras no le llameis «padre,» pues que vuestra len-</p>
<p>gua propia es la única prohibida en el telégrafo,</p>
<p>que las admite todas. Imaginad ..Mas no quiero que</p>
<p>imagineis ni os figureis más de lo que he dicho.</p>
<p>Seguro estoy de que si leeis este escrito, al llegar</p>
<p>á este punto, os habreis levantado de la silla, im-</p>
<p>pulsado por la explosión expontánea de vuestra</p>
<p>dignidad lastimada. Pues, en tal situación, por lo</p>
<p>que respecta al lenguaje, vivimos los catalanes.</p>
<p>¿Cómo quereis que no amemos nuestro idioma, y</p>
<p>que no aprovechemos todos los momentos para pro-</p>
<p>testar contra la tiranía injusta de que somos vícti-</p>
<p>mas? ¡Retirad, os lo suplico en vuestro propio inte-</p>
<p>rés, el calificativo de «fanático» que aplicais al</p>
<p>culto que rendimos á nuestra lengua!</p>
<p>Porque habeis de saber, ya que de vuestro dis-</p>
<p>curso se desprende que no lo sabeis, que el parti-</p>
<p>cularismo no «cae en la extravagancia de formular</p>
<p>amargos cargos contra la nacionalidad española</p>
<p>por haber fomentado la enseñanza y el uso del</p>
<p>castellano en las escuelas del Principado.» Los car-</p>
<p>gos, los hacemos por habérnoslo impuesto, por la</p>
<p>-- 33 --</p>
<p>sola razón del «porque si,» ó por la de «soy el mas</p>
<p>fuerte,» de que os hablaba en uno de los párrafos</p>
<p>anteriores. El motivo de nuestra protesta, no es</p>
<p>que se fomente la enseñanza del castellano, sino</p>
<p>que se prohiba la del catalán. Lo natural, lo lógi-</p>
<p>co, lo justo es, que las dos lenguas, como co-nacio-</p>
<p>nales y cooficiales, sean enseñadas con igual</p>
<p>cariño, empezándose en cada Región por la nativa</p>
<p>de los alumnos, que aprenderían luego la segunda</p>
<p>bajo la base de la primera.</p>
<p>Decís vos, que «la literatura catalana, retraída y</p>
<p>esquiva desde el comienzo de su nuevo renaci-</p>
<p>miento, encerrándose en si misma como el gusano</p>
<p>de seda en su capullo, se desentiende de cuanto</p>
<p>pasa á su alrededor, y mira á las demás provincias</p>
<p>como una vieja desconfiada que observa á sus ve-</p>
<p>cinos por el ventanillo de la puerta ó el ojo de la</p>
<p>cerradura.» Permitidme que os conteste que no es-</p>
<p>tais enterado de lo que pasa en el campo literario</p>
<p>catalán. Nuestros autores, lejos de encerrarse en</p>
<p>su capullo, están en relación con los de las princi-</p>
<p>pales naciones de Europa, y con ellos se comuni-</p>
<p>can directamente. A los Juegos Florales de Barce-</p>
<p>lona, han concurrido provensales, irlandeses, ita-</p>
<p>lianos, y, aún algunos castellanos, y todos han si-</p>
<p>do recibidos como hermanos, y fraternalmente</p>
<p>atendidos y agasajados. Vos conoceis por propia ex-</p>
<p>periencia, como saben nuestros literatos tratar á los</p>
<p>forasteros, y no podeis dejar de recordar alguna de</p>
<p>las fiestas que os han dedicado. Y á los literatos</p>
<p>catalanes no les va mal con el sistema que usan,</p>
<p>pues hallan justa correspondencia en la mayor</p>
<p>-- 34 --</p>
<p>parte de los casos. Las obras capitales de nuestra</p>
<p>literatura renacida se hacen pronto patrimonio del</p>
<p>público internacional, gracias al comercio intelec-</p>
<p>tual que sus autores sostienen con el extrangero,</p>
<p>y de alguna de ellas podeis hallar no una, sino dos</p>
<p>traducciones distintas en un solo idioma. Nuestros</p>
<p>literatos para ser recibidos con los brazos abiertos,</p>
<p>y agasajados en Paris, en Milán, en Lisboa, en</p>
<p>Provenza ó en Sicilia, ni siquiera tienen necesi-</p>
<p>dad de ocupar los primeros puestos en nuestro re-</p>
<p>nacimiento. Prescindo de los obsequios de que fué</p>
<p>colmado el autor de la Atlantida hace uno ó dos</p>
<p>años en Paris, y hace pocos meses en Montpeller,</p>
<p>y sólo os diré por experiencia propia, que siendo,</p>
<p>como soy, apenas literato, en todos los puntos ci-</p>
<p>tados he encontrado colegas obsequiosos. Vos de-</p>
<p>cís, que «nuestra literatura mira á las demás pro-</p>
<p>vincias como una vieja desconfiada, que observa á</p>
<p>sus vecinos por el ventanillo de la puerta ó el ojo</p>
<p>de la cerradura,» y los hechos que he citado, y los</p>
<p>obsequios de que vos y otros habeis sido objeto</p>
<p>simpre que nos habeis visitado, demuestran lo con-</p>
<p>trario. Yo, en cambio, os he visto á vos y á todos</p>
<p>vuestros colegas mirando no ya por el ventanillo</p>
<p>ó por el ojo de la cerradura, sino por el resquicio</p>
<p>de la puerta, á Soler, el primero de los dramatur-</p>
<p>gos peninsulares de nuestros tiempos; á Verdaguer,</p>
<p>autor de dos poemas y de unos cantos místicos con</p>
<p>los cuales sólo podríais comparar los de vuestro si-</p>
<p>glo de oro; á Guimerá; á Collell, y á otros, que</p>
<p>junto conmigo habían ido á presentar á Don Al-</p>
<p>fonso el «Memorial de Agravios.» Yo, testigo de-</p>
<p>-- 35 --</p>
<p>sinteresado, disfruté entonces de veras, al obser-</p>
<p>var vuestra posición incómoda y ridícula por todo</p>
<p>extremo: y mientras yo, forastero en Madrid, te-</p>
<p>nía que servir de cicerone á nuestras eminencias</p>
<p>literarias, acompañándoles á visitar los monumen-</p>
<p>tos y curiosidades de una ciudad que muchos de</p>
<p>ellos pisaban por vez primera, gracias á que ni uno</p>
<p>solo de vosotros se habia puesto, ni aun por galan-</p>
<p>tería, á sus órdenes; mientras tuvieron vedada la</p>
<p>entrada del Ateneo que vos presidís hoy, por ha-</p>
<p>llar cerrada herméticamente la única puerta por la</p>
<p>que hombres de su talla pueden entrar decorosa-</p>
<p>mente en aquella casa; mientras esperé en vano</p>
<p>que uno solo de vosotros se acordara de que en Ca-</p>
<p>taluña había recibido obsequios, y comprendiera</p>
<p>que la cortesía obliga á devolverlos cuando la oca-</p>
<p>sión se presenta; mientras les vi comer cada día en</p>
<p>la fonda en que parábamos, porque á ninguno de</p>
<p>vosotros se le ocurrió convidarles á un mal al-</p>
<p>muerzo de á diez reales, creedme, porqué os hablo</p>
<p>de veras; al ver todo aquello, me sentí orgulloso de</p>
<p>mis ideas regionalistas, y se desvanecieron, por</p>
<p>obra y gracia vuestra, hasta los mas ligeros es-</p>
<p>crúpulos que hubiera podido tener sobre alguna de</p>
<p>las quejas en el «Memorial de Agravios» conteni-</p>
<p>das. Vuestra actitud de vieja desconfiada las con-</p>
<p>firmaba todas, y aún sentí que nos habíamos que</p>
<p>dado cortos al formularlas.</p>
<p>Y no vale decir, por lo que al lenguaje se refie-</p>
<p>re, que vuestra lengua castellana, «no por capri-</p>
<p>chosa voluntad de los hombres, sino por causas</p>
<p>mucho mas altas, ha llegado á alcanzar la perfec-</p>
<p>-- 36 --</p>
<p>ción, la universalidad y el predominio que las</p>
<p>lenguas y dialectos provinciales no han podido</p>
<p>conseguir,» ni son estos fundamentos bastantes,</p>
<p>aunque concediéramos su exactitud, para hacer de</p>
<p>ella el idioma oficial exclusivo de todas las Regio-</p>
<p>nes. Reparad que al adjetivo «oficial», añado el</p>
<p>«exclusivo», pues que nosotros, distintos en esto</p>
<p>de vosotros, jamás hemos pensado en negar á vues-</p>
<p>tra lengua la oficialidad, limitándonos sólo á re-</p>
<p>clamar la co-oficialidad de la nuestra. La co-oficia-</p>
<p>lidad es la única solución liberal al problema, que</p>
<p>se presenta en todas las naciones que tienen len-</p>
<p>guas variadas, y por medio de la co-oficialidad lo</p>
<p>han resuelto todos los pueblos libres. Vos os apo-</p>
<p>yais en los ejemplos de Francia, Inglaterra, Ale-</p>
<p>mania é Italia, cuando en estas naciones ó no exis-</p>
<p>ten más que distintos dialectos de una misma len-</p>
<p>gua, como en Alemania é Italia, ó si existen varias</p>
<p>lenguas, como en Francia, la postergada lo ha</p>
<p>sido por medios tan poco liberales y tiránicos como</p>
<p>los que vosotros habeis empleado, copiándolos.</p>
<p>Respecto á Inglaterra, si en este nombre compren-</p>
