Año I.-Número 1.º Madrid 1.º Abril 1883. REVISTA IBÉRICA DE POLITICA, LITERATURA, CIENCIAS Y ARTES. ------- Director: D. Juan Reina SUMARIO. Advertencia. 31 de Marzo. DOÑA EMILIA PARDO BAZAN -El Indulto. DON MELITON MARTIN -Ideas sobre el trabajo. DON JOSÉ MARÍA REINA -El Jurado. DON LAUREANO CALDERON. -Las primeras ma- terias. DON B. ANTEQUERA. -La cuestión social en An- dalucía. DON ANGEL DE LUQUE -Revista política exte- rior. DON RAMON DE CAMPOAMOR.-En el abanico de Fuenciscla (poesía). DON FRANCISCO ABARZUZA -La vida (poesía). DON DANIEL LOPEZ. -Un poeta lírico moderno. REVISTAS EXTRANJERAS: Revista filosófica. Le Correspondant. The Contemporary Review. Revista des Deux Mondes. Archive de Sciences Phisiques et Naturelles. Revue Politique et Litteraire. ADVERTENCIA. - Al publicar el primer número de la REVISTA IBÉRICA saludamos á nuestros colegas con el afectuoso respeto que el recluta debe al veterano. Nos proponemos formar una revista de política, lite ratura, ciencias y artes, en la cual, cada uno de estos epígrafes enuncie trabajos de actualidad escritos por per- somas de reconocido talento en los asuntos que les sean en- comendados. Procuraremos, en lo posible, que nuestras coumnas reflejen el movimiento intelectual de todo el mundo culto, para cuyo empeño contamos entre nuestros colaboradores, además de gran número de distinguidos escritores de Es- paña, inteligentes corresponsales en el extranjero, que des- de la próxima quincena empezarán a remitirnos sus tra- bajos. Deseamos, asimismo, contribuir, por medio de una crítica, tan severa como cortés, y la publicacion de bellas producciones, al renacimiento desde hace algunos años viene iniciándose en la literatura de nuestra patria. Los problemas políticos y sociales que más preocupan á estadistas y pensadores, los libros importantes que se publiquen, los congresos científicos que se celebren y cuan- tas producciones del ingenio humano vean la luz, serán objeto preferente de atencion para nosotros. No desconocemos que es imposible realizar de una vez tales proyectos. La REVISTA IBÉRICA ha pasado en muy pocos dias de deseo á realidad. Los obstáculos que una publicacion de este género ofrece, son comparables á los granos de arena, que cada uno aislado no entorpeceria la marcha del caminante; pero muchos juntos constituyen un pavimento deleznable, más fatigoso que trepar por altas montañas. Sirva, pues, el boceto que hoy publicamos, como muestra, no más, de un buen propósito. Hasta aquí las promesas. El público será juez inape- lable de nuestro comportamiento. ------------------------------------------------------ 31 DE MARZO. Destinada esta primera plana á consignar como en cámara fotográfica, en reducidas proporciones, si faltas de colorido exactas en las líneas, la semblanza política de la quincena, séanos permitido consagrarla hoy en parte, á pronunciar votos de adhesion al entusiasmo con que gran numero de nuestros más distinguidos lite- ratos ha festejado al insigne novelista Perez Galdós. Se ha demostrado por primera vez en la España de nuestros días, que en pocos años puede un hombre de génio igualar en popularidad y prestigio á cuantos por las tortuosas sendas de la política han logrado alcanzar más renombre. Era cosa reservada á la hidalguía española, reunir fraternalmente en un banquete, expléndido de entusias- mo, á personas acostumbradas á luchar diariamente en- tre sí por las impuras ambiciones de partido: Castelar, el primero de nuestros tribunos; Echegaray, el más universal de nuestros escritores; Sellés, el gran drama- turgo que con valor á toda prueba se propone moderni- zar el carácter de nuestro Teatro, y Cánovas, el gran es tadista español, estaban allí presentes. Los calurosos brindis pronunciados, fueron prueba de que todos sentian de veras lo que en nombre de la reunion dijo el Sr. Castelar: "Que la gloria de un génio no eclipsa, antes bien, ilumina la inspiracion de otros ingénios." La elocuente palabra del Sr. Madariaga y la presen- cia de otros militares distinguidos, completaban el ca- rácter nacional del banquete. Casi todos los periódicos de Madrid y muchos de provincias y del extranjero, estuvieron brillantemente representados por sus redactores. La REVISTA IBÉRICA, todavía en proyecto, lo estuvo por todos los suyos, resi- dentes en Madrid, y por los telegramas que se leyeron de algunos que viven fuera. La modestia incomparable del autor de los Episodios nacionales y las Novelas contemporáneas, fue estímulo poderoso para despertar el deseo de asociarse á tan me- recida manifestacion, en personas tan incapaces de con- tribuir á falsas reputaciones como dispuestas á ensalzar el verdadero mérito. Bástenos hoy repetir al Sr. Perez Galdós la expre- sion sincera de nuestra admiracion y respeto. --------- 2 REVISTA IBÉRICA. EL INDULTO. - De cuantas mujeres enjabonaban ropa en el lavadero público. ateridas por el frio cruel de una mañana de Marzo, Antonia, la asistenta era la más encorvada, la más abatida, la que torcia con menos brio, la que refregaba con mayor desaliento; á veces, interrumpiendo su labor, pasábase el dorso de la mano por los en- rojecidos párpados, y las gotas de agua y las burbujas de jabón parecian lágrimas sobre su tez marchita. Las compañeras de trabajo de Antonia la miraban compasivamente, y de tiempo en tiempo, entre la algarabia de las conversacio- nes y disputas, se cruzaba un breve diálogo. á media voz, entretejido con exclamaciones de asombro, indignación y lástima. Todo el lava- dero sabia al dedillo los males de la asistenta, y hallaba en ellos asunto para interminables comentarios: nadie ignoraba que la infeliz, casada con un mozo, carnicero, residia, años antes, en compañía de su Madre y de su ma- rido, en un barrio extramuros, y que la fami- lia vivía con desahogo, gracias al asiduo tra- bajo de Antonia y á los cuartejos ahorrados por la vieja en su antiguo oficio de revende- dora, baratillera y prestamista. Nadie habia olvidado tampoco la lugubre tarde en que la vieja fué asesinada, encontrándose hecha asti- llas la tapa del arcón donde guardaba sus cau- dales y ciertos pendientes y brincos de oro; nadie, tampoco, el horror que infundió en el público la nueva de que el ladrón y asesino no era sino el marido de Antonia, segun ésta misma declaraba, añadiendo que desde mucho atrás roía al criminal la codicia del dinero de su suegra, con el cual deseaba establecer una tablajería suya propia. Sin embargo, el acu- sado hizo por probar la coartada, valiéndose del testimonio de dos ó tres amigotes de ta- berna, y de tal modo envolvió el asunto, que en vez de ir al palo, salió con veinte años de cadena. No fué tan indulgente la opinión como la ley: además de la declaración de la esposa, habia un indicio vehementísimo; la cuchillada que mató á la vieja, cuchillada certera y lim- pia, asestada de arriba abajo, como la que los matachines dan á los cerdos, con un cuchillo ancho y afiladísimo de cortar carne. Para el pueblo, no cabia duda de que el culpable debió subir al cadalso. Y el destino de Antonia co- menzó á infundir sagrado terror, cuando fué esparciéndose el rumor de que su marido se la habia jurado para el dia en que saliese de pre sidio, por acusarle. La desdichada quedaba en cinta, y el asesino la dejó avisada de que, á su vuelta, se contase entre los difuntos. Cuando nació el hijo de Antonia, ésta no pudo criarlo; tal era su debilidad y demacra- ción y la frecuencia de las congojas que desde el crimen la aquejaban, y como no le permitia el estado de su bolsillo pagar ama, las mujeres del barrio, que tenian niños de pecho, dieron de mamar por turno á la criatura, que creció enclenque, resintiéndose de todas las angustias de su madre. Un tanto repuesta ya, Antonia se aplicó con ardor al trabajo, y aunque siem- pre tenían sus mejillas esa azulada palidez que se observa en los enfermos del corazón, reco- bró su silenciosa actividad, su aire apacible. ¡Veinte años de cadena! En veinte años, pensaba ella para sus adentros, él se puede morir o me puedo morir yo, y de aqui allá falta mucho. La hipótesis de la muerte natural no la asustaba; pero la espantaba imaginar sola- mente que volvía su marido. En vano las cari- ñosas vecinas la consolaban, indicándole la esperanza remota de que el inícuo parricida se arrepintiese, se enmendase, ó. como decian ellas, se volviese de mejor idea: meneaba An- tonia la cabeza entonces, murmurando som- briamente: -¿Eso él? ¿de mejor idea? Como no baje Dios del cielo en persona y le saque aquel co- razón perro y le ponga otro... Y, al hablar del criminal, un escalofrio corria por el cuerpo de Antonia. En fin, veinte años tienen muchos días, y el tiempo aplaca la pena mis cruel. Algunas veces, figurábasele á Antonia que todo lo ocur- rido era un sueño, ó que la ancha boca del presidio que se habia tragado al culpable no lo devolveria jamás, ó que aquella ley, que al cabo supo castigar el primer crímen, cabria prevenir el segundo. ¡La ley! Esa entidad mo- ral, de la cual se formaba Antonia un con- cepto misterioso y confuso, era sin duda fuerza terrible, pero protectora, mano de hierro que la sostendria al borde del abismo. Así es que á sus ilimitados temores se unia una confianza indefinible, fundada sobre todo en el tiempo trascurrido, y en el que aún faltaba para cum- plirse la condena. ¡Singular enlace el de los acontecimientos! No creeria de seguro el rey, cuando vestido de capitan general y el pecho cargado de con- decoraciones, daba la mano ante el ara á una princesa, que aquel acto solemne costaba amarguras sin cuento á una pobre asistenta, en lejana capital de provincia. Cuando Anto- nia supo que habia recaido indulto en su es- poso, no pronunció palabra, y la vieron las ve- cinas sentada en el umbral de la puerta, con las manos cruzadas, la cabeza caída sobre el pecho, mientras el niño, alzando su cara triste de criatura enfermiza, gimoteaba: -Mi madre... ¡Caliénteme la sopa, por Dios, que tengo hambre! REVISTA IBÉRICA.3 El coro benévolo y cacareador de las veci- nas rodeó á Antonia: algunas se dedicaron á arreglar la comida del niño, otras animaban á la madre del mejor modo que sabian. Era bien tonta en afligirse así. ¡Ave María Purísima! ¡No parece sino que aquel hombrón no tenia más que llegar y matarla! Habia gobierno, gracias á Dios, y audiencia, y serenos; se podia acu- dir á los celadores, al alcalde... -¡Qué alcalde! decía ella con hosca mirada y apagado acento. -O al gobernador, ó al regente, ó al jefe de municipales; habia que ir á un abogado, saber lo que dispone la ley... Una buena moza, casada con un guardia civil, ofreció enviar á su marido para que le metiese un miedo al picarón; otra, resuelta y mo- rena, se brindo á quedarse todas las noches á dormir en casa de la asistenta; en suma, tales y tantas fueron las muestras de interés de la vecindad, que Antonia se resolvió á intentar algo, y sin levantar la sesión, acordóse con- sultar á un jurisperito, á ver qué recetaba. Cuando Antonia volvió de la consulta, más pálida que de costumbre, de cada tenducho y de cada cuarto bajo salían mujeres en pelo á preguntarle, y se oían exclamaciones de hor- ror. ¡La ley, en vez de protegerla, obligaba á la hija de la víctima á vivir bajo el mismo te- dio, maritalmente, con el asesino! ¡Qué leyes, divino Señor de los cielos! ¡Así los bribones que las hacen las aguantáran! clamaba indignado el coro. ¿Y no habrá algun remedio, mujer, no habrá algun remedio? -Dice que nos podemos separar... despues de una cosa que le llaman divorcio. -¿Y qué es divorcio, mujer? -Un pleito muy largo. Todas dejaron caer los brazos con desaliento: los pleitos no se acababan nunca, y peor si se acababan, porque los perdía siempre el ino- cente ,y el pobre. -Y para eso, añadió la asistenta, tenia yo que probar antes que mi marido me daba mal trato. ¡Aquí de Dios! ¿Pues aquel tigre no le ha- bia matado a la madre? ¿Eso no era mal trato, eh? ¿Y no sabian basta los gatos que la tenia amenazada con matarla tambien? -Pero como nadie lo oyó... Dice el abogado que se quieren pruebas claras... Se armó una especie de motin; habia muje- res determinadas á hacer, decían ellas, una exposición al mismísimo rey, pidiendo contra- indulto, y por turno, dormian en casa de la asistenta, para que la pobre mujer pudiese conciliar el sueño. Afortunadamente, el tercer dia llegó la noticia de que el indulto era tem- poral, y al presidiario aún le quedaban algu- nos años de arrastrar el grillete. La noche que lo supo Antonia fué la primera en que no se enderezó en la cama, con los ojos desmesura- damente abiertos, pidiendo socorro. Despues de este susto, pasó más de un año y la tranquilidad renació para la asistenta, consagrada á sus humildes quehaceres. Un dia, el criado de la casa donde estaba asistien- do, creyó hacer un favor á aquella mujer pá- lida, que tenia su marido en presidio, partici- pándole cómo la reina iba á parir, y habria in- dulto, de fijo. Fregaba la asistenta los pisos, y al oir tales anuncios soltó el estropajo, y descogiendo las sayas que tenia arrolladas á la cintura. salió con paso de autómata, muda y fria, como una estatua. A los recados que le enviaban de las casas, respondia que estaba enferma, aunque en realidad sólo experimentaba un anonada- miento general, un no levantársele los brazos á labor alguna. El dia del régio parto contó los cañonazos de la salva, cuyo estampido le resonaban dentro del cerebro, y como hubo quien le advirtió que el vástago real era hem- bra, comenzó á esperar que un varon traería más indultos. Además, ¿por qué le habia de coger el indulto á su marido? Ya le habian in- dultado una vez, y su crimen era horrendo; matar á la indefensa vieja que no le hacia. daño alguno, á su madre, todo por unas cuan- tas tristes monedas de oro. La terrible escena volvia á presentarse ante sus ojos: ¿merecía indulto la fiera que asestó aquella tremenda cuchillada? Antonia recordaba que la herida tenia los labios blancos, y parecíale ver la sangre cuajada al pie del catre. Se encerró en su casa, y pasaba las horas sentada en una silleta junto al fogon. ¡Bah! si habian de matarla, mejor era dejarse morir. Sólo la voz plañidera del niño la sacaba de su ensimismamiento. -Mi madre, tengo hambre. Mi madre, ¿qué hay en la puerta? ¿Quién viene? Por último, una hermosa mañana de sol, se encogió de hombros, y tomando un lío de ropa sucia, echó á andar camino del lavadero. A las, preguntas afectuosas respondia con lentos mo- nosilabos, y sus ojos se posaban con vago ex- travío en la espuma del jabón que le saltaba al rostro. ¿Quién trajo al lavadero la inesperada nue- va, cuando ya Antonia recogía su ropa lavada y torcida é iba á retirarse? ¿Inventóla alguien con un fin caritativo, ó fué uno de esos rumo- res misteriosos, de ignoto origen, que en vís- peras de acontecimientos grandes para los pueblos ó los indivíduos, palpitan y susurran en el aire? Lo cierto es que la pobre Antonia, al oírlo, se llevó instintivamente la mano al corazón, y se dejó caer hacia atrás sobre las húmedas piedras del lavadero. 