<p>deis sólo la región británica, que particularmente</p>
<p>lo lleva, estais en lo cierto: pero vuestro argumen-</p>
<p>to no tiene ningún valor, pués que en ella el in-</p>
<p>glés no ha debido ahogar ningún otro idioma. Si</p>
<p>por el nombre Inglaterra, quereis designar el</p>
<p>grande Imperio británico, cometeis un error grave</p>
<p>de hecho. El Canadá, para no citaros mas que un</p>
<p>ejemplo, tiene provincias de origen francés, y esto</p>
<p>basta para que la lengua francesa tenga allí reco-</p>
<p>nocidos los mismos fueros que la inglesa, con la</p>
<p>cual es co-oficial.</p>
<p>-- 37 --</p>
<p>Si repasarais las leyes fundamentales de los</p>
<p>pueblos libres hoy, y de abolengo liberal, halla-</p>
<p>ríais que en todos ellos, cuando existe más de</p>
<p>una lengua, todas alcanzan derechos oficiales. La</p>
<p>Constitución monárquica belga reconoce igual</p>
<p>categoría á todos los lenguajes empleados en el</p>
<p>país, y hasta en la capital, los documentos oficia-</p>
<p>les se imprimen á dos colunas: francesa la una,</p>
<p>flamenca la otra. La Constitución republicana</p>
<p>suiza, ante el hecho de que, de los veinte y cinco</p>
<p>Estados confederados, cuatro ó cinco hablan fran-</p>
<p>cés, y uno sólo, italiano, reconoce explícitamente</p>
<p>que estas dos lenguas son iguales en categoría y</p>
<p>derechos á la alemana, que habla la gran mayo-</p>
<p>ría, y aún los romanches ó ladines que se hablan</p>
<p>en las Engandinas, merecen altas consideraciones y</p>
<p>respeto. Nada dice, respecto á lenguaje la Consti-</p>
<p>tución americana: pero como en aquel país de ver-</p>
<p>dadera libertad, el que calla no otorga, sino que</p>
<p>simplemente no dice nada, el idioma es tan libre</p>
<p>como todo lo demás, y hoy mismo, precisamente,</p>
<p>han entrado en mi despacho documentos oficiales</p>
<p>del Estado de la Luisiana, redactados en lengua fran-</p>
<p>cesa. En Austria Hungría, habla cada cual de la ma-</p>
<p>nera que mas le cuadra, y con tal de que su lenguaje</p>
<p>sea uno de los que en la agregación imperial se</p>
<p>usan, puede emplearlo oficialmente en su país, dan-</p>
<p>do el emperador el buen ejemplo de poder conver-</p>
<p>sar en su propia lengua con todos los súbditos del</p>
<p>imperio. Ved, pues, como puedo devolveros el ar-</p>
<p>gumento, y si vos nos negais la co-oficialidad del</p>
<p>catalán, basándoos en el ejemplo de Francia é Ita-</p>
<p>-- 38 --</p>
<p>lia, Inglaterra, (región), y Alemania, nosotros os</p>
<p>lo reclamamos escudados en los Estados-Unidos,</p>
<p>en Bélgica, en Suiza, en Austria, en el grande</p>
<p>Imperio británico, y aún os discutiríamos la Con-</p>
<p>federación germánica, si en ella se hubiese plan-</p>
<p>teado el problema. ¿Cuáles son más sólidos, como</p>
<p>argumento de autoridad, los nuestros ó los vues-</p>
<p>tros? ¿Hemos de imitar á la Francia decadente, ó á</p>
<p>Italia, hermana nuestra en atraso en muchos ra-</p>
<p>mos, ó hemos de inspirarnos en las grandes na-</p>
<p>ciones, que van hoy al frente de la civilización, y</p>
<p>que han llegado ya, ó están próximas á llegar al</p>
<p>apogeo de la gloria y de la opulencia?</p>
<p>Hablais mucho de turbias corrientes de odios y</p>
<p>de hostilidad por nuestra parte, y no reparais que</p>
<p>vuestros actos son los provocadores. Os quejais de</p>
<p>que algunos de nuestros amigos empleasen á ve-</p>
<p>ces «una viñeta alegórica, en que figuraba el es-</p>
<p>cudo de Aragón partido y atravesado por un puñal</p>
<p>con las armas de Castilla», y os callais que en las</p>
<p>muestras de los estancos y en la mayor parte de</p>
<p>los edificios oficiales se ostenta como escudo espa-</p>
<p>ñol uno en que sólo hay los leones y las torres</p>
<p>castellanas. ¿Que habeis llegado á figuraros? ¿He-</p>
<p>mos de sufrirlo todo, sin tener siquiera derecho</p>
<p>á la queja ó á la protesta? «¿Ha de ser todo, como</p>
<p>dice don Quijote á Sancho, errar vos y perdonaros</p>
<p>yo?» Hemos visto muchos reglamentos de cárceles</p>
<p>y lugares de reclusión, y en ninguno de ellos se</p>
<p>quita á los presos ó reclusos el mísero consuelo de</p>
<p>quejarse. Si habeis de seguir, como es vuestro pro-</p>
<p>pósito, unificándonos y absorviéndonos, dejadnos</p>
<p>-- 39 --</p>
<p>al menos los entretenimientos, que calificais de</p>
<p>pueriles, de las viñetas alegóricas y demás por el</p>
<p>estilo. Advertid que pueden serviros hasta de vál-</p>
<p>bula de seguridad, por donde escape el exceso de</p>
<p>vapor, que en ciertos momentos puede llegar á</p>
<p>acumular vuestro sistema.</p>
<p>Achacais en vuestros discursos, á Barcolona, que</p>
<p>siempre ha mirado á Madrid con celosa rivalidad.</p>
<p>El cargo es tan pueril, que no he de gastar ni un</p>
<p>párrafo en refutarlo. Lo único que os diré es, que</p>
<p>desvanezcais esta ilusión, si os la habeis forjado</p>
<p>en vuestra mente. Las ciudades rivales, en su</p>
<p>competencia, se imitan mutuamente, y si vos co-</p>
<p>noceis Barcelona, sabeis que nada, absolutamente</p>
<p>nada, ha imitado de Madrid, en ninguna de las</p>
<p>demasiado pretensiosas reformas que ha empren-</p>
<p>dido. No hay en nuestra ciudad plaza alguna que</p>
<p>se llame Puerta del Sol, ni calle alguna que haya</p>
<p>tomado los nombres de «carrera, corredera,» ni</p>
<p>ningún otro de los en Madrid adoptados. No tene-</p>
<p>mos ningún «Buen Retiro,» ni «Prado» ni «Cam-</p>
<p>po del moro.» Si algo imitamos, no es lo de la</p>
<p>corte, pues preferimos inspirarnos en aquellas</p>
<p>otras poblaciones que están de lleno dentro de la</p>
<p>vida moderna. Respecto al juicio que tenemos for-</p>
<p>mado de Madrid, no reclamamos la originalidad.</p>
<p>Nacionales y extrangeros saben perfectamente que</p>
<p>una población de cerca de medio millón de habi-</p>
<p>tantes, situada en medio de las estepas de la Es-</p>
<p>paña central, y rodeada de provincias cuya den-</p>
<p>sidad de población es á corta diferencia la general</p>
<p>de Rusia, no puede disfrutar de elementos propios</p>
<p>-- 40 --</p>
<p>de vida, y sólo la circunstancia de ser corte, absor-</p>
<p>vente de todos los recursos nacionales, puede pro-</p>
<p>ducir el faustuoso brillo que logra ostentar.</p>
<p>Al querer indirectamente legitimar la prepon-</p>
<p>derancia de Madrid, en otro párrafo de vuestro dis-</p>
<p>curso, le presentais, «levantándose escueto y soli-</p>
<p>tario, á semejanza de las pirámides del desierto,</p>
<p>exitando todas las tentaciones en medio de un te-</p>
<p>rritorio extenso y casi desnudo, que el hábito de</p>
<p>la actividad moderna no ha regenerado todavía.»</p>
<p>«Fuera de algunos puntos del litoral, decís, entre</p>
<p>los cuales Barcelona y Bilbao son los más impor-</p>
<p>tantes, apenas hay en el corazón de España ciu-</p>
<p>dades que representen, guardando la proporción</p>
<p>debida, lo que Birmingham, Manchester y Sheffield</p>
<p>en Inglaterra; Lila, Lyón, Saint-Etienne en la</p>
<p>República vecina, y Turín y Milán en Italia.» Por</p>
<p>más que no comprendamos vuestra exclusión de</p>
<p>las ciudades del litoral, que pueden servir tanto ó</p>
<p>más que las del interior, para «ofrecer resistencias</p>
<p>á la atracción de esa vorágine, (el centralismo, sin</p>
<p>duda), que si no devora, desequilibra al menos el</p>
<p>equilibrio social,» queremos respetar vuestra cla-</p>
<p>sificación arbitraria, y aún así demostraros que</p>
<p>habeis estado poco acertado en los hechos citados.</p>
<p>En efecto, por lo que respecta á Inglaterra, Bir-</p>
<p>mingham con sus cuatrocientos mil habitantes,</p>
<p>Manchester con otros tantos, y Sheffield con sus</p>
<p>doscientos ochenta y cuatro mil, en números re-</p>
<p>dondos, representan en su conjunto sólo un veinte</p>
<p>y cinco por ciento de los cuatro millones y pico</p>
<p>que están aglomerados en la capital, en Londres.</p>
<p>-- 41 --</p>
<p>Por lo que respecta á Francia, Lila con ciento se-</p>
<p>tenta y ocho mil, Lyón con trescientos setenta y</p>
<p>seis mil y Saint-Etienne con ciento veinte y cua-</p>
<p>tro mil, representan así mismo poco más que el</p>
<p>veinte y cinco por ciento de los dos millones y</p>
<p>cuarto que Paris sólo reúne. En cambio, si en Es-</p>
<p>paña sumamos sólo los ciento treinta y cuatro mil</p>
<p>habitantes de Sevilla, con los noventa y dos mil</p>
<p>de Murcia, y los ochenta y cuatro mil de Zaragoza,</p>
<p>tenemos ya cerca del ochenta por ciento de la po-</p>
<p>blación total de Madrid, que es de unas trescien-</p>
<p>tas noventa y ocho mil almas. Reparad, que pres-</p>
<p>cindo de todas las ciudades del litoral, y que llevo</p>
<p>la escrupulosidad hasta no incluir en la cuenta á Va-</p>
<p>lencia, que ocupa posición no muy distinta de la de</p>
<p>Manchester, con lo cual me he privado para el cál-</p>
<p>culo de tres de las cuatro poblaciones que, además</p>
<p>de la capital, pasan de cien mil habitantes en Es-</p>
<p>paña. Es verdaderamente lamentable que hasta en</p>
<p>esta cuestión puramente de hecho hayais padecido</p>
<p>error, pues es seguro que en el Ateneo teneis el alma-</p>
<p>naque de Gotha, ó cualquier otro de los mil que en</p>
<p>el extrangero reúnen datos estadísticos, y con sólo</p>
<p>ojear uno de ellos, os hubierais ahorrado el disgus-</p>
<p>to de que pudiera demostrárseos, que vuestro ar-</p>
<p>gumento numérico resulta inexacto con relación á</p>
<p>dos de las citas que haceis, y que si no lo es</p>
<p>respecto á la tercera, ó sea á la relación de dos</p>
<p>grandes ciudades de Italia con su capital, se debe</p>
<p>sola y exclusivamente á las condiciones especialí-</p>
<p>simas de ésta, y á la corta fecha que media desde</p>
<p>que fué declarada tal. Ved, pues, que en España</p>
<p>-- 42 --</p>
<p>hay, para ofrecer resistencia á la vorágine que nos</p>
<p>devora, muchos, muchísimos más elementos que</p>
<p>en Inglaterra y en Francia, y creed que no falta</p>
<p>sino que estos elementos se pongan de acuerdo para</p>
<p>que deje de estar «desequilibrada la vida nacio-</p>
<p>nal.» ¿Quién sabe si el acuerdo logrará producirlo</p>
<p>el particularismo regionalista?</p>
<p>Siguiendo el sistema de dar saltos, permitidme</p>
<p>que me plante de golpe en la cuestión histórica,</p>
<p>de la que haceis vuestro caballo de batalla. Pero</p>
<p>ante todo, debo demostraros la afirmación que hice</p>
<p>en uno de mis anteriores párrafos, al decir que vos</p>
<p>no habíais comprendido mis escritos en catalán.</p>
<p>Vos basais una buena parte de vuestros razona-</p>
<p>mientos, en la afirmación que me atribuís aislada,</p>
<p>de que Castilla es inepta para toda empresa positi-</p>
<p>va y está caida en uno de los últimos lugares en</p>
<p>la escala de los pueblos civilizados, y precisamen-</p>
<p>te lo que yo digo en el capítulo 2.º de mi libro</p>
<p>«Lo Gatalanisme,» es que: «Hoy la gente castellana,</p>
<p>así considerada en su conjunto ó formando pueblo,</p>
<p>como examinada individualmente, está completa-</p>
<p>mente decaída y degenerada, mas no ha perdido</p>
<p>ninguna de sus condiciones características. Los vi-</p>
<p>cios que ha adquirido, son los propios de su tem-</p>
<p>peramento, que no compensa ninguna de aquellas</p>
<p>virtudes, que deslumbraban durante el período de</p>
<p>su virilidad y grandeza. Es tan idealista como</p>
<p>siempre; conserva el mismo amor á lo abstracto, y</p>
<p>su pasión por la absorción y el predominio es tan</p>
<p>marcada como en sus mejores tiempos. La diferen-</p>
<p>cia se nota sólo en la calidad de las aspiraciones y</p>
<p>-- 43 --</p>
<p>de los medios que emplea para conseguirlas. Sus</p>
<p>ideales son tan raquíticos, como su imaginación</p>
<p>atrofiada; sus abstracciones no pasan de paradojas;</p>
<p>los medios son bastos y de mala ley. Inepta para</p>
<p>toda empresa positiva, vegeta en la miseria moral y ma-</p>
<p>terial, y aquella raza, una de las mas simpáticas de las</p>
<p>que pueblan la Europa á pesar del desequilibrio de sus</p>
<p>facultades, ha bajado á ocupar uno de los últimos sitios</p>
<p>en el mundo civilizado.» Y luego aclaro el pensamien-</p>
<p>to, añadiendo: «Es indescriptible la impresión que</p>
<p>la situación de aquel pueblo causa al que visita</p>
<p>las villas secundarias, los pueblecillos y las masías</p>
<p>de Castilla. La gente que los habita, es físicamen-</p>
<p>te interesante. Las mujeres, por la finura del cu-</p>
<p>tis, la regularidad de las formas, la sedosidad y</p>
<p>abundancia de las cabelleras, etc., acusan una de</p>
<p>las variedades mas interesantes de la raza blanca.</p>
<p>Los hombres son pareja digna de aquellas muje-</p>
<p>res, y ellos y ellas dan á sus fisonomías y movi-</p>
<p>mientos tal expresión, y hablan un lenguaje tan</p>
<p>culto y hasta elegante, que en poquísimas comar-</p>
<p>cas de las primeras naciones, se halla nada que</p>
<p>pueda comparárseles. Esa misma gente, empero,--</p>
<p>la de las villas secundarias, pueblecillos y masías,</p>
<p>no la de los grandes centros,--vive tan atrasada;</p>
<p>las necesidades que conoce, son tan pocas; sus ca-</p>
<p>sas, que casi nunca pasan de barracas, cuando no</p>
<p>son cuevas debajo tierra, son tan pobres y desa-</p>
<p>rregladas, que difícilmente se le puede asignar lu-</p>
<p>gar en la civilización actual.» No quiero seguir</p>
<p>traduciendo, pues lo copiado basta y sobra á</p>
<p>dejar probado, que vos no habeis comprendido el</p>
<p>-- 44 --</p>
<p>capítulo en que me refiero á la-gente castellana.</p>
<p>Si así no fuera, no os hubierais permitido basar un</p>
<p>gran castillo de naipes sobre un pasaje truncado,</p>
<p>suelto, y mal traducido por añadidura.</p>
<p>Pero si habeis comprendido mal mi capítulo so-</p>
<p>bre la gente castellana, al leer el relativo á noso-</p>
<p>tros, á los catalanes, lo habeis interpretado mucho</p>
<p>peor. Indicais, (pág. 40). que pinto á Cataluña</p>
<p>«exacta como un número, analítica, individualis-</p>
<p>ta, y utilitaria hasta tocar en los lindes del egoís-</p>
<p>mo, en la cual las alucinaciones de la fantasía no</p>
<p>ejercen ningún imperio, y que arrastra desde su</p>
<p>unión con Castilla, pesada é insufrible cadena.</p>
<p>Castilla la ha despojado por completo; la ha despo-</p>
<p>jado sin pretexto ni excusa de sus antiguas insti-</p>
<p>tuciones; ha mutilado y continua mutilando por</p>
<p>vano capricho, su constitución civil, etc., etc.»</p>
<p>Permitidme que os pregunte si habeis ojeado si-</p>
<p>quiera el capítulo 3.º de «Lo Catalanisme.» en que</p>
<p>trato del carácter catalán, pues os he de confesar</p>
<p>que lo dudo. Si lo hubierais leido y comprendido,</p>
<p>sabriais que en la página 66, digo literalmente:</p>
<p>«No sólo está, (el carácter catalán,) decaído y de-</p>
<p>generado, sino también desnaturalizado. Conserva</p>
<p>algunas de las buenas condiciones que le distin-</p>
<p>guian, pero los defectos propios del temperamento</p>
<p>que lo empañaban, se han aumentado con los que</p>
<p>le ha ingertado la supeditación en que ha vivido.</p>
<p>La lucha continuada entre la voluntad y las apti-</p>
<p>tudes naturales ha dado como producto una mezcla</p>
<p>monstruosa, cuyas consecuencias nos han sido ya</p>
<p>funestas y han de sérnoslo más todavía.» Sabríais</p>
<p>-- 45 --</p>
<p>además, que al final del capítulo, al reasumir su</p>
<p>contenido, confirmo la idea en él predominante,</p>
<p>diciendo: «Por fortuna, en medio de todos los vi-</p>
<p>cios y defectos naturales ó adquiridos, el carácter</p>
<p>catalán conserva aún sus condiciones buenas, mas</p>
<p>ó menos aletargadas, etc., etc.» ¿Dónde está aque-</p>
<p>llo que decís, de considerar á Cataluña exacta co-</p>
<p>mo un número, analítica, individualista, etc, etc.,</p>
<p>y perfecta en todo, como dejais entrever que yo la</p>
<p>pinto, menos en aquello en que la ha desnaturali-</p>
<p>zado la influencia castellana? ¿A que quedan redu-</p>
<p>cidos todos los materiales en que vos habeis que-</p>
<p>rido cimentar la parte histórico crítica de vuestra</p>
<p>oración?</p>
<p>Precisamente, si por algo se distingue la parte</p>