4 REVISTA IBÉRICA. -¿Pero de veras murió? preguntaban las madrugadoras á las recien llegadas. -Si, mujer... -Yo lo oí en el mercado... -Yo en la tienda... -A tí quién te lo dijo? -A mí, mi marido. -¿Y á tu marido? -El asistente del capitan. -¿Y al asistente? -Su amo... Aquí ya la autoridad pareció suficiente, y nadie quiso averiguar más, sino que se dió por firme y valedera la noticia. ¡Muerto el crimi- nal, en vísperas de indulto, antes de cumplir el plazo de su castigo! Antonia la asistenta alzó la cabeza, y por vez primera se tiñeron sus mejillas de un sano color, y se abrió la fuente de sus lágrimas. Lloraba de gozo, y nadie de los que la miraban se escandalizó. Ella era la indultada; su alegría justa. Las lá- grimas se agolpaban á sus lagrimales, dila- tándole el corazon, porque desde el crímen se habia quedado cortada, es decir, sin llanto. Aho- ra respiraba anchamente. libre de su pesadilla. Andaba tanto la mano de la Providencia en lo ocurrido, que á la asistenta no le cruzo por la imaginacion que podia ser falsa la nueva. Aquella noche, Antonia se retiró á su casa más tarde que de costumbre, porque fué á bus- car á su hijo a la escuela de parvulos, y le compró rosquillas de ginete, con otras golosi- nas que el chico deseaba hacia tiempo, y am- bos recorrieron las calles, parándose ante los escaparates, sin gana de comer, sin pensar más que en beber el aire, en sentir la vida y en volver á tomar posesión de ella. Tal era el enajenamiento de Antonia, que ni reparó en que la puerta de su cuarto bajo no estaba sino entornada. Sin soltar de la mano al niño, entró en la reducida estancia que le servia de sala, cocina y comedor, y retrocedió atónita viendo encendido el candil. Un bulto negro se levantó de la mesa. y el grito que su- bia á los labios de la asistenta se ahogó en la garganta. Era él: Antonia, inmóvil, clavada al suelo, no le veia ya, aunque la siniestra imágen se reflejaba en sus dilatadas pupilas. Su cuerpo yerto sufría una paralisis momentánea; sus manos frias soltaron al niño, que aterrado se cogió á las faldas. El marido habló: -¡Mal contabas conmigo ahora! murmuró con acento ronco, pero tranquilo; y al sonido de aquella voz, donde Antonia creía oír vibrar aún las maldiciones y las amenazas de muer- te, la pobre mujer, como desencantada, exha- ló un ¡ay! agudísimo, y cogiendo á su hijo en brazos, echó á correr hacia la puerta. El hom- bre se interpuso. -¡Eh..... chst! ¿A dónde vamos, patrona? silabeó con su ironía de presidiario. ¿A alboro- tar el barrio á estas horas? ¡Quieto aquí todo el mundo! Las últimas palabras fueron dichas sin que las acompañase ningun ademan agresivo, pero con un tono que heló la sangre de Antonia. Sin embargo, su primer estupor se convertia en fiebre, la fiebre lúcida del instinto de con- servación. Una idea rápida cruzó por su men- te; ampararse del niño. ¡Su padre no lo cono- cía, pero al fin era su padre! Levantólo en alto y le acercó á la luz. -¿Ese es el chiquillo? murmuró el presidia- rio. Y descolgando el candil, llególo al rostro del chico. Este guiñaba los ojos, deslumbrado, y ponia las manos delante de la cara como para defenderse de aquel padre desconocido, cuyo nombre oia pronunciar con terror y re- probación universal. Apretábase á su madre, y ésta, nerviosamente, lo apretaba tambien, con el rostro mas blanco que la cera. -¡Qué chiquillo feo! gruñó el padre, col- gando de nuevo el candil. Parece que lo chu- paron las brujas. Antonia, sin soltar el niño, se arrimó á la pared, pues desfallecia. La habitación le daba vueltas alrededor, y veia unas lucecicas azu- les en el aire. -A ver, ¿no hay nada de comer aquí? pro- nunció el marido. Antonia sentó al niño en un rincón, en el suelo, y mientras la criatura lloraba de mie- do, conteniendo los sollozos, la madre comen- zó á dar vueltas por el cuarto, y cubrió la mesa con manos temblorosas: sacó pan, una botella de vino, retiró del hogar una cazuela de baca- lao, y se esmeraba, sirviendo diligentemente, para aplacar al enemigo con su celo. Sentóse el presidiario y empezó á comer con voraci- dad, menudeando los tragos de vino. Ella per- manecia de pie, mirando, fascinada, aquel ros- tro curtido, afeitado y seco que relucia con ese barniz especial del presidio. Él llenó el vaso una vez más, y la convidó. -No tengo voluntad... balbuceó Antonia; y el vino, al reflejo del candil, se le figuraba un coagulo de sangre. -Él lo despachó encogiéndose de hombros, y se puso en el plato más bacalao, que engulló ávidamente, ayudándose con los dedos y mas- cando grandes cortezas de pan. Su mujer le miraba hartarse, y una esperanza sutil se in- troducia en su espíritu. Así que comiese se marcharia sin matarla; ella, despues, cerraria á cal y canto la puerta, y si quería matarla entonces, el vecindario estaba despierto y oiría sus gritos. ¡Solo que probablemente le seria imposible á ella gritar! Y carraspeó para afian- zar la voz. El marido, apenas se vió saciado REVISTA IBÉRICA.5 de comida, sacó del cinto un cigarro, lo picó con la uña y encendió sosegadamente el piti- llo en el candil. -¡Chst!... ¿A dónde vamos? gritó, viendo que su mujer hacia un movimiento disimulado hácia la puerta. Tengamos la fiesta en paz. -A acostar el pequeño, contestó ella sin sa- ber lo que decia; y refugióse en la habitacion contigua, llevando á su hijo en brazos. De se- guro que el asesino no entraria allí. ¿Cómo habia de tener valor para tanto? Era la habi- tacion en que habia cometido el crimen , el cuarto de su madre: pared por medio dormía antes el matrimonio; pero la miseria, que si- guió á la muerte de la vieja, obligó á Antonia a vender la cama matrimonial y usar la de la difunta. Creyéndose en salvo, empezaba á des- nudar al niño, que ahora se atrevia á sollozar más fuerte, apoyado en su seno; pero se abrió la puerta y entró el presidiario. Antonia le vió echar una mirada oblicua en torno suyo, descalzarse con suma tranquilidad, quitarse la faja, y por último, acostarse en el lecho de la víctima. La asistenta creía soñar; si su marido abriese una navaja, la asustaría ménos quizá que mostrando tan horrible so- siego. Él se estiraba y revolvía en las sábanas, apurando la colilla y suspirando de gusto, como hombre cansado que encuentra una cama blanda y limpia. -¿Y tú, exclamó dirigiéndose á Antonia, ¿qué haces ahí quieta como un poste? ¿No te acuestas? -Yo... no tengo sueño, tartamudeó ella, dando diente con diente. -¿Qué falta hace tener sueño? ¿Si irás á pasar la noche de centinela? -Ahí... ahí... no... cabemos... Duerme tú... Yo aquí, de cualquier modo... El soltó dos ó tres palabras gordas. -¿Me tienes miedo ó asco, ó qué rayo es esto? A ver cómo te acuestas, ó si no... Incorporóse el marido, y extendiendo las manos, mostró querer saltar de la cama al suelo. Mas ya Antonia, con la docilidad fata- lista de la esclava, empezaba á desnudarse. Sus dedos apresurados rompían las cintas, ar- rancaban violentamente los corchetes, desgar- raban las enaguas. En un rincón del cuarto se oían los ahogados sollozos del niño. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Y el niño fué quien, gritando desesperada- mente, llamó al amanecer á las vecinas, que encontraron á Antonia en la cama, extendida, como muerta. El médico vino aprisa, y de- claró que vivía, y la sangró, y no logró sa- carle gota de sangre. Falleció á las veinticua- tro horas, de muerte natural, pues no tenía lesion alguna. El niño aseguraba que el hom- bre que habia pasado allí la noche la llamó muchas veces al levantarse, y viendo que no respondia, echó á correr como un loco. Emilia Pardo Bazan. ------- IDEAS SOBRE EL TRABAJO -- Apuradillo me encuentro entre el deseo de corresponder á la cortés invitacion del Direc- tor de esta REVISTA y el temor de introducir un cardo en un ramillete vistosísimo de flores. Porque tal y tan peregrino tengo para mí que es el ingénio de todos los escritores y ar- tistas llamados á redactarla, que sin embargo de anunciarse como científica, además de lite- raria y artística, voy tal vez á desentonar el cuadro con un trabajo falto de las amenas, vis- tosas y peregrinas galas á que por índole, por tradicion y por gusto, están los españoles acostumbrados. No todo puede ser en esta vida soñar y can- tar, por más que haya pueblos á quienes pu- diera aplicarse sin sombra alguna de injusti- cía la fabulita de la hormiga y la cigarra. Por ende, pues, atrévome á reclamar un rin- concito para decir algo prosáico y humilde, digno de vulgarizarse si no querernos que el canto alegre se apague en sollozo triste por fuerza de inanicion. Bien se nos alcanza que no sólo de pan vive el hombre, pero ¿quién puede existir sin pan? Por otro lado ¡es tan grande el desconoci- miento de la armonía del Cosmos! ¡Tan gran- de la ignorancia de los tesoros de poesía que la ciencia encierra! ¡Tan grandes las tinieblas que nos ocultan las fuentes de nuestra acti- vidad y la misteriosa elaboracion del senti- miento y de la idea en los recónditos y com- plicados senos de la vida individual y de las humanas sociedades! La ciencia, el arte, la civilizacion, todos esos inapreciables dones que endulzan y enno- blecen la existencia, son flores y frutos de la actividad humana, en ella nacen, con ella se desenvuelven y crecen. ¿habrá algun ramo del saber que alcance preeminencia sobre el conocimiento de lo que es esa actividad, los elementos que la constituyen, la ley de su desenvolvintiento armónico, la manera de cumplir esta ley y los medios de facilitar su evolucion sin entorpecerla ó contrariarla? Un hecho salta á la vista en el estudio de la historia: el hombre, por la virtud de su trabajo, ha logrado convertir á la naturaleza exterior, esa madrastra del salvaje, en madre cariñosa y próvida. ¿Cómo lo ha logrado? ¿Cuáles son los procedimientos merced á cuya eficacia he- mos conseguido transfigurar todo cuanto era en un principio peligro, dolor, angustia, en 6 REVISTA IBÉRICA. satisfaccion y tranquilidad á fin de poder pen- sar y sentir? ¿A qué debemos las ventajas de la civilizacion moderna, los triunfos del de- recho sobre la fuerza, el incremento del saber, la mejora en las costumbres y la general cul- tura, cuyas ondas invaden ya esas regiones sociales inferiores, morada en siglos pasados del dolor, de la ignorancia, del vicio y de la desesperacion? La actividad humana consta de tres ele- mentos que entran en distintas proporciones á constituir el trabajo de cada individuo, á saber: l.º, los fenómenos orgánicos o físicos; 2.º, los fenómenos de sensibilidad; 3.