<p>de mi libro que dedico al examen de dos de los</p>
<p>mas marcados caracteres de Regiones españolas,</p>
<p>es por la imparcialidad que quise emplear en ella;</p>
<p>imparcialidad que me llevó, á que nuestro carácter</p>
<p>catalán saliera mucho más mal parado que el cas-</p>
<p>tellano. ¿Y sabeis porque salió así? Porque yo, á</p>
<p>diferencia de vos, creo que la alabanza propia es</p>
<p>siempre contraproducente, y si de mi análisis hu-</p>
<p>biera sacado la síntesis de que nosotros estamos en</p>
<p>la cúspide de la cultura y vosotros en la base, me</p>
<p>hubiera guardado mucho de consignarlo, y á lo</p>
<p>menos habría suprimido los dos capítulos de mi</p>
<p>obra en que pinto nuestros respectivos caracteres</p>
<p>generales. Nada, absolutamente nada le perdono á</p>
<p>aquel de que yo participo, y al juzgar el de vues-</p>
<p>tros compatricios, sino atenúo, dejo de decir mucho</p>
<p>de lo que podría. Cuantos han leido mi libro, com-</p>
<p>-- 46 --</p>
<p>prendiéndolo, han emitido el juicio de que me ha-</p>
<p>go eco en este párrafo. Todos han reconocido mi</p>
<p>afán hasta quisquilloso de imparcialidad, y no po-</p>
<p>cos me han echado en cara que he faltado al pa-</p>
<p>triotismo. Por mi suerte, yo opino que el estado</p>
<p>de mi país, próspero ó adverso, bueno ó malo, no</p>
<p>ha de influir en el cariño que le profesamos, y an-</p>
<p>tes bien creo, que cuanto más decadente y enfermo</p>
<p>le veamos, más ha de acentuarse nuestro afecto,</p>
<p>de la misma manera que el hijo exagera las gra-</p>
<p>cias de la madre moribunda. Nuestro patriotismo,</p>
<p>cuando de nuestra Región se trata, nos hace excla-</p>
<p>mar con el poeta inglés: «¡Cataluña, á pesar de</p>
<p>tus vicios y faltas, te amo todavía!»</p>
<p>La síntesis de mi examen de los caracteres cas-</p>
<p>tellano y catalán, es que el primero, como gene-</p>
<p>ralizador é idealista, empezó sus altos hechos cuan-</p>
<p>do se ensanchó el mundo por los grandes descu-</p>
<p>brimientos oceánicos, en tanto que el segundo,</p>
<p>positivista y analizador, dejó de ser lo que era en</p>
<p>cuanto el mar mediterráneo dejó de ser el lago exclu-</p>
<p>sivo de la civilización. Vosotros, como pueblo, te-</p>
<p>neis la mirada que abarca mucho campo, pero por lo</p>
<p>mismo no puede precisar los detalles. Nuestro</p>
<p>campo de visión es reducido, pero en cambio po-</p>
<p>demos examinar minuciosamente las partes todas</p>
<p>que en el mismo entran. Vuestro temperamento</p>
<p>produjo la gran epopeya del descubrimiento, con-</p>
<p>quista y dominio del Nuevo Continente, que no ha</p>
<p>cantado todavía ninguno de vuestros poetas. En tan</p>
<p>ardua empresa, hallamos la decadencia vosotros y</p>
<p>nosotros, á pesar de la cual, os digo en mi libro, po-</p>
<p>-- 47 --</p>
<p>deis presentaros con la cabeza erguida ante el</p>
<p>mundo culto, y con la voz entera que usabais en</p>
<p>vuestros mejores tiempos, mostrándole vuestra pro-</p>
<p>le, más numerosa, mucho más, que la de cualquier</p>
<p>otro pueblo podeis decirle en nombre de vuestra pa-</p>
<p>tria: «Compadecedme, si quereis, y tenedme lástima;</p>
<p>pero ¡respetad y aun venerad la debilidad y pobreza</p>
<p>de vida en que me ha dejado la mas explendente de</p>
<p>las empresas de los tiempos modernos! Si estoy ca-</p>
<p>duca y postrada, á la otra parte de los mares, la</p>
<p>vida de que me desprendí, anima más de un Con-</p>
<p>tinente. Una veintena de naciones, hablan allí mi</p>
<p>lengua, tienen las costumbres y usos, y guardan</p>
<p>todavía las tradiciones que de mi recibieron. Son</p>
<p>carne de mi carne, y por sus venas circula la san-</p>
<p>gre que yo les trasmití. Vedlas hoy, en el vigor</p>
<p>de la juventud, inquietas, volubles y bulliciosas,</p>
<p>no desmintiendo con ello su origen; pero ¡dejad</p>
<p>que acaben de crecer y lleguen á la edad reposada!</p>
<p>Por ahora, con toda su movilidad, han logrado ya</p>
<p>establecer en el mundo nuevo, instituciones nue-</p>
<p>vas, sosteniéndolas y arraigándolas á fuerza de</p>
<p>perturbaciones y sacrificios de toda especie. ¿Quién</p>
<p>sabe lo que el porvenir les reserva? Cien indicios</p>
<p>dicen que han de cumplir una misión trascenden-</p>
<p>tal en la historia: la de armonizar el individualis-</p>
<p>mo sajón con el autoritarismo latino, uniendo la</p>
<p>libertad y la democracia en un admirable consor-</p>
<p>cio, en que se condense una nueva época de civi-</p>
<p>lización y cultura.» (1)</p>
<p>Díganos ahora el lector imparcial si el capítulo</p>
<p>^p----------</p>
<p>(1) "Lo Catalanisme,” Cap. 2.°, pag. 38.</p>
<p>-- 48 --</p>
<p>que tales párrafos contiene puede ser lo que supo-</p>
<p>ne el discurso á que contesto. Cuando un catalán</p>
<p>esto escribe, con el beneplácito y aplauso de los</p>
<p>catalanistas, ¿puédense achacar al catalanismo las</p>
<p>miras estrechas y egoístas que el discurso les su-</p>
<p>pone?</p>
<p>Hay más todavía. Nosotros, como uno de los mas</p>
<p>sólidos argumentos en pro del regionalismo, adu-</p>
<p>cimos el estado de postración y decadencia á que</p>
<p>el unitarismo y la absorción nos han llevado.</p>
<p>Cuanto mas degenerados y desnaturalizados estén</p>
<p>nuestros caracteres, tanta más razón tendremos.</p>
<p>Si hoy fuese Cataluña un país modelo, como su-</p>
<p>poneis vos que yo supongo, locos seríamos si qui-</p>
<p>siéramos cambiar la organización á que debería-</p>
<p>mos tantas ventajas. El primer objeto del regiona-</p>
<p>lismo, el capital, es para nosotros la regeneración</p>
<p>de nuestro carácter por el ejercicio de la libertad.</p>
<p>La libertad, á nuestro entender, vivifica á los in-</p>
<p>dividuos y rejuvenece á sus agregaciones. Confe-</p>
<p>sad, pues, que no habeis comprendido la esencia</p>
<p>de nuestro catalanismo, que lejos de querer ocul-</p>
<p>tar nuestra actual situación, tiene interés extraor-</p>
<p>dinario en ponerla á vuestra vista y á la de todo</p>
<p>el mundo.</p>
<p>¿A donde van á parar, señor mio, todas las lucu-</p>
<p>braciones con que llenais vuestros párrafos histó-</p>
<p>rico críticos? A desmentir que don Quijote sea</p>
<p>personificación del tipo castellano, y á negar que</p>
<p>este haya sido aventurero. Por mi fortuna, nin-</p>
<p>guna de estas dos afirmaciones es original mia.</p>
<p>Cuantos críticos, nacionales y extrangeros, se han</p>
<p>-- 49 --</p>
<p>ocupado de la inmortal producción de Cervantes,</p>
<p>convienen en que los personajes son tan castiza-</p>
<p>mente españoles, que á serlo deben una parte no</p>
<p>escasa de la gran popularidad que han alcanzado.</p>
<p>Bien es verdad que, en general, los críticos dicen</p>
<p>«españoles» y no «castellanos»: pero bien sabido</p>
<p>es que, gracias á la marcha histórica de los su-</p>
<p>cesos, antes de los renacimientos regionales, las</p>
<p>dos palabras eran siempre tomadas como expresi-</p>
<p>vas de una misma idea.</p>
<p>Y la misma unanimidad de juicio que sobre el</p>
<p>don Quijote entre los críticos, existe entre los</p>
<p>historiadores sobre el carácter aventurero castella-</p>
<p>no. Abrid las páginas del que querais, desde Schi-</p>
<p>ller en su «Historia de la guerra de los treinta</p>
<p>años», hasta Cesar Cantú ó Ranke, en sus distin-</p>
<p>tas producciones, y en todas hallareis que al ha-</p>
<p>blar de España, casi todo se explica por el carác-</p>
<p>ter aventurero y caballeresco de la raza predomi-</p>
<p>nante. El espíritu aventurero caballeresco, perso-</p>
<p>nificado además en otra gran figura literaria, en</p>
<p>el Burlador de Sevilla ó don Juan Tenorio por otro</p>
<p>nombre, sintetiza en su historia fantástica toda la</p>
<p>historia real del pueblo castellano. Cuando lo ha</p>
<p>atropellado todo en su propio país; cuando ha su-</p>
<p>bido á los palacios y bajado á las cabañas, corrien-</p>
<p>do aventuras con princesas y pescadoras, halla el</p>
<p>teatro estrecho para sus bríos, y se va á Italia, á</p>
<p>Flandes, á todas partes, y en todas se anuncia por</p>
<p>medio de carteles provocativos, que sabe luego</p>