º, los fe- nómenos intelectuales. Es decir, que el sér humano despliega su actividad por medio de tres órdenes de mani- festaciones que no pueden confudirse; es decir, que el hombre vive y produce por una serie compleja de movimientos físicos o mate- riales, de movimientos sensibles ó sentimen- tales y de movimientos intelectuales ó imagi- nativos. Todos los pueblos, de todas las épocas, han reconocido esta misteriosa trinidad de nuestro ser, consignándola y consagrándola en las innumerables expresiones, por medio de las cuales distinguieron cuidadosamente, así en su poesía y de su arte como en su ciencia, el cuerpo (recinto de la sensacion), del cerebro (alcázar de la idea) y del corazon (fuente vivaz del sentimiento). De todos estos movimientos, los físicos mus- culares nos rinden y fatigan cruelmente. Cuando predominan sobre los demás, ni dejan vuelo á la inteligencia, ni campo libre al sen- timiento, y de aquí que nos embrutezcan, nos degraden y nos repugnen. ¿Qué extraño, pues, que desde la más re- mota antigüedad buscasen los hombres ins- tintivamente, con afan, los medios de redi- mirse de la fatiga corporal y del trabajo me- cánico? Logrólo el hombre primitivo con la apropia- cion del fuego y del hierro, domesticando á los primeros brutos y tambien ¡ay! echando sobre el esclavo el peso de las tareas manuales. Despues hizo trabajar al viento sobre la vela de la nave; más tarde inventó el molino en pos del cual vinieron ese sin número de máquinas sin cuya providencial intervencion, ni el es- clavo se hubiese redimido, ni la ciencia nos iluminaría, ni el derecho estaria en camino de realizarse. Bien lo comprendió hace más de dos mil años la poderosa inteligencia de Aristóteles cuando, desesperando de la posibilidad de abolir la esclavitud. decía que los hombres no serian todos libres "hasta que la lanzadera y el buril anduvieran solos." El atraso de su tiempo no le permitió ni siquiera vislumbrar la posibilidad de unas conquistas familiares en el siglo XIX. Hoy se mueven la lanzadera y el buril sin reclamar el esfuerzo de nuestros músculos, y hoy, efectivamente, los hombres comienzan á gozar de libertad y á considerar á sus semejantes como hermanos. Luego el trabajo humano no es el que era. Luego ha sufrido una transformacion. Si no trabajan ya los hombres con su cuerpo tanto como trabajaban, si el trabajo mecánico se ejecuta mediante la apropiacion de la fuerza cósmica, si hay un número infinitamente ma- yor gozando de respiro para pensar, y pien- san, si todos sienten de un modo más análogo y abrigan la esperanza de armonizar sus sen- timlentos con el tiempo, á la luz de la verdad, seria temerario negar que la actividad hu- mana ha sufrido modificaciones, producto de una evolucion. En nuestros libros y en variados tonos he- mos historiado esta evolucion, y hemos de- mostrado sus eternas leyes. En este rapidísimo boceto no podemos sino recordar las verdades que de semejante estudio se deducen y algu- nas de sus consecuencias. La vida social guarda perfecta analogía con la de los individuos que la componen, y de ella nace y depende. Del propio modo que el niño obedece en los primeros dias de su exis- tencia á las necesidades emanadas de la sen- sacion, así los pueblos en su infancia hubie- ron de atender exclusivamente á satisfacer el hambre, á abrigarse y albergarse. Viene en- seguida un periodo en que la imaginacion se desenvuelve, y en que los pueblos, como los niños, van recibiendo impresiones, atesorando imágenes, perfeccionando y ensanchando la facultad de retenerlas y de combinarlas, evo- cando á voluntad otras. que son las resultan- tes de aquellas combinaciones y recuerdos. En este periodo, todo en la vida y en la histo- ria es esencialmente imaginativo, y el senti- miento lozano, libre y sin freno, lo mismo da lugar á todos los extravios de la pasion como produce los arranques sublimes del genio ó del heroismo. Cuando toca la imaginacion á su plenitud, á medida que la va alcanzando, surje la razon débil y vacilante en un principio, mas segura y hasta soberbia despues. Pero en todo este proceso el hombre y las sociedades caminan hácia una existencia más amplia y noble, sin tiendo necesidades crecientes, cuya satisfac- cion es siempre el poderoso estímulo de una actividad fecunda. La sentencia del Doctor Angélico "La vida es un movimiento fecundo," tiene más pro- fundidad de lo que á primera vista pudiera pre- sumirse. REVISTA IBÉRICA.7 Durante este tercer periodo viril y racional, el sentimiento , ya ménos avasallador, co- mienza á refrenar sus ímpetus con los recuer- dos de la experiencia; á la luz de la razon y su fuerza, perennemente motriz, se modera y se regula. Entonces es cuando la moral toma carácter determinado en la conciencia, y cuando las necesidades materiales, intelec- tuales y sentimentales se pueden satisfacer en perfecto equilibrio y armonía, para que el hombre individual alcance el más alto grado de desarrollo posible, dentro de la sociedad de que forma parte, ó para que la nacion goce de la mayor suma de riqueza, de poder y de cultura á que se puede aspirar en un momento histórico determinado. Ahora bien; ¿cómo, de qué modo y en qué órden han realizado y realizan los pueblos este gradual desenvolvimiento desde su infancia á su virilidad? ¿Por cuáles conquistas sucesivas han llegado desde la barbarie á la civilizacion? ¿A qué ley natural obedece la total evolucion? Enunciaremos esta ley que entraña la defi- nicion de muchas palabras, origen de disputas y discordias. La satisfaccion de nuestras necesidades físi- cas, intelectuales y sentimentales, es el agui- jon constante que nos impele al desenvolvi- miento de nuestro sér, ó si se quiere al pro- greso. Por eso cuando el hombre satisface las exi- gencias de su cuerpo, la curiosidad de su ce- rebro y las aspiraciones de su corazon, se sien- te feliz. Por eso padece malestar mientras algo estorba la satisfaccion de estos tres ordenes de necesidades en la medida de su intensidad. He aquí explicada de una vez la profunda sentencia de Renan: "El gran agente de la "marcha del mundo es el dolor, el sér descon- "tento, el sér que desea desarrollarse y no se "encuentra á gusto para desarrollarse. El bien- "estar engendra la inercia; el malestar es el "principio del movimiento." Un solo medio legítimo tenemos á nuestro alcance para mitigar momentáneamente el males- tar producido por la incompleta satisfaccion de nuestras necesidades, ó por su total caren- cia de satisfaccion. Este medio es la lucha eter- na, ardiente, titánica, contra los obstáculos exteriores opuestos á nuestro desarrollo por la naturaleza, y contra los obstáculos internos, sembrados por nuestra ignorancia y nuestras pasiones en los momentos más críticos de la lucha por la vida. Y decimos de mitigar momentáneamente el mal- estar que nos devora, porque las necesidades del hombre no tienen término ni límite, nacen unas de otras, crecen en progresion casi geo- métrica, y su renovacion y multiplicacion con- vierten la vida humana en ese tormento in- aplicable del inmortal Prometeo, sujeto sobre una roca y con las entrañas roidas por un in- saciable buitre. Para vencer los obstáculos así interiores como exteriores, se agita el hombre con su cuerpo, con su cerebro y con su corazon, y esta agitacion continua, este complejo tejido de movimientos corporales y espirituales, es lo que científicamente deberíamos llamar tra- bajo. De aquí se deduce la tan repetida cuan tor- pemente interpretada máxima de que el traba- jo es la fuente de toda riqueza , de toda ilus- tracion, de toda moralidad. Todo hombre que ejecuta fructuosamente los movimientos de sus músculos para producir riqueza material, el trigo, la tela, la máquina o la choza; todo hom- bre que ejercita los movimientos de su cere- bro y produce la riqueza intelectual, define las leyes naturales, aquilata la historia, informa el derecho, crea la teoría y la ciencia; todo hombre que ejercita los movimientos senti- mentales de su corazon en socorrer al desva- lido, animar al débil, corregir al vicioso, rea- lizar el reinado de la moral y del amor, todos estos hombres en lucha por lo útil, lo verda- dero, lo bello ó lo bueno trabajan, son obreros en la grande obra, si bien no puede decirse que ni ahora, ni luego, ni despues, sean todos iguales, alcancen los mismos méritos, merez- can idénticas recompensas. Con solo analizar y comprender estas senci- llísimas verdades ¡cuánta armonía reinára en las relaciones de los hombres! ¡Cuántas dispu- tas, odios y rencores no se borrarian entre obreros y capitalistas, entre los ricos y los pobres! Si hemos de destruir el comunismo y el so- cialismo, de cátedra ó de taller, esta es el arma: la definicion del trabajo humano, la ex- posicion de sus leyes eternas é inquebran- tables. ¿Cuál es ahora el órden natural y lógico de desenvolverse cada una de las tres clases de movimientos que constituyen nuestra activi- dad? ¿Cómo y en qué sueesion se han desen- vuelto en la historia? Lo diremos desde luego. Como regla general, puede decirse que un ideal no se realiza, que la humanidad no con- sigue recoger el fruto columbrado anticipada- mente por el génio, sino cuando el adelanto material, la conquista sobre la materia ha pro- vocado la actividad de la inteligencia, facili- tando al propio tiempo la realizacion práctica de sus aspiraciones; que despues del adelanto material y del adelanto intelectual, correlativo y paralelo, aparece el adelanto sentimental, la depuracion y extension del sentimiento, y que sólo cuando el hombre HA HECHO, piensa más y siente mejor, es cuando se encuentra 8 REVISTA IBÉRICA. en condiciones de moralidad y cuando pueden arraigar y florecer el derecho y la moral entre los pueblos. Para que el pastor interrogara, pensando, las estrellas de los cielos, hubo de domesticar antes su rebaño y despues de lograr con ello ratos de ócio para pensar, y despues de haber pensado, pudo y supo encariñarse con sus ser- vidores, abrir su corazon á una afectuosa sim- patía, á una cariñosa prevision para preparar poco á poco su conciencia al culto del derecho y del deber. Suprimid nuestros molinos hari- neros, y antes de trascurrido mucho tiempo volverán á gemir en las familias aquellas es- clavas de que nos habla Homero en su Odisea, como de agentes indispensables para moler el trigo y amasar y cocer el pan de cada dia. No hay una sola conquista social, cuya existencia y solidez no dependa de un adelanto material que haya redimido al hombre de una suma de trabajo corporal y de su fatiga, reducido el espacio, suprimido el tiempo, alargado su existencia. Destruidlas todas, y volveremos al sistema nefando de la esclavitud. Hoy mismo ofrécense fenómenos sociales a nuestra consi- deracion, atribuidos por muchos á teorias filo- sóficas, pero que, sin embargo, permanecerian estériles en estado de utopias dentro del libro ó del cerebro del penador, si no fuese por las valiosas conquistas llevadas á cabo en nuestro siglo sobre la fuerza y materia cósmicas. Vaya un ejemplo: Todavía en el siglo pasado considerábanse utopias, cuando no imposibles, aquellas for- mas de gobierno en las cuales el pueblo de una gran nacion ejerciera directamente, por sí, la mayor parte de la soberanía. Alegaban publicistas de la talla de Montesquietr que una poblacion numerosa y diseminada por extenso territorio, no podia obrar en momentos críti- cos con la unidad y rapidez exigida á cada paso, y deducian de aquí que solo en las pe- queñas repúblicas antiguas y gracias al escaso número de sus hombres libres, la forma repu- blicana habia podido ser practicada durante más ó ménos tiempo. Hoy tenemos á la vista un ejemplo de la paz, la unidad y la riqueza asequibles dentro de una gran nacion cuyos siete ú ocho millones de electores pudieron manifestar su voto en ocasion reciente, y en el trascurso de doce horas, con mayor desem- barazo que jamás en otro tiempo lo hicieron los ciudadanos de Atenas congregados en su Agora. Por contraposicion tenemos una nacion ve- cina á la Francia, en donde por no haberse cumplido la evolucion ni comprado las con- quistas (que ahora se apropia de golpe), con el estudio de la naturaleza y el culto á la ra- zon, adviértese un desequilibrio en todo, una perturbacion continua, en medio de la cual ni los poderosos instrumentos de la civilizacion funcionan como de otras partes, ni se comple- tan con los otros múltiples que debieron pre- cederles, ni existe para su custodia y conser- vacion aquel desarrollo intelectual que les me- jora y adapta á las necesidades del país, ni aquel cariño egoista que sirve para respetar- les y defenderles. El ciclo inaugurado por el vapor y la elec- tricidad, comienza á ofrecer sus frutos. A se- mejanza de los remotos ciclos que pudiéramos llamar del fuego, del hierro, del arado, de la nave, del molino, los ciclos modernísimos de la pólvora y de la imprenta trajeron consigo al mundo la igualdad ante el derecho civil y ante la instruccion. ¿Quién será capaz de cal- cular las consecuencias de la casi total supre- sion del tiempo, de esos asomos de ubicuidad del pensamiento, de esas maravillas presenti- das en vista de los adelantos materiales de la locomotora y del telégrafo. Reconocen ya los políticos la influencia de semejantes factores sobre sus planes y pro- yectos; pero aún falta mucho para darles su verdadero valor en la obra de la civilizacion y del progreso. Desde los tiempos más remotos hasta nues- tros mismos días ha sido y es opinion gene- ral, que la ciencia de la naturaleza, con todas sus utilísimas aplicaciones, debe considerarse como la sierva de otras llamadas ciencias mo- rales y políticas, porque así como Platon de- cia de un geómetra inventor de cierta máqui- na "que corrompia la geometría haciéndola "perder su dignidad al obligarla como escla- "va á descender de las cosas inmateriales á "los objetos corpóreos y sensibles," así suelen menospreciar nuestras inveteradas preocupa- ciones heredadas, aquello mismo en cuyo seno grosero germinan por modo misterioso lo ver- dadero y lo bello. Sierva será, por la ley de la costumbre la ciencia que somete fuerza y materia al impe- rio de nuestra voluntad: pero, plagiando el dicho de Kant, á propósito de las relaciones entre la filosofía y la teología, diremos á nues- tra vez que la sierva no sigue á sus señoras para llevarlas la cola, sino que va delante de ellas, con una antorcha encendida, á fin de que vean el camino, no tropiecen ni se des- carrien, y puedan discurrir cuerdamente acer- ca de cuanto les rodea y aspiran á investigar. Y si no ¿por qué cambian y renuevan la filo- sofía y la política el fondo de sus concepcio- nes y de sus procedimientos, cuando esa que consideran como su criada las pone al tanto de las leyes superiores del universo, y las obli- ga á corregir sus teorías bajo la férula de nue- vos criticismos? REVISTA IBÉRICA.9 Una revolucion en las ideas se ha iniciado ya con valentía en todas las naciones cultas. En ninguna, sin embargo, conviene tanto la enseñanza del nuevo concepto de nuestra mi- sion sobre el planeta y de los medios legíti- mos de realizarla, como en nuestra noble Es- paña, dada de suyo á. la ideología y presa de los resabios de tres siglos de errores quijotes- cos, fomentados por un aislamiento intelectual intransigente. De aquí que nos hayamos atre- vido á lanzar algunas notas discorlantes en el perenne concierto de ilusiones que constituye nuestra existencia nacional, y de aquí que concluyamos este artículo con las siguientes proposiciones, como base inquebrantable de toda prosperidad y grandeza. La riqueza material es el bien más despre- ciable de este mundo. Antes que ella están la salud, el saber, la paz del alma y hasta la be- lleza. Pero los bienes materiales, el capital en todas y cualesquiera de sus formas son los ci- mientos de todo, como los cimientos feos, gro- seros y soterrados de los edificios, son el sus- tentáculo sin el cual no existirian. Sobre la riqueza material puede el hombre levantar un templo ó un lupanar, un calabozo ó un museo; pero sin la riqueza, sin el capital no hay que pensar en poseer ni templo, ni lupanar, ni ca- labozo, ni museo. Este cimiento de toda institucion humana sólo puede conseguirse con el trabajo armóni- co fructuoso, ejercitando, así individuos, como pueblos, su trabajo físico, intelectual y senti- mental en producir más de lo que se consuma. Todo adelanto material, toda conquista so- bre la naturaleza exterior prepara, provoca ó facilita un adelanto intelectual correlativo con una rectificacion del sentimiento, y ser rico, y ser inteligente y sentir hondo, recto y cuer- do, es estar en condiciones para ser moral. Si poneis á la gran mayoría de los hombres en el duro trance de optar entre su estomago ó su conciencia, sucumbirá esta última, porque las almas de excepcion son tan raras como he- róicas. El progreso se compone de un número infi- nito de pequeitos ciclos, con cuya malla se constituyen otros ciclos ménos numerosos y más comprensivos; pero todos ellos constan de un adelanto material, otro intelectual y otro afectivo. Es una repercusion continua en que el elemento sensitivo provoca el movimiento, el intelectual le dirige y le regula, y el mate- rial mecánico ejecuta. Gracias á esta integracion compleja de des- envolvimientos materiales y espirituales, el sér humano se transfigura poco a poco desde el bípedo salvaje que se confunde con otros animales, y á veces es inferior á muchos de ellos, hasta el ciudadano pensante y sintiente, en cuyo cerebro cabe el proceso de la creacion y cuyo corazon rebosa de noble y justiciera sim- patía. La evolucion total histórica se puede redu- cir á una incesante redencion del trabajo de la bestia, aceptando virilmente, como precio de la redencion, la fatiga intelectual del pensa- miento, junto con el sacrificio de la pasion egoista en aras del amor clarividente é infinito. La libertad, ese ídolo predilecto de los tiem- pos modernos, no puede ser absoluta, sino re- lativa, mediante cumplimiento de deber; no es un medio, sino un fin. Es un ideal cuya conquista gradual tiene su precio ineludible, porque en términos claros, precisos y científi- cos, es libre quien puede satisfacer con ám- plios recursos todas sus necesidades físicas, in- telectuales y sentimentales, sin estorbos y sin cortapisas. Por eso es evidente que pueden haber exis- tido unos cuantos hombres libres, áun en épo- cas de tiranía, y que su número aumente con la riqueza y el saber; por eso no gozarán de li- bertad en la produccion y en los cambios (li- bertad económica); de libertad en la emision y comunicacion del pensamiento (libertad filosó- fica); de libertad de sentir y de manifestar sus creencias (libertad religiosa), sino aquellos pue- blos que por haberse apropiado grandes can- tidades de fuerza, trabajen poco con sus cuer- pos y mucho con sus cerebros para acrecentar indefinidamente su capital, y que al ser ricos y sentirse sabios, comprendan los inefables encantos de la suprema belleza, reflejo de la bondad y de la verdad. Meliton Martin. ---- EL JURADO. -- Siendo el jurado una institucion más jurí- dica y social que política, aunque determi- nadas agrupaciones de este género le proclamen como si fuese uno de los artículos de su dogma, nunca seria bien tratada por los que se ins- piran en el que puede calificarse el menor ó el último de los sentimientos humanos. No hay discusion templada ni despreocu- pada donde asoma siquiera el interés político, y es casi imposible obtener una solucion acep- table para todos, cuando un partido la propone y otros la impugnan. Ciñéndonos, pues, al sentido moral del ju- rado, olvidando el político y atendiendo úni- camente á las probabilidades de acierto que, cada teoría entraña, no podemos ménos de recordar los funestos resultados que, más de una vez, ha producido esa diferencia de atri- buciones y funciones entre jurados y magis- 10 REVISTA IBÉRICA. trados, cuando se trata de formar un juicio tanto más exacto cuanto más concreto. Cierto es que, para la apreciacion de los hechos, basta la luz natural, y para la del mé- rito penal de los mismos, se necesita algun conocimiento del código; que aquélla se pre- sume siempre en los jurados, y éste no siem- pre es presumible; pero, si hemos de suponer que, por su propio decoro ,y por tranquilizar su conciencia, el juez lego ha de procurar ins- truirse en los rudimentos del derecho penal, lo mismo podrá servirle este ligero estudio para enjuiciamiento del hecho que para el del derecho ó aplicacion de la ley penal, ménos complicada que aquél. ¿Será, por ventura, más prolija y difícil la inteligencia de la penalidad señalada á los di- versos casos de lesiones corporales que la in- teligencia y discernimiento de las cualidades y circunstancias de los testigos, de las decla- raciones homogéneas y heterogéneas, de las que siendo muchas se reducen á una, porque de ella traen origen, y, siendo pocas, forman plena prueba por contraria razon? ¿Será más fácil el estudio de las reglas de hermenéutica, indispensables para interpretar rectamente la voluntad ó intencion de los cul- pables, y la naturaleza de los hechos, que su criminalidad con arreglo á una pauta cons- tante y exacta? Si se niega á un jurado la capacidad nece- saria para colocar un hecho en el punto que le esté destinado en el cuadro penal, no debe- rnos concedérsela para su imputacion á deter- minada persona, pues si lo uno exige algun conocimiento y manejo del código, lo otro ne- cesita un criterio recto, claro y despreocupado, una buena lógica natural y alguna práctica de negocios para no dejarse sorprender por apariencias ni por hipócritas manifestaciones y saber desentrañar los hechos estimando la verdadera importancia de las pruebas. Si se quiere comprender por medio de un ejemplo el peligro que envuelve la separacion de estas atribuciones y la aplicacion de di- versos criterios, sírvanos el célebre proceso del maestro de escuela de Ruzafa. No vamos á referirlo minuciosamente, sino á exponerlo con la oportuna brevedad. Era costumbre en aquella escuela sacar los niños y arrodillarlos en la calle cuando pasaba el Viático, y aquel maestro consideró suficiente hacer la ceremonia en el interior del edificio. Fué acusado de impiedad, y como alegara al- gunas razones para demostrar que á Dios le seria igual una manifestacion que otra, se in- hibió la justicia ordinaria del conocimiento del negocio, pasándolo á la eclesiástica. Esta calificó el hecho de herético y devolvió las actuaciones para que fuese castigado por el brazo secular, puesto que la Iglesia care- cia de tales facultades. El tribunal ordinario, viendo penado en la ley de Partida el delito de herejía con la hoguera, y estando abolido ya este suplicio, condenó á nuestro maestro nada ménos que á la horca, donde expió el horrendo crimen de hacer lo que hoy hacen los más or- todoxos, lo que se practica en todas las escue- las inclusos los seminarios. Ahora bien; si el obispo hubiera tenido que imponer la pena, ¿habria calificado con tanta ligereza el hecho? Y si el tribunal hubiera apreciado el hecho conociendo y teniendo que aplicar tan severa pena, ¿la habiera calificado de herejía? La experiencia ha de suministrar innumera- bles casos; pero concretándonos, por ahora, á los pasados, podemos asegurar que la division de juicios de hecho y de derecho no es conve- niente, bien se estudie la cuestion por su as- pecto filosófico, bien por el histórico, debiendo olvidar el político, que sólo vendria á desna- turalizarla convirtiéndola en arma de partido. Concretándonos al sentido práctico, el ju- rado tiene de malo, precisamente, lo que tiene. de atractivo para muchos, la novedad. Toda institucion nueva ha de introducir al- guna perturbacion; la del jurado, que de suyo es estrepitosa porque llama al foro multitud de personas ajenas á sus cuestiones, no podrá mé- nos de ser fuertemente censurada y atacada en todos sentidos. La ignorancia ó indiscrecion de algunos jueces, de hecho dará materia á muchas gacetillas, y no dejará de utilizarse la impericia de aquéllos por la habilidad de algunos defensores; pero si es inevitable esta consecuencia del noviciado en todas materias, debería dulcificarse no sólo por medio de la ins- truccion que los aficionados reciban presen- ciando juicios orales, sino sujetándoles á una práctica más efectiva y frecuente en los jui cios verbales de faltas, donde pudieran auxi- liar á los jueces con gran provecho de los in- teresados. En estos juicios si que se ilustrarían los legos sin molestia suya ni sacrificio alguno de las garantías de acierto que adornan á los le- trados, puesto que, sin esta cualidad obtienen muchos sugetos el cargo de jueces municipa- les. La residencia y el conocimiento personal de los testigos son circunstancias tan intere- santes en los que han de apreciar el mérito de sus declaraciones, que deberian bastar para no llamar á ejercer ese cargo sino á los veci- nos de los pueblos donde hayan tenido lugar los hechos, siendo ésta una condicion que se exigiria precisamente en los que hubieran de fallar juicios de faltas, se estableceria una ver- dadera escuela de jurados que algun dia ha- bria de producir excelentes jueces. REVISTA IBÉRICA.11 Las grandes reformas traen en si graves riesgos, porque anticipan la realizacion á la experiencia confiándolo todo á la bondad de la teoría; mas los pequeños ensayos con ménos riesgo suelen producir óptimos frutos. En ningun juicio hay ménos garantías para los interesados, que en los verbales de ambos géneros. Un juez, lego las más veces y hechu- ra de un cacique, en primera instancia, y otro juez más ilustrado, pero solo y absoluto, sin ulterior recurso en la segunda, componen todo el personal que ha de fallar cuestiones cuya importancia no puede medirse exacta- mente por su cuantía; pues á veces, una corta cantidad ó unos días de arresto, constituyen la ruina de una familia con todas sus funestas consecuencias. Ningun punto hay más flaco que este en nuestro enjuiciamiento, y á robtustecerle ven- dria con suena oportunidad é incalculable pro- vecho la institucion del jurado en términos sencillos, cómodos y convenientes. Así se plantean con lentitud, pero con segu- ridad, con paso corto, pero firme, las reformas que el progreso general reclama; pues más en- señanza produce á veces un pequeño ensayo que una extensa discusion. José María Reina. ---- LAS PRIMERAS MATERIAS. -- Al ver que los legisladores de España se preparan á dar sus votos en pro ó en contra de un proyecto de ley trascendentalísimo, como que encarna el porvenir de nuestra industria; al contemplar el espectáculo de una masa más ó ménos numerosa de productores alarmados por las reformas que otros solicitan; al enun- ciar, en fin, la frase primeras materias y discu- tir largamente acerca de los derechos aran- celarios que debe el comercio pagar por su introduccion, se hace dificil creer que legis- ladores, productores y comerciantes, no han podido definir qué sea una primera materia. En este caso, los proteccionistas españoles, imitando al prototipo de la caballería andan- tesca, rompen lanzas en defensa de una fer- mosura que no han visto. Porque, en efecto, ¿qué es primera materia? Considérese cualquiera industria, aquella que al parecer contenga en sí los elementos más rudimentarios de toda elaboracion, es- fuércese el pensamiento en busca de los más libres de complegidad, y cuando se estudie con detenimiento, se habrá encontrado una com- plicadísima trama de industrias estrechamente relacionadas. La que al parecer utilice única- mente los elementos naturales, se verá tribu- taria de toda una serie de industrias que la suministran materia elaborada á costa del es- fuerzo humano. ¿Habrá quien á primera vista niegue que el trigo con que se hace el pan que nos sirve de sustento es primera materia? Pues nada ménos exacto que esta afirmacion. Ese trigo repre- senta uno de los productos industriales que más necesitan para su obtencion del auxilio de otras industrias. En primer término, supone la tierra, el agua y el sol: pero la tierra, puesta en condiciones apropiadas para que la semilla germine, crezca y fructifique, es decir, nece- sita el abono qué le da la savia, el alimento, la vida. Y ese abono ¿es á su vez primera ma- teria? Veámoslo. El abono con que se hace que el trigo consiga el desarrollo que adquiere (en países adelantados en agricultura), se obtiene por medio de los fosfatos; éstos se elaboran con ácido sulfúrico mediante la combustion del azufre y de la pirita; á su vez, éstos suponen la construccion de las cámaras de plomo, ma- nipulaciones dificiles, costosos medios de pre- paracion, gran trabajo; suponen, en suma, una complicadísima actividad industrial cuyas necesidades se enlazan, y cuya vida se ordena en