<p>sostener con la espada. Don Juan, el aventurero</p>
<p>caballeresco, triunfa en todos los lances; la duquesa</p>
<p>-- 50 --</p>
<p>italiana cae en sus redes como la campesina fla-</p>
<p>menca, pero su triunfo es efímero, y de él no que-</p>
<p>dan otros resultados que la postración y remordi-</p>
<p>mientos del seductor; la memoria amarga de las</p>
<p>seducidas y víctimas. ¿Negareis vos, poeta á quien</p>
<p>reputan muchos como autoridad, que Tenorio sea un</p>
<p>tipo tan castellano como Don Quijote? Cuando menos</p>
<p>habreis de confesar que los dos son genuinamente</p>
<p>nacionales, so pena de poneros en contradicción con</p>
<p>todo el mundo. Si me haceis tal confesión, como</p>
<p>no dudo, negando empero que sean castellanos, os</p>
<p>apretaré preguntándoos ¿Son acaso tipos catalanes?</p>
<p>¿Son vascos? ¿Son aragoneses? No creo que apechu-</p>
<p>gueis con el absurdo de sostener la afirmativa.</p>
<p>¿En que os fundais para negar mis apreciaciones,</p>
<p>cuya evidencia acabo de demostraros, sin haber</p>
<p>tenido necesidad siquiera de sacar todos los irrebati-</p>
<p>bles argumentos que podría, de vuestro antiguo tea-</p>
<p>tro, de vuestras novelas, de vuestro código de honor,</p>
<p>de vuestra legislación, de vuestro traje, etc. etc.?</p>
<p>En todo vuestro discurso no sé hallar mas que dos</p>
<p>razones, que son las siguientes: 1.º, que antes de</p>
<p>la unión con Aragón, vuestras empresas medite-</p>
<p>rráneas son poco sonadas, y 2.a, que hoy por hoy,</p>
<p>los castellanos de las mesetas centrales se están</p>
<p>muy quietos en su casa, practicando la «virtud de</p>
<p>la obediencia», y dando escasísimo contingente á</p>
<p>la emigración al Africa ó á América. Pongamos</p>
<p>en su verdadero punto estas dos razones.</p>
<p>¿Como habíais vosotros de engolfaros en empre-</p>
<p>sas mediterráneas antes de completar la reconquis-</p>
<p>ta, si no sacabais la cabeza á ese mar sino por, pe-</p>
<p>-- 51 --</p>
<p>queños resquicios y de una manera precaria? ¿Ig-</p>
<p>norais acaso, que todo el litoral conquistado palmo á</p>
<p>palmo á los moros, lo propio que las islas Baleares,</p>
<p>correspondió á la Confederación aragonesa-catala-</p>
<p>na? ¿Ignorais que en gran parte de las costas de Ca-</p>
<p>taluña, los moros no pudieron jamas solidar su do-</p>
<p>minación? ¿Como haceis, pués, un argumento de la</p>
<p>falta de empresas mediterráneas en vuestra histo-</p>
<p>ria,--falta, empero, no tan absoluta como decis,--</p>
<p>si no estuvisteis jamás en términos hábiles para</p>
<p>emprenderlas?</p>
<p>Mas, si durante aquella época, vuestro carácter</p>
<p>aventurero tuvo que limitarse á la parte de la Pe</p>
<p>nínsula de que disponíais, vuestro afán de absor-</p>
<p>ción y predominio se manifestó tan enérgico y</p>
<p>avasallador como en el tiempo de vuestro apogeo.</p>
<p>Vosotros conquistabais y absorbíais; nosotros con-</p>
<p>quistábamos también, pero confederábamos. Vues-</p>
<p>tra historia, pués, es la de la imposición autorita-</p>
<p>ria; la nuestra la de la unión libre y expansiva.</p>
<p>Nada vale que nos citeis nuestras expediciones</p>
<p>mediterráneas, ni aún las correrías de los almogá-</p>
<p>vares. Ninguna de estas expediciones, ni las lle-</p>
<p>vadas á cabo por cuenta y riesgo de capitanes</p>
<p>particulares, prueba en nosotros carácter absorven-</p>
<p>te ni mas dado á aventuras que las que eran pro-</p>
<p>pias de los tiempos.</p>
<p>El pueblo castellano de la meseta central, decís</p>
<p>vos, se está hoy tranquilo en su casa, mientras</p>
<p>sus hermanos de otras regiones corren en busca de</p>
<p>lo desconocido á remotas tierras. ¿Cómo no ha de</p>
<p>estar, no ya tranquilo, sino aletargado, os contesto,</p>
<p>-- 52 --</p>
<p>si el exceso de vida que gastó en empresas aven</p>
<p>tureras, le tiene reducido á la postración de no po-</p>
<p>der ni cultivar sus tierras? Decís, que desde su</p>
<p>casa compadece á los que abandonan la suya, de-</p>
<p>vorados por la sed de riquezas. ¡Qué ha de compa-</p>
<p>decerles, si ni siquiera sabe que haya quien tal</p>
<p>haga! El pueblo á que os referís, paga hoy con su</p>
<p>prematura decrepitud, las faltas de sus pasados.</p>
<p>Es Don Quijote retirado á su pueblo, vencido y de-</p>
<p>sarmado; es Don Juan Tenorio, débil y macilento,</p>
<p>agostado antes de tiempo por las borrascas de la</p>
<p>juventud. Que hoy no emigra, decís; y es lo mas</p>
<p>natural que así suceda. Tanto emigró en otros</p>
<p>tiempos; tanto contingente dió á la asimilación</p>
<p>americana, á los tercios de Flandes y de Italia, y á</p>
<p>todas las demás aventuras que le hizo correr la oli-</p>
<p>garquía en cuyos brazos se entregara, que aunque</p>
<p>quisiera no podría seguir hoy emigrando. Su te-</p>
<p>rritorio está tan despoblado como Rusia ó el Impe-</p>
<p>rio Marroquí, y ni los rusos ni los marroquíes emi-</p>
<p>gran. Los pueblos que abandonan su pais en busca</p>
<p>de lo que en él no pueden encontrar, son los pue-</p>
<p>blos exuberantes; los pueblos cuya población es</p>
<p>sobrada para el territorio de que disponen. Ved,</p>
<p>sino, cuales son hoy, como siempre, los pueblos co-</p>
<p>lonizadores; ved, sino, dentro de la misma Penín-</p>
<p>sula, cuales son las regiones que dan á la emigra-</p>
<p>ción más contingente. Vos lo decís en vuestro</p>
<p>discurso, y en esta cuestión de hecho, estamos</p>
<p>perfectamente de acuerdo.</p>
<p>Llegado á este punto de mi trabajo, debería</p>
<p>tambien como vos haceis, ahuecar la voz, y redac-</p>
<p>-- 53 --</p>
<p>tar algunas protestas tremebundas, como las que</p>
<p>llenan la página 43 de vuestro discurso. No lo ha-</p>
<p>ré, empero, porque á fuer de regionalista, quiero</p>
<p>atenerme al refrán catalán que dice: ¿Protestas?, se-</p>
<p>nyal que perts. ¿Protestais?, os digo yo tambien,</p>
<p>señal es de que perdeis, aunque sea sólo terreno.</p>
<p>Cónsteos, empero, que vuestras protestas, á pesar</p>
<p>de los términos espantables y terroríficos en que</p>
<p>las presentais, me causan satisfacción inmensa.</p>
<p>Protestais contra la forma de plantear el problema</p>
<p>regional; contra la manía de atribuir á una frac-</p>
<p>ción de España la responsabilidad de la decaden-</p>
<p>cia nacional; contra el empeño de presentar á Cas-</p>
<p>tilla,--y en este punto olvidais vuestras afirma-</p>
<p>ciones anteriores,--como ejerciendo predominio ab-</p>
<p>soluto; contra, finalmente, las armas, que decís,</p>
<p>esgrime el catalanismo turbulento para desacredi-</p>
<p>tar dentro de casa y en el extrangero á la patria</p>
<p>española: y yo, dado vuestro apasionamiento, tomo</p>
<p>nota de ellas para tener siempre presente los pun-</p>
<p>tos en que mas os duele. No debeis extrañar esta</p>
<p>crudeza, pués que, habiendo vos empezado por</p>
<p>declararos adversario decidido, resultando serlo</p>
<p>apasionado hasta el extremo de saliros de vuestra</p>
<p>habitual templanza, preciso es que, aún á pesar</p>
<p>nuestro, os consideremos tal, y, siguiendo el re-</p>
<p>frán castellano, tomemos consejo del enemigo.</p>
<p>Voy á dar el último salto en este capítu-</p>
<p>lo, contestando cuatro palabras á la equivocada</p>
<p>apreciación que haceis de nuestro juicio acerca la</p>
<p>administración de justicia. Jamás he yo afirmado,</p>
<p>que «el no haber nacido en un pais dado incapaci-</p>
<p>-- 54 --</p>
<p>te á los magistrados para administrar recta y hon-</p>
<p>radamente justicia,» como vos me atribuís,--aun-</p>
<p>que, como en todo vuestro discurso, sin nombrar-</p>
<p>me,--y para acabar de demostraros que no com-</p>
<p>prendeis bastante el catalán, traduciré literalmen-</p>
<p>te el párrafo á que sin duda os referís, que es uno</p>
<p>del capítulo 5.º de «Lo Catalanisme.» «Lo mismo</p>
<p>á poca diferencia, digo, se nota en lo que llama-</p>
<p>mos (se 'n diu) administración de justicia. Los</p>
<p>tribunales no solo están formados por forasteros,</p>
<p>sino que oficialmente ignoran totalmente nuestro</p>