infinitos círculos eslabonados hasta concluir por el carbon, término de la cadena y que cier- tamente no se obtendria, si no hubiese máqui- nas para sacarlo del fondo de las minas á la superficie de la tierra. Estas máquinas y estas industrias complementarias suponen el obrero que á su vez necesita el trigo y el pan para existir. De este modo nos encontramos al final de nuestra investigacion en el punto de partida. La primera materia, como antiguamente la eternidad, pudiera ser representada por una serpiente mordiéndose la cola. De estos errores al definir las primeras ma- terias, resulta una serie tal de perjuicios para el país en nuestros aranceles de aduanas, que empieza hiriendo á los más empeñados en es- torbar toda reforma, y concluye por gravar las industrias mismas que se trata de proteger. Insistiendo en el ejemplo del trigo, se ocur- re esta pregunta: ¿cómo se explica que siendo España, como todo el mundo reconoce, uno de los países donde el suelo brinda mejores condiciones naturales para que las plantas se desenvuelvan, donde el sol las fecundiza con riqueza exuberante para que broten y fruc- tifiquen , donde la mano de obra aparece más barata, sean nuestros trigos depreciados en el extranjero y no basten ni áun para saciar el hambre de nuestros paisanos? La respuesta es muy sencilla. La tierra no produce sino de tanto que se la da el alimento necesario; el alimento de la tierra es el abono, y éste no puede elaborarse en nuestro país. ¿Por qué? 12 REVISTA IBÉRICA. Poseemos el primer elemento de fabricacion de abono, los fosfatos, que constituyen la princi- pal riqueza de una provincia española; pero estos fosfatos deben ser traformados por la ac- cion de otros agentes, como el ácido sulfúrico por ejemplo. Pues bien: sólo existen en Espa- ña tres fabricas, que no elaboran la cantidad necesaria para cubrir las más pequeñas nece- sidades de una poblacion industrial: y no obs- tante, se establecen derechos que cierran las puertas á la entrada del ácido sulfúrico é im- piden que en España se preparen los abonos á bajo precio. En otros términos: hablándose aquí de proteger la produccion de trigos cerran- do las fronteras y los puertos á los cereales ex- tranjeros, se incurre en el absurdo de ahogar en su gérmen aquellos medios con los cuales el trigo ha de producirse mejor y más barato. No se protege la produccion de cereales, porque se encarecen los abonos; tampoco la de ácido sulfúrico, porque se grava el carbon que ha de servir para elaborarlo. Resulta, pues, que por rutina ó ignorancia se esterili- zan dos industrias que se pretende favorecer. Pero hay más todavía. Cerrando ó dificul- tando la entrada del ácido sulfúrico, no solo se castiga la industria agrícola por el encare- cimiento de los abonos haciendo que nuestras espigas alcancen un desarrollo imperfecto com- paradas con las de otros países ménos socorri- dos por la naturaleza y dotados de mejores leyes, sino que simultáneamente se cierra la puerta á multitud de otras industrias que cons- tituyen la principal riqueza de pueblos donde la agricultura no ha logrado gran desarrollo. En Alemania, por ejemplo, hay regiones cuyos habitantes tendrian que emigrar so pena de perecer de hambre si hubieran de reducirse á lo que el suelo produce; Y sin embargo, vi- ven en la abundancia, gracias á la industria química. En España les seria imposible, porque se dificulta la entrada del ácido sulfúrico, cuyo consumo es el regulador con que se aprecia el desarrollo de dicha industria. Cerrar la puerta al ácido sulfúrico, es impedir la produccion del cloruro de cal y la destrina, cuya falta, nótese bien, perjudica directa y principal- mente á los fabricantes de telas, es decir. á esos señores que en España, salvo algunas ex- cepciones, tanto vociferan en contra de las reformas arancelarias; se estorba la fabricacion de materias colorantes, cuya baratura podria contribuir tan poderosamente para que el co- lorido de nuestras telas fuese más fino y dura- dero:; y se dificulta nuestra floreciente indus- tria de jabones encareciendo los álcalis y los carbonatos con que se prepara. Y si del ácido sulfúrico pasamos á tratar del alcohol, se ocurrirá otra vez la misma pre- gunta: ¿A quién se favorece gravando la introduc- cion del alcohol con los exorbitantes derechos que paga en nuestras fronteras? ¿A los fabri- cantes de este producto en España? No, porque actualmente no se fabrica sino en muy peque- ñas proporciones; eso tendría su explicación en aquellas épocas en que nuestros viniculto- res, por falta de buenas vias de comunicacion, no podian expender sus vinos y se veían obli- gados á la quema; pero hoy que todo el vino es poco para el creciente comercio que de él se hace, lejos de producir alcohol, se consu- me (para encabezar) el que viene de otras par- tes. Resulta, por consiguiente, un doble per- juicio: 1.°, los vinicultores tienen que pagar muy caro el alcohol que, necesitan; y 2.º, se inutilizan, en parte, las ventajas que pueden ofrecernos tratados como el últimamente cele- brado con Francia. Hay otra materia de cuyo gravámen pueden resultar inmensos perjuicios. no sólo para el bolsillo, sino para la seguridad individual de los españoles; el petróleo. Diríase que La Mano Negra tiene desde hace muchos años gran influencia en las determinaciones de nuestros gobiernos. La diferencia que existe entre los derechos de introduccion del petróleo en bruto y el re- finado, es próximamente de 14 francos por hec- tólitro, ó sean 140 francos por tonelada. Una persona que en España quiera hacer fortuna en poco tiempo explotando la mala fé, no tiene más que establecer á orillas del mar una fábri- ca de destilacion de petróleo. Ninguna sospe- cha puede ocasionar esta eleccion de sitio, porque la expresada industria es bastante pe- ligrosa y necesita aislamiento. Como gracia especial se pide la concesion de un puesto de carabineros y un vista de aduanas, que se ins- talarán en las inmediaciones de la fábrica. Se manda venir un barco cargado de petróleo mal refinado, que se descargará é introducirá en la fábrica como petróleo en bruto. Hecha esta sencilla operacion, el petróleo adquiere 140 francos de aumento en el precio de la tonelada, sólo con sacarlo por una puerta de la fábrica que mire hacia tierra y decir que es petróleo ya refinado. La primera consecuencia de este fraude, pro- vocado por los aranceles, es funestísima para el país, porque el petróleo mal refinado que se vende en España, posee generalmente la cua- lidad de inflamarse entre 25 y 26 grados cen- tígrados; supóngase que en verano disfruta- mos ó sufrimos una temperatura media de 28º y tendremos que dar diariamente gracias á la Providencia por el milagro que obra con nos- otros. Así no es de extrañar que una sola fá- brica dedicada á este negocio haya realizado treinta y dos millones en cuatro años. REVISTA IBÉRICA.13 Finalmente, para ofrecer un ejemplo más de los perjuicios que causan al país los excesivos derechos arancelarios que pesan sobre la in- troduccion de las mal llamadas primeras ma- terias, básteme aducir lo que ocurre con la im- portacion de la quinina. Es, sin duda. España uno de los países más castigados por las fiebres intermitentes El principal elemento que hoy se conoce para combatirlas, es el sulfato de quinina; no se trata ya de negocios, sino de conservar la sa- lud y la vida; pues, no obstante. el sulfato de quinina paga la enorme cantidad de 30 pese- tas por kilógramo. Esta vez, el insensato afan de un mentido lucro no respeta ni los precep- tos del Decálogo. El sulfato de quinina no se produce ni se producirá jamás en España: no hay industriales que puedan tener empeño en que se les cierren nuestras fronteras; las 30 pesetas de gravámen representan una contri- bucion sobre la salud de los españoles que no pueden comprar sus medicamentos, y sobre la de los ricos que, pudiendo pagarlos, toman un sulfato de quinina adulterado. De todo lo expuesto en este bosquejo de ar- tículo, pueden sacarse las conclusiones si- guientes: 1.° No hay en rigor primeras materias. 2.° La industria es una serie de intereses tan maravillosamente enlazados que no puede favorecerse uno sin auxilio de los otros. Por consiguiente, la aspiración final para el cambio de productos con otras naciones ha de ser la libertad. Mientras esto no sea posible, debe procurarse la atenuacion de los derechos arancelarios, empezando por la industria quí- mica que, desenvolviéndose, las favorece á todas. Laureano Calderon. ---- LA CUESTION SOCIAL EN ANDALUCÍA. -- Hace algunos años que, viajando por Orien- te el austriaco Scherzer, tuvo ocasion de ob- servar, entre otras, que se ramificaban por el Celeste imperio, una sociedad secreta organi- zada en Singapore, la cual no era sino una de las formas en que se determinaban las aspira- ciones comunistas de una gran parte de las masas populares de aquellas regiones. El pro- grama descubierto por el diligente viajero tiene grandes semejanzas con los credos de las colectividades socialistas de Europa, y pue- de condensarse, al ménos en cuanto expresion de los sentimientos, que animan á aquellas gentes, en el siguiente párrafo del credo polí- tico y económico, en que descansa la doctrina de la sociedad: "Por igual, dice el citado documento, se ha- llan sujetos á la muerte los poderosos que sus hermanos los desdichados, los oprimidos y los pobres. Dios no ha querido que fueran conde- nados millones de hombres á ser esclavos de unos pocos. Jamás el cielo, nuestro padre, y la tierra., nuestra madre, han concedido á unos cuantos millares de privilegiados el derecho de devorar para satifacer su orgullo el susten- to de tantos millones de hermanos suyos. ¿De dónde proceden las riquezas de los poderosos? Unicamente del trabajo y del sudor de la mul- titud. El sol, con sus rayos suaves; la tierra, con sus inagotables tesoros; el mundo, con sus alegrías, todo ello es un bien comun que es preciso distraer del exclusivo goce de unos cuantos, para que todos los desheredados to- men su porción. Dia llegará al cabo en que ce- sarán el sufrimiento y la opresion. Para que llegue á alcanzarse es preciso proponérselo con valor y energía. Grande y difícil es la empre- sa; mas imagínese lo que quiera, ni libertad ni victoria son posibles, sin lucha y sin comba- te. Sublevaciones intempestivas perjudicarian nuestros proyectos. Cuando la mayoría de los habitantes de los pueblos y ciudades haya prestado juramento á la union fraternal, la vie- ja sociedad caerá convertida en polvo y se construirá sobre sus ruinas el nuevo órden so- cial. Y las generaciones venideras, felices y agradecidas, vendrán á bendecir las tumbas de aquellos que, alentados y generosos, les proporcionaron el beneficio de haber sido li- bradas de las cadenas y las miserias de las cor- rompidas sociedades. " Como en idéntica forma á ésta de Singapore existen organizadas innumerables sociedades secretas en el Indostan y la China, no es preciso esforzarse mucho para demostrar que el so- cialismo no es tendencia exclusiva de los pue- blos occidentales, así como es patente y claro que se manifestó lo mismo entre los pueblos de la antigüedad pagana, á pesar de la escla- vitud y despues en las sociedades cristianas, bien que en éstas con diversa tendencia y di- ferente carácter á las primeras y en un todo distinto por sus procedimientos y fundamenta- les principios al socialismo económico, en que se inspiran hoy casi todas las sectas reformis- tas de Europa. Es, pues, fenómeno universal, fundado en la exageracion de una ingénita aspiracion, ideal del hombre, esta pretension igualitaria de las clases obreras y desheredadas, por lo cual convendria estudiarlo en sus raíces primeras y allí combatirlo. Mas aquella tendencia co- munista ha tomado diversos aspectos y pro- cedimientos, segun el medio, en que se ha manifestado, caracterizándose perfectamente programas, aspiraciones, medios de procurar 14 REVISTA IBÉRICA. realizarlas y resultado obtenido, segun las mis- mas notas, que diferencian á las naciones pri- mero y despues á la naturaleza de los medios económicos, porque aquellas subvienen á la satisfaccion de sus necesidades. De todas las formas con que se determina aquella ingénita é irrealizable tendencia á la igualdad del hom- bre, se diferencia completamente el socialismo cristiano. Pero dejando aparte estas consideraciones y viniendo á examinar el comunismo tal cual existe hoy, encontramos que áun el puramente económico, muestra dos distintas fases, segun se refiere á la industria ó á la agricultura. Es el más antiguo de todos el socialismo agrario y el que más revoluciones y mayores transformaciones sociales ha ocasionado, es- pecialmente en Grecia y Roma. Aun durante la Edad Media fueron los campesinos, quienes más parte tomaron en las guerras intestinas promovidas más ó ménos directamente por motivos económicos, y despues, al comenzar y al finalizar el absolutismo, tornaron á repro- ducirse, siquiera fuese vagamente, ciertas as- piraciones, que hoy el colectivismo entre las suyas descubre. Mucho antes, pues, no ya de que se congregaran solidariamente y en in- distinta comunidad los obreros de Europa, acontecimiento novísimo, pues data de la re- volucion francesa del 48, sino tambien de que hubieran dado señales aisladamente y en cor- poracion de pretensiones socialistas, ya exis- tia latente y de cuando en cuando aparecía al exterior en grandes territorios agrícolas, bien que éstos nunca llegaron y dudo que lleguen á una comun inteligencia, con los campesi- nos de otros países, á diferencia de lo que ocur- re con los