<p>derecho. Nuestras vidas, bienes y honras están en</p>
<p>manos de magistrados y jueces, que no conocen</p>
<p>nuestras costumbres, ni participan de nuestro mo-</p>
<p>do de ser, ni están unidos con el país y el pueblo</p>
<p>por ningún otro lazo, que el puramente artificial</p>
<p>de la nacionalidad. La movilidad de las situacio-</p>
<p>nes políticas y la inseguridad de los cargos judi-</p>
<p>ciales, no permiten á los que los desempeñan,</p>
<p>echar ninguna raiz en nuestra comarca, y pasan por</p>
<p>el empleo, como un cometa por nuestro firmamento.</p>
<p>Pocos de ellos se dan la molestia de profundizar</p>
<p>nuestras leyes, que son, no obstante, distintas de</p>
<p>las que han estudiado en las universidades y prac-</p>
<p>ticado en otras Regiones, y fallan los procesos co-</p>
<p>mo puede fallarlos un advenedizo (passavolant),</p>
<p>que sabe que á los pocos meses puede ser traslada-</p>
<p>do al otro extremo de la Península.» Juzgad vos</p>
<p>mismo, si es distinto lo que yo digo, de lo que vos</p>
<p>quisierais que dijese, y reparad que á continua-</p>
<p>ción del párrafo traducido, añado: «Nuestro dere-</p>
<p>cho especial no se enseña en ningún estableci-</p>
<p>-- 55 --</p>
<p>miento de los que dependen del centro. Este lleva</p>
<p>el espíritu favorable al predominio castellano, has-</p>
<p>ta el extremo de que, en la misma universidad de</p>
<p>Barcelona se enseña, no el derecho civil catalán,</p>
<p>que es el único que tiene aplicación legalmente en</p>
<p>nuestras comarcas, sino el castellano, que ni como</p>
<p>supletorio puede ser aplicado á las contiendas ju-</p>
<p>diciales que en ellas han de fallarse.» No puedo</p>
<p>acabar este párrafo de otra manera, que añadiéndo-</p>
<p>le el final que le puse en mi libro. «¿Puede ima-</p>
<p>ginarse algo más absorvente ni más tiránico?» Y</p>
<p>sin embargo; en tal situación legal vive Cataluña,</p>
<p>dentro de la organización centralizadora y absor-</p>
<p>vente de que es víctima.</p>
<p>Mas, basta ya de los puntos sueltos que en estos</p>
<p>párrafos he tratado, pues no sólo se va alargando</p>
<p>más de lo que quisiera mi contestación, sino tam-</p>
<p>bien estoy ya fatigado de dar saltos de una á otra</p>
<p>cuestión de las muchas que vos tocais ligeramen-</p>
<p>te en vuestro discurso. He tratado de las que me</p>
<p>ha parecido que tenían más malicia, y voy á pa-</p>
<p>sar á otro capítulo.</p>
<p>IV.</p>
<p>Permitidme que complete la parte de vuestro</p>
<p>trabajo, que se desarrolla delante del telón que he</p>
<p>llamado de infierno, pués que, en verdad, le hallo</p>
<p>á faltar algunos toques, que completarán el cuadro.</p>
<p>Vos describís, como sabeis hacerlo, la triste situa-</p>
<p>ción á que ha llegado nuestro pobre país, bastan-</p>
<p>do para demostrarlo los párrafos que he copiado en</p>
<p>-- 56 --</p>
<p>otra parte de mi trabajo, y rematándolos digna-</p>
<p>mente con otro, que no he transcrito, en el cual re-</p>
<p>conoceis, que «se ha consumado la mayor de nues-</p>
<p>tras desgracias; el envilecimiento y la muerte del</p>
<p>cuerpo electoral.»</p>
<p>Todo esto, empero, no sería motivo para dejar-</p>
<p>nos apoderar por el desaliento, ó entregarnos á la</p>
<p>desesperación, si aunque sólo fuera lejos, muy le-</p>
<p>jos, vislumbráramos un tenue rayo de esperanza.</p>
<p>Os invito, pués, á seguirme en la rápida revista</p>
<p>que voy á pasar á los que, dentro de la política</p>
<p>que en Madrid se hace, quieren ser nuestros re-</p>
<p>dentores.</p>
<p>No soy viejo,--algo me falta todavía para serlo,--</p>
<p>y he visto, no obstante, desfilar ante mis ojos no</p>
<p>sólo todos los partidos, sino hasta todos los hom-</p>
<p>bres que dentro de cada uno de ellos representan</p>
<p>un matiz distinto. Hemos visto los períodos casi</p>
<p>absolutistas de Narvaez y González Brabo, duran-</p>
<p>te el reinado de Isabel II, y todos convenía-</p>
<p>mos en que íbamos tan mal, que aún los mismos</p>
<p>monárquicos vieron sin extremecerse como el ím-</p>
<p>petu popular volcaba el trono hereditario, y echaba</p>
<p>del país á la dinastía que lo ocupaba. Hemos visto</p>
<p>una interinidad revolucionaria, que logró en po-</p>
<p>cos años agotar sus fuerzas y devorar sus hombres,</p>
<p>dando lugar á que un príncipe extrangero viniera</p>
<p>á ponerle término el mismo dia que el último de</p>
<p>aquellos caía atravesado por las balas que dispa-</p>
<p>raron, quizá en nefando consorcio, la exaltación</p>
<p>loca y el despecho miserable. Reinó ese príncipe ó</p>
<p>mejor, como los reyes de teatro, hizo que reinaba,</p>
<p>-- 57 --</p>
<p>sólo el tiempo preciso para conocer que en la polí-</p>
<p>tica madrileña todo cabe menos la seriedad y la</p>
<p>buena fé, y sobre un trono ya desvencijado, pues</p>
<p>que se habia volcado dos veces en menos de cinco</p>
<p>años, y los tronos están hechos de materias deli-</p>
<p>cadas, se proclamó, ó mejor quizá, se notificó al</p>
<p>país que se habia proclamado la república. Tuvi-</p>
<p>mos otra vez interinidad para averiguar de que</p>
<p>clase habia de ser la nueva forma de gobierno, y</p>
<p>como ninguno de los prohombres sabia, ni quería</p>
<p>saber, en que consistían la esencia ni los detalles</p>
<p>de la que habia venido defendiendo, por más que</p>
<p>un dia se decretó, que la república habia de ser «fe-</p>
<p>deral»--que para los que hicieron el decreto, era</p>
<p>lo mismo que si hubieran acordado servirnos la lu-</p>
<p>na en un plato,--quedamos de la misma manera</p>
<p>que estábamos, pues las únicas cosas que durante</p>
<p>tan pesadas interinidades aumentaban, eran la in-</p>
<p>moralidad, el desbarajuste y las concupicencias, á</p>
<p>cuyos males se quiso poner el remedio más sar-</p>
<p>cástico que podría imaginar quien conozca á nues-</p>
<p>tros políticos, por medio de la guardia-civilada del</p>
<p>general Pavía. Y vuelta á la interinidad, para</p>
<p>agravar los males de las anteriores con deportacio-</p>
<p>nes en masa y otras miserias por el mismo estilo,</p>
<p>y para que viniera á ponerle término otra milita-</p>
<p>rada. Hemos visto luego una restauración á me-</p>
<p>dias, que á pesar de la paz que tuvo el país, no le</p>
<p>hizo avanzar ni un sólo paso hacia su organización</p>
<p>definitiva, y para que nada faltara al cuadro de la</p>
<p>impotencia del unitarismo, la muerte del jóven</p>
<p>Rey nos ha legado la regencia de una señora ex-</p>
<p>-- 58 --</p>
<p>trangera, que ejerce las prerogativas de la sobe-</p>
<p>ranía real en nombre de una criatura de pocos me-</p>
<p>ses. En plena regencia, después de once años de</p>
<p>restauración, la situación del país es tan poco</p>
<p>alhagüeña, que inspira al señor Nuñez de Arce,</p>
<p>unitarista convencido y monárquico entusiasta, el</p>
<p>cuadro fatídico de infierno que tanto se destaca en</p>
<p>su discurso. No quiero desvirtuar la pintura con</p>
<p>una sola pincelada mia, que podría creerse intere-</p>
<p>sada...</p>
<p>¿Qué consuelo nos ofrece la política que vos lla-</p>
<p>mais nacional, para salir de ese infierno? Tenemos</p>
<p>en el poder á Sagasta, y en puerta á Cánovas y á</p>
<p>los suyos, ó al tercer partido, si logra formarse.</p>
<p>Dentro del dinastismo, además, en trances apura-</p>
<p>dos, podríamos galvanizar la izquierda, ó reabilitar</p>
<p>á Romero Robledo, ó echar mano de uno cualquie-</p>
<p>ra de esos generales, que tan dispuestos se hallan á</p>
<p>hacer la felicidad del país, así desde un ministe-</p>
<p>rio, como desde un cuartel sublevado. Y yo os pre-</p>
<p>gunto: ¿Qué iríamos ganando? ¿No sabemos, acaso,</p>
<p>por triste y amarga experiencia que clase de fru-</p>
<p>tos dan tales árboles? ¿No los hemos ya probado to-</p>
<p>dos, y no estamos ya indigestados por haberlo</p>
<p>hecho?</p>
<p>Si apartamos la vista de los dinásticos, y la diri-</p>
<p>gimos á los partidos que se llaman liberales y de-</p>
<p>mócratas, podemos obtar entre Castelar, cuyo bello</p>
<p>ideal es la híbrida interinidad de la actual repú-</p>
<p>blica francesa, y que nos ha demostrado ya desde</p>