obreros industriales, por la diver- sa índole del trabajo y por la radical divergen- cia en aspiraciones y hábitos de una y otra clase de trabajadores. A pesar de esto, no vacilo para afirmar que es y ha sido siempre mucho más peligroso el socialismo agrario, que el industrial. Este úl- timo tiende lazos más generales, organiza huelgas y es apto para motines y asonadas; mas el primero, áun desarrollándose aislado, hace que las excitaciones producidas en un punto repercutan simultáneamente en otros, porque suelen obedecer á necesidades más le- gítimas y responder á más naturales exigen- cias. En las relaciones internacionales y re- gionales de los obreros suele haber mucho de ficticio, áun respecto á las mismas falsas pa- siones por que aparentan moverse; de aquí la facilidad de sus determinaciones, pero tambien la inconstancia de sus propósitos. Por el con- trario, los trabajadores rurales se caracterizan por la tenacidad y persistencia con que persi- guen sus ideales, y hasta los reformadores, que dirigen á estas multitudes, se distinguen de los otros, en que son más apasionados, predo- mina en ellos la accion á la teoría y al cálcu- lo el entusiasmo. Graco y los jefes de la jóven Irlanda, no han tenido ni tendrán iguales en- tre los directores y embaucadores de las so- ciedades obreras. Aunque en justicia no puede contarse entre los socialistas á O'conell, pero en cuanto reformador de la propiedad, mostró un ardor y una constancia verdaderamente homéricas, virtudes que le sobrevenían ade- más de sus creencias religiosas, de su anhelo por transformar las leyes agrarias. Otro tanto acontece hoy con los mal aconsejados fenia- nos. En Alemania y Rusia han sido tan enér- gicos y persistentes los esfuerzos de los cam- pesinos y sus directores, que casi han logrado cuanto se proponian, y sobre todo, que sea la reforma agraria una de las que más preocupan á los escritores y estadistas de aquellos países. Y es que en la soñada reparticion de los bie- nes, hay, por lo que atañe á los de la tierra, algo tangible y como divisible con la mano, que se aviene mejor á la tosca comprension del ignorante é iluso trabajador. Porque en estos casos, los que se llaman socialistas, engañados por sus propias fanta- sías, afirman un principio esencialmente indi- vidualista para llegar á un falso ideal de comu- nismo, ilusion que ha sido siempre una de las características del socialismo agrario. Por lo comun, y haya sido la que quiera la fase por que éste se ha manifestado, no atacó jamás el fundamento de la propiedad individual; antes bien, venían á confirmarlo sus exigencias prácticas; por eso se ha limitado á discutir el título, y cuando más el origen, pero jamás ha soñado, como los ilusos fabricadores de socie- dades, Fourier, Owen. Anacharsis Clotz, Proudhom y tantos otros, con esa comunidad absoluta de bienes, tan absurda en teoría, como ridícula é impracticable en la vida real. Quizá, el haber mirado preferentemente á las reformas agrarias el socialisimo aleman, ha in- fluido en su carácter más práctico y reflexivo, aunque más temible y no ménos equivocado por eso que el francés. De todos modos, y se diferencie ó no esencialmente, esto podrá cam- biar de direccion á la larga ese interior movi- miento, que hoy impulsa á las agitadas masas, pero en la actualidad, los propagandistas de tan extraña doctrina han sabido unir las aspi- raciones de unos y otros trabajadores, tal vez obedeciendo al único principio, para ellos in- concuso y dogmático, segun el cual, es lo primero acabar con el órden existente, dejando al acaso el que organice los elementos disper- sos, que han de componer la reviviente so- ciedad. Por eso y por haberse desarrollado en Espa- REVISTA IBÉRICA.15 ña esa que yo no me atrevo á llamar doctrina colectivista, bajo el amparo y direccion de la Internacional, se hace preciso estudiar la sec- ta en conjunto, siquiera sean cosas completa- mente distintas las sociedades anarquistas y las que se han formado en los campos del Me- diodía. Respecto á las primeras, nada puede añadirse á lo mucho que se sabe de la Inter- nacional, si bien es cierto que en España presenta diferencias importantes la "Libre fe- deracion de libres asociaciones de produc- tores libres," conocida por todos y legal- mente constituida ,y proclamada en los Con- gresos de Barcelona y Sevilla en Setiembre del alto 81 la una y del pasado la otra. Adviértese en estas sociedades , al examinar sus regla- mentos y postulados económicos, una seme- janza digna de estudio con las ya caducas y muertas agremiaciones. Por lo demás, los prin- cipios generales que unas y otras estampan á guisa de dogmático credo, son las conclusio- nes que han triunfado en los grandes Congre- cos internacionales, que han venido celebran- do los socialistas, y principalmente del último verificado en Ginebra. Sin embargo, se nota, áun en este punto, un fenómeno de más tras- cendencia que muchos imaginan, por lo que hace á la federacion española, y es que, siquie- ra sea poniéndose en contradiccion con el axio- ma generador de la secta , ésta muestra una marcada tendencia política, de más alcance á mi juicio y más peligrosa que los absurdos y contradicciones económicas proclamados, los cuales han sido siempre el único ó preferente contenido de la escuela. De este nuevo aspec- to, que las asociaciones españolas presentan, se originan las contradicciones atinadamente señaladas por El Liberal en el luminoso traba- jo, que sobre este movimiento ha hecho, con- tradicciones en las cuales habia de incurrirse necesariamente al pretender organizar demo- cráticamente comunidades congregadas para el absolutismo económico y mediante la tiranía social. Por otra parte, los colectivistas españoles, de acuerdo con las declaraciones de los Con- gresos internacionales han amenguado aque- llas aspiraciones de universal comunismo, y han desechado las estupendas teorías denega- doras de la propiedad personal. Formulando el principio de que sólo el trabajo es título, orígen y fundamento de la propiedad, y que ésta sólo es tal en cuanto se resuelve en productos, han relegado como simple medio al capital y los instrumentos y considerado únicamente como esencial la pro- duccion, respecto á la cual admiten derechos personales por parte de cada uno de los aso- ciados, derechos que han de ser totalmente proporcionales al resultado alcanzado por ellos. Como se ve, y descartadas mil otras contra- dicciones y fantásticos ideales, este principio echa por tierra todo el sistema socialista, que- dando reducida la cuestion á una lucha entre pobres y ricos y á un pleito particular en cada caso sobre mejor derecho á determinados pro- ductos. Puestos en este camino los directores de esas sociedades, han formulado programas en que se barajan al acaso algunos principios aceptables y áun aceptados en muchos países, con innumerable multitud de absurdos y fan- tasias capaces de trastornar la mejor organi- zada cabeza y muchos de ellos dirigidos con más tino que buena fé á remover los nunca apagados apetitos de las muchedumbres, las cuales lo mismo en la esfera del arte á que aludia Goethe, que en la económica, repiten siempre esta frase del poeta aleman: "Dadnos mucho y aún más y más si cabe." Por eso es preciso concederles con mucha parsimonia y exquisito tacto áun aquello que por un lado la equidad ordena y por otro no lesiona derechos legítimos y respetables. En los países como Rusia, en los cuales se les ha concedido mucho de una vez y sin el debido concierto, se han originado situaciones tan di- fíciles y estados sociales tan peligrosos, como los que subsiguieron á las reformas de Alejan- dro II, dignas de aplauso bajo todos conceptos, pero llevadas á cabo sin considerar bastante que se planteaban en un pueblo, que acababa de ser arrancado de inicua servidumbre y sin guardar respecto á ellas esa necesaria corre- lacion, que debe existir siempre entre las me- didas de carácter social y las de aspecto po lítico. No creo yo que los trastornos y violencias, signos ciertos del desequilibrio social y peli grosa situacion de Andalucía, tengan relacion alguna directa con las sociedades colectivis- tas, pero no cabe duda que algo han influido en su determinacion formal las doctrinas pro- paladas y quizá los manejos puramente indi- viduales de algun iluminado anarquista. Sin embargo, la causa del mal es mucho más honda y antigua, no siendo lo acaecido ahora sino circunstancial manifestacion de ella, y tan desvirtuarda y de tan escasa conexion con los fundamentos, en que se origina, que hace imaginar una cosa poco favorable para ciertos políticos, que á parecidos recursos nos tienen acostumbrados. Descartada, pues, la parte que en la ficticia organizacion de los hechos hayan tomado in- tereses de otra índole, y teniendo en cuenta lo que semejantes acaecimientos se abultan cuan- do llega á apoderarse de ellos eso que se llama la opinion pública, lo que aparece como causa más natural del lamentable estado de Andalu- 16 REVISTA IBÉRICA. cía, aparte de la influencia, que ejerce siempre aquel falso sentimiento igualitario, que como universal señalé al principio, es la miseria con los especiales aspectos, que ésta reviste en un país como el andaluz, rico por la naturaleza, y donde las pasiones violentas y gigantes impul- san á los hombres á realizar acciones estupen- das, así cuando al bien se dirigen, como si se proponen los más atroces y detestables fines. Se ha indicado por alguien que la causa de esa miseria está en la exagerada concentracion de la propiedad, habiendo propuesto un digno diputado, para contrarestar los efectos de ese, que se juzga mal inevitable, la desamortiza- clon de los bienes nacionales todavía sin ven- der, conforme á ciertas reglas de antemano prescritas. Tanto en lo que se refiere á la cau- sa como en lo respectivo al remedio, se advier- te cierta ofuscacion, que no permite distinguir el punto donde el mal renace. Ni la propiedad en sí misma, y este es un error económico demasiado extendido se halle concentrada ó re- partida, influye en la prosperidad de los países, siquiera sea algo más conveniente la subdivi- sion, ni la parcelacion de los terrenos, toda- vía sin desamortizar, es suficiente remedio, ni siquiera paliativo para enfermedad tan desar- rollada. Quizá, si cuando se vendieron por el Estado grandes porciones de terreno se hubie- ra hecho con criterio más levantado, y, entre otras medidas. se tomara la que ahora se pre- tende ineficaz, se hubieran evitado en no corto número desdichas, de que hoy nos lamentamos; pero ahora es tan escasa la medicina, pues, áun suponiendo que sea á propósito para curar la dolencia es tan pequeña la dósis, que es preciso pensar en otras de más pronto y seguro re- sultado. Una de las mayores faltas cometidas por el actual gobierno, es no haber querido acudir á tiempo con un paliativo recomendado por la ciencia económica, y que ha producido siem- pre que se aplicó en idénticas circunstancias excelentes ventajas. ¿Quién sabe si Inglaterra debe á él la vida próspera que hoy disfruta? Sin las rebajas arancelarias decretadas por Ro- berto Peel ¿á qué extremo habrian llegado las públicas calamidades, que sus medidas contra- restaron ó impidieron? La libre introduccion de cereales, cuando hace próximamente un año se advertian síntomas patentes del mal, que ahora cunde y se propaga en Andalucía, no lo habría cortado radicalmente, pero lo hu- biera limitado y circunscrito al ménos, dejan- do tiempo para preparar más trascendentales reformas. Decretada hoy mismo la que he apuntado, aliviaria no poco de la fiebre que padece á la más hermosa region de España. Harto mejor seria esto que los encarcelamien- tus en grandes masas, las no siempre discretas persecuciones y el ruido y alboroto produ- cidos. Aunque me propongo en otro número exa- minar el problema de la miseria en España de- mostrando al paso que no está la verdadera y total causa de ella en la organizacion de la pro- piedad, sino en las condiciones suyas, en las tra- bas impuestas y en otras muchas y más impor- tantes circunstancias, anunciaré simplemente uno de los remedios más eficaces para curar de raíz el mal que aqueja á Andalucía y algunos puntos de Castilla y Levante. Tal es la canali- zacion, en ninguna parte tan fácil, barata y necesaria como en nuestro país. Cómo se ha de procurar, no es ahora ocasion ni hay espa- cio para exponerlo; relacionándose directa- mente la prosperidad o miseria de un pueblo con la produccion, y sólo indirectamente con la propiedad, sin necesidad de tocar á la orga- nizacion de ésta, pueden alcanzarse para el fin de difundir la riqueza, los mismos efectos que si se repartiese poniéndola en condiciones de producir mucho, objeto que se alcanza cana- lizando, mejor que con todos los recursos eco- nómicos imaginados por los teorizantes de ofi- cio; porque si el trabajador logra hacerse rico, ¿qué le importa llamarse colono ó propietario? y si éste aumenta sus rentas parcelando sus fincas, ¿qué interés tendrá en cultivarlas por sí, cosa esta que en la mayor parte de los ca- sos seria además imposible? B. Antequera. ---- REVISTA POLÍTICA EXTERIOR. -- Problemas políticos.-Francia: la liga revisionista.-Inglaterra: los fenia- nos: medidas extraordinarias: política exterior: colonias británicas.- El discurso de Mancini.-Asesinato de Majlath.-El gobierno de Ber- lín y el Vaticano-Preparativos en Rusia.-Crisis holandesa -Con- flicto de las Cámaras de Suecia y Noruega.-Influencia ruso austriaca en los principados -Actitud de Rumania.