<p>el poder que ni á tan mezquino ideal es capaz de</p>
<p>llegar en la práctica, y Ruiz Zorrilla, que, sólo y</p>
<p>-- 59 --</p>
<p>aislado en París ó Londres, á poca diferencia como</p>
<p>lo estaría en Madrid, si á Madrid volviera, pasa</p>
<p>las largas horas de la voluntaria emigración soli-</p>
<p>viantando á media docena de paisanos y sobor-</p>
<p>nando otra media docena de sargentos. Bien es</p>
<p>verdad, que si Castelar y Ruiz Zorrilla no llena-</p>
<p>ran nuestros deseos, ahí tenemos á Pí y Margall,</p>
<p>que con los treinta y pico de mil votos que le dió</p>
<p>la pureza inmaculada del actual sufragio, y se-</p>
<p>cundado por una docena de amigos, poco confor-</p>
<p>mes con sus divagaciones los que más valen, está</p>
<p>siempre dispuésto á aplicar á la formación de Mu-</p>
<p>nicipios, Provincias y Estados, el pacto sinalag-</p>
<p>mático conmutativo de Proudhon, corregido y au-</p>
<p>mentado con la salvadora idea de privar de los ser-</p>
<p>vicios generales al individuo, Municipio ó Provin-</p>
<p>cia que expontáneamente se negara á pactar con</p>
<p>sus iguales. Y si tampoco nos tentaran las prome-</p>
<p>sas pactistas, ni aún con el disfraz de federales</p>
<p>con que un amigo y casi discípulo mio se esfuerza</p>
<p>en vano para hacerlas presentables, no nos queda-</p>
<p>ría mas recurso que volver á empezar el ciclo, é ir</p>
<p>asi tirando hasta que Dios, el cielo, la naturaleza,</p>
<p>ó la fatalidad, á gusto de las creencias de cada</p>
<p>uno, se compadeciera de la desdichada España, y</p>
<p>le enviara la popular «lluvia de pólvora, seguida</p>
<p>de un rayo que la inflamara,» para poner digno re-</p>
<p>mate á la obra de todos los partidos, amigos fran-</p>
<p>cos ó solapados de la organización nacional que á</p>
<p>tan mísera condición nos ha dejado reducidos.</p>
<p>Miradlo por donde querais, nada más de lo in-</p>
<p>dicado nos ofrece, ni puede ofrecernos el unitaris-</p>
<p>-- 60 --</p>
<p>mo. ¿No ha llegado todavía la hora de ensayar la</p>
<p>única idea que ha surgido en este pais, y que, aunque</p>
<p>no sea nueva, ni mucho menos, en el mundo, ni</p>
<p>aún en varias Regiones de la Península, cambia</p>
<p>ría, no obstante, de arriba á abajo nuestro modo</p>
<p>de ser? ¿Puede darse mas firme apoyo que el que al</p>
<p>regionalismo presta la negativa impotencia de todo</p>
<p>lo que nos dá y nos ofrece el unitarismo?</p>
<p>V.</p>
<p>Debo terminar, pués he ya pasado los límites</p>
<p>que me proponía, y mi contestación es ya más lar-</p>
<p>ga que vuestro discurso. Al trazarme el plan de</p>
<p>este trabajo á vuela pluma, pensé destinar una</p>
<p>buena parte á la exposición sucinta de nuestras</p>
<p>doctrinas positivas, pasando revista, aunque fuese</p>
<p>muy á la ligera, á los principales argumentos en</p>
<p>que se apoya. Las circunstancias, empero, me obli-</p>
<p>gan á modificar tal plan, debiendo reducir á pocos</p>
<p>párrafos, lo que pensaba que podría ser la parte</p>
<p>más importante de mi trabajo.</p>
<p>Dirigid la vista á cualquiera de las manifestaciones</p>
<p>de la vida, en el terreno así de la ciencia como del</p>
<p>arte, y en todas hallareis, que el particularismo es</p>
<p>el único sistema lógico y razonable. Si conoceis la</p>
<p>antropología, la etnografía y demás ramos de la</p>
<p>ciencia que estudian al hombre, aislado ó agrupado</p>
<p>con otros hombres, os hallareis con que los últi-</p>
<p>mos descubrimientos dicen á una, que la diferen-</p>
<p>ciación, la individualización, la variedad, en una</p>
<p>palabra, son el signo más marcado del progreso.</p>
<p>-- 61 --</p>
<p>Todos los viajeros ilustrados convienen en que,</p>
<p>cuanto más bajo en la escala de la cultura se halla</p>
<p>un pueblo bárbaro ó salvaje, más se parecen entre</p>
<p>sí sus miembros, siendo en muchos casos com-</p>
<p>pletamente difícil, distinguir á uno de los demás.</p>
<p>La historia natural nos enseña, que los séres vivos,</p>
<p>cuanto mas elevados se hallan en la escala de su</p>
<p>serie, más van presentándose complicados en su or-</p>
<p>ganismo, no existiendo ninguno que pueda com-</p>
<p>pararse al del hombre, el ser superior entre los</p>
<p>que viven. Si interrogais á la estética, os dirá</p>
<p>que la primera condición de la obra de arte es la</p>
<p>originalidad, lo que es lo mismo que decir, que la</p>
<p>variedad es el más vital elemento de la vida artís-</p>
<p>tica. Si preguntais al hombre, en general, cual es</p>
<p>el bien supremo en el mundo, sin vacilar os con-</p>
<p>testará que no es otro que la libertad, es decir: la</p>
<p>facultad de producir la variedad.</p>
<p>Si buscais, en cambio, la uniformidad en el te-</p>
<p>rreno de las ciencias sociales, la hallareis sólo en</p>
<p>los pueblos salvajes ó degradados. Si la buscais en</p>
<p>el terreno de la historia natural, sólo en los se-</p>
<p>res inorgánicos, que viven apenas, ó en los orga-</p>
<p>nismos más rudimentarios la hallareis. Si la bus-</p>
<p>cais en estética, solo se os presentará en las obras</p>
<p>ramplonas, ó en las composiciones que hacen los</p>
<p>discípulos de retórica al dictado ó bajo la inspira-</p>
<p>ción de su maestro. El médico os dirá, que mien-</p>
<p>tras la vida alienta en el ser, sus manifestaciones</p>
<p>son variadísimas, y que la uniformidad del reposo</p>
<p>no se halla mas que en los cementerios. Si suje-</p>
<p>tais al hombre, en general, á una regla uniforme,</p>
<p>-- 62 --</p>
<p>le condenais á la mas insoportable de las tiranías.</p>
<p>Haced aplicación de estas verdades á la organi-</p>
<p>zación de los Estados, y estareis de lleno dentro</p>
<p>del particularismo. La variedad entre los compo-</p>
<p>nentes exige lógicamente que leyes variadas les</p>
<p>rijan. El progreso es hijo de la expontaneidad, y</p>
<p>por tanto no halla aguijón mas punzante que la</p>
<p>libertad, que permite el desarrollo completo de to-</p>
<p>das las aptitudes. Si las misiones capitales del Es-</p>
<p>tado son, fomentar el progreso y la mejora de los</p>
<p>asociados, y hacer posible la práctica de la justicia</p>
<p>en lo interior y en lo exterior, la organización</p>
<p>particularista es la única que puede ponerle en</p>
<p>condición de desempeñar misiones tan trascenden-</p>
<p>tales.</p>
<p>Mas, no es la materia para ser desarollada en po-</p>
<p>cos párrafos, y vos, que habeis leido, según decís</p>
<p>mis libros, sabeis ya cuales son los principales</p>
<p>fundamentos en que apoyo nuestro sistema. Bas-</p>
<p>ten, pués, las ligeras indicaciones que dejo hechas</p>
<p>á dejarme libre del compromiso que me impuse en</p>
<p>uno de los párrafos anteriores.</p>
<p>Persiguiendo una organización tan distinta y</p>
<p>aún diversa de la que hoy rige en España, lógico</p>
<p>es que procuremos, que dentro del regionalismo se</p>
<p>ostenten tantos matices como dentro del unitaris-</p>
<p>mo. Entre vosotros, hay monárquicos y republica-</p>
<p>nos; conservadores y avanzados; revolucionarios y</p>
<p>reaccionarios, y lo mismo aspiramos á que haya en-</p>
<p>tre nosotros. Gracias á la elasticidad y flexibi-</p>
<p>lidad que tan variados matices dan á vuestra or-</p>
<p>ganización, esta logra salir triunfante de todos los</p>
<p>-- 63 --</p>
<p>embates, pues cuando la marcha natural de la so-</p>
<p>ciedad pide que se avance á saltos, no os falta un</p>
<p>partido revolucionario que venga á satisfacer tal</p>
<p>necesidad; así como, cuando por ley natural el</p>
<p>cansancio se apodera de los ánimos, y la sociedad</p>
<p>pide un compás de reposo, no os falta tampoco un</p>
<p>partido conservador ó reaccionario, que venga á</p>
<p>llenar la nueva necesidad. Si el pueblo es veleido-</p>
<p>so y movedizo, como el de la mayor parte de las</p>
<p>Regiones de la Península, son precisos cambios que</p>
<p>tengan las apariencias de trascendentales; y al</p>
<p>efecto, disponeis de partidos republicanos, que pro-</p>
<p>claman el gobierno de muchos, cuando el de uno</p>
<p>solo os cansa, y partidos monárquicos que recogen</p>