-Preliminares de paz chi- leno-peruana. La segunda quincena de Marzo es, en cuan- to á politica extranjera se refiere, riquísima en problemas importantes planteados, aunque muy pobre en soluciones á los mismos. Puede decirse, sin exagerar, que no hay na- cion europea ¿qué digo europea? del mundo, que no se halle en estos momentos con uno de esos problemas sobre el tapete en el interior y en lucha con alguna complicacion en el ex- terior. Nuestros vecinos de allende el Pirineo, son de los más afortunados en ese concepto, pues tranquilos ya por la resolucion de la pasada crisis ministerial, y apaciguada la agitacion producida por manejos bonapartistas y legiti- mistas, que en el fondo motivaron aquella, puede decirse que, en cuanto al interior, go- zan de paz octaviana en el campo político. REVISTA IBÉRICA.17 Cierto que la liga llamada revisionista que han formado los que demasiado impacientes de reformas constitucionales no quieren aguar- dar el momento oportuno de plantearlas, por lo que al Senado respecta, está dando que ha- cer al gobierno; pero éste se defiende bien, porque tiene de su parte á la mayoría de la Cámara y á la opinion pública. Los ministros actuales se han declarado públicamente parti- darios de una reforma en el Senado; pero re- claman, y hacen bien, el derecho de elegir el momento en sazon para acometerla. Los trabajos, pues, de esa liga revisionista, por ahora, no pasan de ser trabajos de pura propaganda, y esto no asusta á un pueblo tan acostumbrado á las prácticas de la libertad, como es el pueblo de Francia. Los anarquistas que en la vecina república, como en casi todas las naciones de Europa, se empeñan en dar que hablar de ellos, adelan- tan poco ó nada en lo que se proponen, pues sus esfuerzos se estrellan contra el desprecio de la opinion pública, y pierden todo su valor porque en fuerza de descabelladas sus mani- festaciones degeneran en ridículas, y sabido es queel ridículo mata. No sucede esto con los fenianos irlandeses, cuya actitud constituye, si no un verdadero peligro para la sociedad inglesa, ni siquiera para el gobierno inglés, porque la Gran Breta- ña es un gran pueblo, al que sobran elementos para combatir al partido de la dinamita, cons- tituye sí, un problema difícil de resolver, por las diferentes concausas heterogéneas que han venido á dar fuerza á los fenianos. En la pasada quincena han bullido éstos con actividad inusitada, dejando triste huella de su paso en Londres, donde realizaron su últi- ma hazaña, en la explosion de dinamita en Charles Strect, que puso en peligro muchas vidas y que causó desperfectos de considera- cion en uno de los edificios públicos más im- portantes de la capital de Inglaterra. Por desgracia, la policía no ha podido ha- llar aquí á los autores de aquel atentado, que por lo mismo que se halla envuelto en el mis- terio, causa más pavor en los ánimos intran- quilos de los que siguieron horrorizados todos los incidentes del proceso visto en Dublin el mes pasado, el cual descorrió el velo que ocul- taba los asesinatos de Phenis Parck, y demos- tró la existencia de una muy vasta asociacion de asesinos políticos, con ramificaciones en casi todos los distritos de la Gran Bretaña. Mr. Gladstone y sus compañeros de gabinete se han visto obligados á pensar con deteni- miento en todo esto, y á tomar medidas enér- gicas que pongan un valladar la intempe- rancia feniana. Los cuerpos de órden público y de policía secreta han sido considerablemente aumen- tados durante la pasada quincena; las tropas de la guarnicion de Londres se hallan sobre las armas; las más acertadas medidas de pre- caucion han sido planteadas, y de algunos dias á esta parte, merced á todo esto, hay tran- quilidad material. El gabinete de Londres, á quien segura- mente causa preocupacion profunda este es- tado de cosas, no descuida los demás asuntos de interés político que tiene á su cargo, y mientras en el interior estudia con afan una serie de reformas administrativas y electorales que pronto presentará al Parlamento en forma de proyectos de ley, continúa en el exterior manteniendo enhiesto el pabellon de su influen- cia en las cinco partes del mundo, haciendo prevalecer su política en Egipto á despecho de Francia, procurando que dominen sus solu- ciones en las recientes conferencias interna- cionales sobre la navegacion por el Danubio y sobre el nombramiento de nuevo gobernador del Líbano, tratando con Portugal, por cierto con harta altanería, de los asuntos del Congo, y encendiendo en la cuestion de Madagascar una vela á San Miguel y otra al diablo, es de- cir, prometiendo proteccion á la reina Malga- ba, al mismo tiempo que procurando contem- porizar con Francia para evitar por parte de ésta soluciones violentas en aquella region apartada. Al mismo tiempo, la cuestion de sus vastí- simas colonias ha dado grandemente que ha- cer durante los quince días que abarca esta revista, al gobierno inglés. La situacion del Transval, que venia em- peorándose hace meses, ha llegado á un pun- to en que es necesaria, porque no basta la del gobierno colonial del Cabo, la intervencion de Inglaterra. Los boers han invadido territo- rios que no son suyos, y en vista de su nega- tiva terminante de desalojarlos, han creido muchos que es inminente una guerra como la pasada, en la region austral de Africa. Séria complicacion fuera ésta para la Gran Bretaña; aún no se halla consolidada del todo en la tierra de los zulús la obra de restauracion de Cettiwayo; los basutos, descontentos de la política del gobierno colonial del Cabo, que además disgusta á los colonos ingleses tam- bien, se agitan y bullen, y estas dos razones y otras muchas que podria aducir, son poderosí- simas para que Mr. Gladstone y su ministro de las Colonias procuren andar con pies de plomo en tan árduo asunto. En Asia y en Oceanía son más afortunados los ingleses: sus colonias australianas y de la India progresan rápidamente á la sombra be- néfica de las instituciones modernas con que las dota un gobierno que ha comprendido que 18 REVISTA IBÉRICA. en eso estriba el engrandecimiento de su país como nacion colonial, y las reformas que en la India inglesa se han planteado en los últimos días de Marzo, dotando á algunas provincias de autonomía municipal y á todas de sabias le- yes de instruccion pública, parecen llamadas á consolidar en aquellas latitudes el prestigio del imperio británico, y á apretar los lazos afectuosos que unen á Inglaterra con sus súb- ditos asiáticos. Los colonos australianos caminan con paso seguro por la senda del progreso, y en algunas partes de aquellas colonias, como en Nueva Zelandia, el arreglo de cuestiones pendientes con los indígenas, verificado hace pocos dias asegura la paz por mucho tiempo. Si de Inglaterra pasamos á Italia, cuyo go- bierno sigue trabajando con una constancia que ojalá imitase el nuestro para hacer valer su influencia en Africa, habré de dar cuenta á los lectores de la REVISTA IBÉRICA del reciente discurso pronunciado en el Parlamento por el signor Mancini. Aquella peroracion notable de que han hablado ya casi todos los periódicos diarios, merece elogios por el gran sentido político de todos aquellos de sus párrafos que se referian á la política exterior del reino de Humberto I. Su tendencia principal es la de acentuar las buenas relaciones de Italia con Alemania y Austria, y harto digo con esto para que comprendan los que de estos asuntos en- tienden, que las palabras del ministro italiano han contribuido poderosamente á calmar las desconfianzas que habian hecho nacer en Aus- tria los manejos irredentistas. El gobierno austro-húngaro continúa lu- chando contra la situacion dificilísima que crea en los Estados de aquel imperio la dife- rencia de tendencias de los heterogéneos ele- mentos de poblacion. En los últimos dias, sin embargo, nada de notable ha ocurrido; con dar cuenta de la impresion dolorosa producida en todo el imperio por el cruel asesinato de M. Majlath, presidente del Tribunal Supremo de Hungria, habré cumplido fielmente mi de- ber de cronista hoy, apresurándome á añadir que en cuanto á significacion política, no tie- ne ninguna aquel asesinato horrible: los ase- sinos de M. Majlath eran ladrones vulgares. En cambio, para reseñar los principales su- cesos políticos ocurridos en Alemania, habia menester mucho más espacio del que este ar- tículo debe ocupar. Diré, resumiendo, que las cuestiones pendientes entre el gobierno de Berlin y el Vaticano, no han adelantado un solo paso hácia su resolucion, por la terquedad del canciller Bismarck y las exigencias exage- radas de los consejeros del Papa Leon XIII; que los socialistas alemanes se rebullen contra las últimas disposiciones del gobierno, que real- mente son más rigurosas de lo que debieran; que el canciller con su proverbial desprecio al Parlamento y en general á las instituciones representativas, sigue su campaña contra todo lo que se opone a su voluntad omnímoda, y que durante estos quince últimos días las di- misiones del ministro de la Guerra y del de Marina, han sido objeto de comentarios mil, en los círculos políticos de Alemania y del extranjero, y la sustitucion de los ministros dimisionarios, árduo problema que por unos dias amenazó con convertirse en verdadero conflicto. En Rusia los preparativos para la corona- cion del Czar no cesan; las autoridades de Mos- cow, donde como saben mis lectores se ha de celebrar aquella ceremonia, y el gobierno y sus delegados dan prueba de gran actividad, arreglando todo al efecto de rodear el acto de todo el brillo que se da á estas cosas en el vie- jo imperio moscovita. El nihilismo favorece estos trabajos, porque si no ha muerto, hállase aletargado y ha per- dido toda su fuerza merced al reciente cambio de vida de la familia imperial y á las promesas de reformas, que han hecho nacer la confian- za de mejores dias en el pueblo ruso. En Holanda sigue sin resolverse la crisis ministerial que viene durando meses y meses; las esperanzas de que el mes de Abril encon- trase á aquel país con su ministerio constitui- do, salieron fallidas. Lo mismo sucede en Sue- cia y Noruega con el conflicto entre la Corona y el Parlamento. Diferencias graves separan al rey de la representacion nacional, y es posible que esas diferencias den margen á desagrada- bles acontecimientos. En Servia y Bulgaria, conflicto de obispos y crisis ministerial, cuestiones que envuelven capital interés porque encierran en sí el pro- blema de la preponderancia ó rusa ó austriaca en aquellos principados. Los rumanos, dispuestos á resistir á lo con- venido por las grandes potencias en Londres sobre la navegacion del Danubio, han tomado una actitud que inspira cierto cuidado á los diplomáticos europeos. Del continente americano buenas noticias: pues aunque en la República del Ecuador no ha cesado la guerra civil, y hay rumores de que se agranden las complicaciones entre el Brasil y la Argentina, en cambio parece se- guro que se han firmado los preliminares de paz entre Chile, Perú y Bolivia, y la termina- cion de la lucha devastadora que sostenian hace tres años aquellos pueblos, debe ser mo- tivo de regocijo para nosotros, que al fin y al cabo debemos considerarlos como hijos de esta querida España. Angel de Luque. REVISTA IBÉRICA.19 EN EL ABANICO DE FUENCISLA. -- El aire por tí agitado Da á un tiempo calor y frío, Pues causa fresco á tu lado Y arma una hoguera en el mío. Ramon de Campoamor. ---- LA VIDA. - I. Es el hermoso instante En que la voz me ordena, Despertando mi espíritu, que cante. Como una mar serena Recibe el rayo de la luna, en calma, Sin oponerla un pliegue donde oscile, Está dormida el alma, Sin voz, sin movimiento, Sin una ondulacion en que vacile La luz de su tranquilo pensamiento. La paz de las profundas soledades Aumenta con la hondura; Las roncas tempestades Que reinan en la altura Respetan las tristezas del abismo; Pero en la paz más honda Que en los senos que forma el egoismo Encuentre quien huyéndolas se esconda, El eco triste llega, Más triste en el silencio y la penumbra, De la lucha terrible á que se entrega Cuanto halla vida, donde el sol la alumbra. Donde haya un sér que viva: En una gota pura de rocío, En un valle del mar, y lo perciba Un sér que allí respire y se despierte Con ansia de vivir, con el bravío Estímulo del hambre de la muerte; Allí se rompe el vínculo que enlaza A cuanto siente y vive y se convierte En instintiva odiosidad de raza, Y en todo sér distinto de la suya, hace presa el más fuerte y despedaza, Para que sólo viva quien destruya. Destruccion más horrible cuando asciende De los seres más bajos, y en esfera Más elevada con furor se enciende; Allí no es ya la fiera Que herida por el látigo del hambre, Para romperlo, á su enemigo espera; Es el hermoso enjambre, hirviendo en el confuso laberinto De su ambicion, y que tambien hambriento, Convertirá su fuerza en instrumento Más despreciable del grosero instinto. Es la Bacante antigua que prolonga De su monstruoso padre la agonía, Para entregarse lúbrica á quien ponga En sus manos el precio de la orgía, Si al amante grosero y disoluto Con mano criminal no lo arrebata, Más degradada en su anhelar que el bruto, Que sólo herido por el hambre mata; Es el hombre moviéndose en el lodo Que su paso produce y donde busca Con furor disputándoselo todo Cuanto con brillo artificial le ofusca. Y en medio de este hervor concupiscente, A veces un espíritu sereno Llega, mirando la verdad de frente, Y la turba encorbada se incorpora, Y en muda expectacion, sale un instante Del fango y rompe el ídolo que adora. Y allí donde la fuerza la abandone Que un momento su espíritu