<p>del suelo el trono volcado y sientan en él un rey,</p>
<p>cuando la república llega á apestaros. Pero, repa-</p>
<p>rad, que en todos estos cambios y mutaciones, lo</p>
<p>para vosotros esencial; el unitarismo, la centrali-</p>
<p>zación, queda en pié: lo cual os basta y sobra para</p>
<p>no perder nunca la esperanza, y os pone en dis-</p>
<p>posición de turnar en el poder, y gozar las</p>
<p>dulzuras del presupuesto, directamente cuando</p>
<p>mandan los vuestros, é indirectamente cuando go-</p>
<p>biernan los que parecen ser vuestros contrarios,</p>
<p>pero que siempre los levantados tienen con los caí-</p>
<p>dos, el lazo comun de la idea fundamental de la</p>
<p>organización del Estado.</p>
<p>Ved, pues, porqué los particularistas regiona-</p>
<p>listas, siguiendo vuestro ejemplo, no sólo tenemos</p>
<p>matices distintos y aún diversos, sino que, más</p>
<p>francos que vosotros, no tenemos reparo en deci-</p>
<p>ros, como os dije yo en otro párrafo, que, desde un</p>
<p>-- 64 --</p>
<p>Consejo anfictiónico hasta una Asamblea de dos</p>
<p>cuerpos, aceptamos cualquier forma particularista</p>
<p>que nos ofrezcan las circunstancias. Esto no es de-</p>
<p>cir, como ya os indiqué, que cada cual no tenga</p>
<p>sus preferencias, y por mi parte no hallo inconve-</p>
<p>niente en añadiros que, de mis estudios políticos</p>
<p>comparativos, he sacado la convicción de que la</p>
<p>obra más perfecta, que para la organización de un</p>
<p>conjunto nacional ha salido de cerebros hermanos,</p>
<p>es la Constitución de los Estados-Unidos, que en</p>
<p>un siglo de funcionar, ha convertido á unas po-</p>
<p>bres colonias de pocos .millones de pobladores, en</p>
<p>una agrupación de cuarenta y tantos miembros</p>
<p>regionales, con cerca sesenta millones de habitan-</p>
<p>tes, más libres é iguales en derechos que todos los</p>
<p>demás que pueblan el mundo, y con tales riquezas</p>
<p>en agricultura, industria y demás manifestaciones</p>
<p>de la actividad, que, así en absoluto como en re-</p>
<p>lativo, sobrepujan á las similares de todas las de-</p>
<p>más naciones.</p>
<p>El particularismo regionalista hasta hoy se ha</p>
<p>ocupado sólo de la cuestión de forma, y ha conse-</p>
<p>guido el increible resultado de unir bajo su ban-</p>
<p>dera á elementos que nos creíamos no sólo discor-</p>
<p>dantes, sino hasta antitéticos. Ahora nos propone-</p>
<p>mos hacer un trabajo parecido en la cuestión de</p>
<p>fondo, y estoy casi seguro de que el resultado será</p>
<p>aún más sorprendente. En el trabajo depuraremos</p>
<p>las ideas de libertad y democracia, que vosotros</p>
<p>habeis desnaturalizado y tergiversado, y si logra-</p>
<p>mos poner las cosas en su verdadero punto, basán-</p>
<p>donos, como en la cuestión de forma, en los más</p>
<p>-- 65 --</p>
<p>recientes descubrimientos de la ciencia positiva,</p>
<p>nos vereis á todos conformes en lo esencial, no sólo</p>
<p>en lo relativo á la organización del Estado, sino</p>
<p>tambien en los principios en que sus gobiernos</p>
<p>han de inspirarse. La libertad nos unirá, así como</p>
<p>el afán de uniformidad os divide á vosotros.</p>
<p>Voy á acabar presentándoos una alegoría, que</p>
<p>uno de mis amigos expuso hace poco en una de</p>
<p>nuestras fiestas, y que yo completé luego, pués</p>
<p>que ella dá mucha luz sobre las tendencias y aspi-</p>
<p>raciones del regionalismo. «España, decía, es una</p>
<p>agregación de familias, que disponiendo de toda una</p>
<p>casa, se empeñan en vivir en común, como en un</p>
<p>sólo piso. De aquí nacen continuadas disputas, que</p>
<p>sin fondo grave muchas veces, llegan no obstante</p>
<p>á enconar los ánimos y á dividir profundamente á</p>
<p>los reunidos. La paz no sólo se turba en el conjunto,</p>
<p>sino que su ruptura trasciende á la vida íntima</p>
<p>de cada una de las familias, llegándose á veces á</p>
<p>los horrores insensatos de la guerra civil.» «Esa</p>
<p>agregación de familias, añadía, busca por caminos</p>
<p>difíciles y tortuosos remedio á su malestar, y no</p>
<p>atina en que, el mas eficaz sería el mas sencillo,</p>
<p>ó sea, el retirarse cada una á uno de los pisos, con-</p>
<p>servando, empero, entre todas, las buenas relacio-</p>
<p>nes de inquilinos de una misma casa.»</p>
<p>«El plan será completo, hice notar yo, si las ta-</p>
<p>les familias proveen quien ha de llenar los servi-</p>
<p>cios comunes á todos, como abrir y cerrar el portal,</p>
<p>alumbrar y apagar el gas de la escalera, conservar</p>
<p>la soga del pozo, etc., etc. ¿Os parece acaso, que</p>
<p>sería difícil en este punto la buena inteligencia?</p>
<p>-- 66 --</p>
<p>¿Os parece que á alguna de las familias le ocu-</p>
<p>rriría disputar, si el encargado de tales servicios</p>
<p>habría de ser un portero ó un conserje?»</p>
<p>Ved, lo que seria la organización regionalista.</p>
<p>Cada una de las familias regionales viviría quie-</p>
<p>ta y tranquila en su propio piso, sin que ninguna</p>
<p>de ellas tuviera derecho ni medios para intervenir</p>
<p>en la economía doméstica de las demás. Serian, no</p>
<p>obstante, inquilinos de una misma casa, y como les</p>
<p>ligarian, además de los lazos de vecindad, los vín-</p>
<p>culos de la sangre y del interés mutuo, asi en los</p>
<p>dias de alegres fiestas como en los de tristes</p>
<p>penas; asi para tratar de defenderse contra ladro-</p>
<p>nes ó invasores, como para ocuparse de algún ne-</p>
<p>gocio de utilidad común, se reunirían en uno</p>
<p>cualquiera de los pisos, en el de la familia más di-</p>
<p>rectamente interesada, y allí resolverían con sere-</p>
<p>nidad y tranquilidad los asuntos más arduos y com-</p>
<p>plicados. Suponed esta organización, y confesadnos,</p>
<p>que para los servicios generales de abrir y cerrar el</p>
<p>portal, de alumbrar y apagar las luces, de conser-</p>
<p>var y mudar la cuerda del pozo, etc., etc. lo mis-</p>
<p>mo serviría un rey de derecho hereditario, que un</p>
<p>presidente de elección popular, pues que, en ver-</p>
<p>dad, dentro del particularismo, pierden gran par-</p>
<p>te de su trascendencia muchas cuestiones que el</p>
<p>unitarismo nos ha acostumbrado á mirar como dig-</p>
<p>nas de dividirnos, y merecedoras de ensangrentar</p>
<p>campos y ciudades.</p>
<p>Unas preguntas y unas respuestas, y acabo. Des-</p>
<p>pués de lo dicho ¿podrá nadie sostener que seamos</p>
<p>hoy por hoy separatistas? Creo que no, y por mi</p>
<p>-- 67 --</p>
<p>parte os diré que no lo soy, no por ese patrioteris-</p>
<p>mo español, que hace á todas horas rugir el león,</p>
<p>y al mas leve pretexto evoca las sombras de Guz-</p>
<p>mán y de Pelayo, ni por nada que se parezca á esto.</p>
<p>No lo soy, porque creo que el sistema particularis-</p>
<p>ta es por su propia naturaleza armonizador, y que</p>
<p>él es el único que puede unir grandes agrupaciones</p>
<p>de hombres, como ha unido casi todo el Continente</p>
<p>norte-americano. ¿Lo seremos al gun día? No de</p>
<p>nosotros, sino de vosotros depende. Lo único que</p>
<p>puedo aseguraros, es que si, cegados hasta la locura</p>
<p>por vuestro afán de absorción y de predominio, y</p>
<p>sordos por sistema á nuestras justas quejas y re-</p>
<p>clamaciones, algún día nos poneis en el caso de</p>
<p>tener que pensar en resolución tan extrema, la</p>
<p>aceptaré con decisión, si, pero con duelo en el co-</p>
<p>razón y llanto en los ojos.</p>
<p>------</p>
<p>FÉ DE ERRATAS</p>
<p>PÁG. 40, líneas 22 y 23.--Dice--el equilibrio--debe de-</p>
<p>cir--la vida.</p>
<p>PÁG. 44, línea 14.--Dice--despojado--debe decir--des-</p>
<p>naturalizado.</p>
<p>NOTA.--La premura con que se ha debido imprimir este trabajo,</p>
<p>á medida que su autor lo iba componiendo, hace que hayan pasado</p>
<p>algunas erratas de imprenta., que corregirá el buen sentido de los</p>
<p>lectores.</p>
<p>En la fé de erratas sólo hemos corregido dos, no sólo por ser las</p>
<p>más importantes, sino por referirse á textos citados del Sr. Nuñez</p>
<p>de Arce.</p>
</body>
</text>
</TEI.2>