levante, Con ímpetu brutal destroza el freno Que la verdad le impone, Y otra vez busca su nivel de cieno. Y en él sigue la lucha, en él desgarra Cuanto á su alcance sin defensa viene: Se encuentra sin las fuerzas ni la guerra Del tigre, y su hambre y sus instintos tiene Y los sacia, y se duerme. Ya cumplido El fin de su existencia, Acérquese el que aspire A sacudir su torpe somnolencia; Verá que si despierta. no hay quien mire La tibia llamarada De un sol pronto á extinguirse, y que un momento Sobre la frente helada De sus mundos, enciende el firmamento Con el fulgor do su última alborada, El instantáneo albor del pensamiento, Del sol que va á morir, y al alma yerta Presta calor con su postrer vislumbre Cuando el génio del hombre se despierta Y le ordena que salga y que le alumbre. En su horizonte ¡cuántos aparecen Que al deslumbrar apenas Las almas con sus nieblas se oscurecen! La que un dia fué grande y sabia Atenas, La forma de sus sueños virginales Vió al despertarse, hablándola el deseo, Cuando su sol doraba los cristales Azules y sonoros del Egeo. Su génio la esperaba en los umbrales De sus tiempos, trazándolos, y muda De emocion, ruburosa, desceñida, Entre sus brazos se arrojó desnuda, Al arte abriendo el campo de la vida. Roma, despues en vano Al sol que amó la Grecia Quiso caldear su espíritu pagano; La Roma que el trabajo menosprecia. Guerrera sólo y fuerte, Escribe los derechos del tirano, Ella, que amó la muerte, Al símbolo se abraza del cristiano. Y en sus cúpulas crece la neblina Que oculta el Sol Heleno Sobre el mártir que muere en Palestina, Sobre su estéril seno 20 REVISTA IBÉRICA. La tempestad la lleva Y sobre nuestra frente se deshace. ¿No veis la forma nueva Con que la antigua aspiracion renace? ¿No se sumerge en todos los abismos Para sentir sus grandes conmociones? La ciencia ordena hermosos organismos; Produce el arte intensas vibraciones. Pero fijad la vista en lo más hondo Del cieno, donde cuanto existe lucha: ¿Qué espíritu se eleva en ese fondo Y esa divina vibracion escucha? ¡Bajad! Nadie, variándolo, modera El impulso que en él nos precipita; Quien se lanza á esa lid es una fiera, Y es un monstruo del miedo quien la evita. Francisco Abarzuza. --- UN POETA LÍRICO CONTEMPORÁNEO (1) -- Hénos aquí nuevamente enredados en la eterna contienda del clasicismo y de la poesía popular, de la poesía erudita ó que se inspira y tiene su principal fuente, al ménos en cuanto á la forma se refiere, en los modelos de la antigüedad clásica y la poesía vulgar, ma- nifestacion espontánea de los sentimientos del poeta, escrita en el sencillo lenguaje que para expresar sus pensamientos emplea el comun de las gentes, sin más galas que las que natu- ralmente brinda la inspiracion del momento á la mente del poeta, ni otro artificio que el simlplicímo sonsonete de la rima. Es, áun hoy, de rigor, en toda obra dedicada al estu- dio, siquiera sea superficial y somero, de la historia literaria, consagrar buen número de páginas á dilucidar y poner en su verdadero punto esta cuestion, esforzándose casi siempre el autor en inclinar la balanza del lado de sus aficiones, áun en detrimento de lo que la im- parcialidad y la justicia reclaman. Y es de no- tar, que así en ésta, como en otras muchas cuestiones de igual índole, suele ser principal causa de error el no establecer con toda clari dad los preliminares que diversamente inter- pretados por unos y otros, y mal dirigidos por el apasionamiento, dan margen á acaloradas polémicas, donde si bien se echa de ménos la falta de razonamientos, abundan y se derra- man con gran profusion los epítetos. Y no otra cosa puede decirse de la tan deba- tida cuestion del clasicismo, pues conviniendo, á no dudar, blancos y negros, avanzados y retrógrados en lo que fundamentalmente y antes que todo debieran establecer con toda claridad, apártanse luego en opuestas direc- ---------------------- (1) Odas, epístolas y tragedias de D. Marcelino Me- nendez y Pelayo, con un prologo de D. Juan Valera. ciones olvidando y áun renegando de su orí- gen comun, siendo víctima quien así las con- sidere de decepcion semejante á la de aquel que, asombrado ante la frondosidad y grandeza de las ramas de un árbol gigantesco, las consi- derase de distinta familia, sin ver que tenian orígen comun, como hijas de un mismo tron- co y alimentadas por la misma savia. Es, pues, de todo punto necesario fijar con toda caridad qué entendemos por clasicismo, cuál es el clasicismo único, de buena ley, dig- no por tanto de todo elogio, y cuál, al contra- rio, la ridícula imitacion de la antigüedad que se obstina, contra lo que la razon y el senti- miento declaran, en resucitar y traer á todo el explendor de la vida real creencias y pasiones que desde há muchos años huyeron de la tier- ra, y de que sólo se conserva memoria en los libros que, para enseñanza de las generaciones futuras, desenterraron los historiadores, del polvo secular de antiguas bibliotecas y archi- vos. El poeta que aspire al honroso nombre de clásico, debe tener por principal fuente de ins- piracion la que tuvieron aquellos mismos maes- tros que aprendio á venerar é imitar, la única fuente de inspiracion posible; pues donde no haya manifestacion espontánea de sentimien- tos propios, donde los afectos sean puro reflejo de lo que otros sintieron y expresaron, donde la mente del poeta no se sienta arrebatada y envuelta en el sublime torbellino que presta á veces apariencias de vision divina y sobrena- tural á sus creaciones, inútilmente se buscaria la emocion dulcísima que recrea y eleva el es- píritu, que suspende y maravilla el entendi- miento, y hace vibrar, despertándolos por modo misterioso, nuestros más recónditos y escondidos sentimientos. No de otro modo entendieron este arte di vino de la poesía esos mismos cuyos nombres se invoca con tanta frecuencia para sustentar todo linaje de doctrinas. Difícil seria buscar un solo poeta, entre los que ocupan puesto más eminente en el mundo de las letras, que des- deñando cuanto habian hecho sus antecesores, se entregase ciegamente á las inspiraciones de su génio sin encaminarlo antes rectamente, sin llegar tras largos y constantes esfuerzos á la completa posesion, al absoluto dominio de los agentes exteriores que han de servirle para comunicar y hacer llegar á los otros, en forma artística y acabada, los secretos impuros de su espíritu, las fantásticas creaciones de su imaginacion, la tormenta de pasiones que arde en su pecho, ó el desconsuelo y la tristeza de su alma. Y es que en el gran poeta, como en el gran pintor, como en todo gran artista, en- tran dos factores, como ahora se dice, que uniéndose y confundiéndose sin perder por eso su individualidad, lo constituyen tal como REVISTA IBÉRICA.21 todos los conocemos. Es la primera de estas facultades y la más importante y principal la facultad creadora, llama perenne que sin que él se dé cuenta, abrasa en continuo fuego su alma y le atormenta y martiriza, forzándole, por último, á la produccion, obligándole á ar- rojar al mundo los hijos de su ingenio, sin que en su mano esté el evitarlo ni guardarlos ocul- tos por más tiempo en los escondidos rincones de la mente. El ropaje decoroso y digno que ha de envolver sus creaciones es lo que cons- tituye la segunda facultad, que si bien por sí sola no bastaria nunca á hacer el gran escri- tor, es tan necesaria, que no podria citarse ningun poeta insigne que no dedicase largos anos al duro ejercicio de depurar y dar cada vez mayor explendor y nitidez a la forma de que tan desdeñosamente suelen hablar áun aquellos mismos que le son deudores de la propia fama. Por lo demás, no ha de creerse por lo que va apuntado que la distincion que aquí hacemos y que es vulgar y corriente, exista de una manera definida y completa, con límites cono- cidos que nos permitan decir donde la una acaba y donde empieza la otra. Lo que al con- trario acontece siempre, es que ambas se com- penetran y coexisten de tal modo, que el hom- bre de génio, ávido de comunicar al exterior sus creaciones, aplica sus admirables faculta- des á la adquisicion y dominio de la forma de expresion, inspirándose principalmente en los grandes modelos que las pasarles edades nos legaron, y bebiendo en tan pura y cristalina fuente las regenenadoras aguas que calmando su espíritu, le muestran la noble senda que más tarde ha de conducirle á ocupar un alto puesto al lado de aquellos grandes maestros que con tan profunda veneracion miraba en- tonces. Tal es la historia de las más nobles obras del ingenio humano, esta la senda que uno á uno siguieron cuantos hoy son orgullo de los pueblos que les vieron nacer, y quien prentenda que el gran poeta, sólo por serlo, haya de abandonar el estudio y la severa dis- ciplina del entendimiento, buscará en vano testimonios que den á su aserto fuerza de ver- dad, y habrá de sustentar sus teorías con muy bellas frases tal vez, pero sin el auxilio del más poderoso y único argumento en tales contiendas, sin hechos en que fundar sus prin- cipios. Si hubiera de citar egregios poetas que lu- chando con las imperfecciones peculiares de las lenguas modernas, trataron constantemen- te de dotar de mayor sonoridad y riqueza de formas el propio idioma, refiriéndole siempre á otros más acabados y perfectos, tendria que enumerar uno por uno los nombres gloriosísi- mos de aquellos á quienes la crítica, tras lar- go y concienzudo estudio, mira cada dia con mayor respeto. Todos son clásicos, en el recto sentido de la palabra; todos se inspiran prin- cipalmente en la naturaleza, y todos expresan en limpia y elegante forma los propios senti- mientos, reflejo siempre del medio en que vi- vieron y desarrollaron sus facultades. Y esta es la vía que con gran contenta- miento de los amantes de la tradicion artística ha emprendido el Sr. Menendez Pelayo, que da buena muestra de las especiales facultades de que para éste, como para otros géneros, le dotó pródigamente la naturaleza, en el bellí- simo tomo de poesías que acaba de publicar. No hemos de entrar aquí en minucioso y de- tenido examen de cada una de las composicio- nes que hacen del libro obra digna, en todos conceptos, de figurar al lado de los más clási- cos modelos de lengua y versificacion caste- llana que poseemos. Tarea es esta, si bien agradable y llena de atractivos, muy difícil de terminar con lucimiento, despues que la doc- ta y elegantísima pluma del ilustre autor de Pepita Jimenez lo ha hecho ya, y de un modo insuperable, en el largo prólogo que precede á las poesías. Pero si no de las composiciones originales, séame dado hablar de algunas de las traduc- ciones que, como Apéndice, figuran modesta- mente al fin del tomo, y que merecen muy es- pecial y detenida mencion. Que el Sr. Menen- dez Pelayo es literato de exquisito gusto, es por demás sabido de cuantos hayan leido sus obras; mas si éstas por sí no lo demostrasen, el tino con que ha elegido para verter á nues- tra lengua algunas de las más bellas compo- siciones de los poetas extranjeros, bastaria sin más á demostrarlo. Y no se dirá que es ultramontano intransigente, ni fanático tra- dicionalista, al ver que entre sus poetas fa- voritos figuran en primera línea el liberalísimo é independiente Foscolo, el pagano Chénier y el anatematizado cantor de Childe Harold y del Corsario. Nadie mejor que un humanista in- signe, admirador entusiasta de la antigüe- dad, clásico que le inspira amor y veneracion comparables tan sólo al fogoso ardimiento de los eruditos del siglo XV, podría compren- der y penetrar el procedimiento artístico de Chénier, del poeta que á toda costa quería que se imitase á los antiguos, no abdicando para lograrlo la propia nacionalidad, el propio siglo y los propios sentimientos, sino tratan- do en lucha jigantesca con la deficiencia del patrio idioma que, en cierto modo, parecia dar la razon á los que miraban los versos como innecesaria traba de la poesía, de hacer re- nacer la insuperable belleza, la rotunda sono- ridad de los grandes modelos á la manera que la jóven espartana, próxima al alumbramien- 22 REVISTA IBÉRICA. to, contemplaba anhelante, segun una antigua tradicion, los modelos más acabados de huma- na belleza, para dotar de todas aquellas per- fecciones al nuevo sér que bullia en su seno. La obra de Andrés Chénier no fué estéril; mas fué preciso que el tiempo engrandeciese su memoria, que se calmasen y desapareciesen las animosidades de partido, y que, en una pa- 1abra, se presentase sólo el poeta ante la pos- teridad, para que la admiracion unánime y espontánea, sobreponiéndose á todas las pe- queñeces, elevase al rango que siempre debió ocupar entre los grandes poetas, al infortuna- do autor de la Jóven Cautiva. Entre las poesías antiguas de Andrés Chénier, El Ciego, que figura en las traducidas por el Sr. Menendez, es de las más características. No es este un cuadro, una copia de la antigua Grecia, donde siempre se echa de ver el artifi- cio y la traza con que se han tratado de retra- tar costumbres y creencias de remotas edades, antes bien es un renacimiento de aquella na- cion que idealizada existe en la mente de to- do, que todos nos complacemos en imaginar arrullada por las sonoras olas del Mediterrá- neo, cruzada por todas partes de innumerables corrientes que inmortalizaron los mismos dio- ses, bañada en los explendores del sol que tiende sus rayos en un cielo soñado por el que eternamente suspiran y al que incesantemente vuelven los ojos cuantos recibieron los pri- meros rayos de luz, de sus filósofos y de sus artistas. De la traduccion española lo único que podremos decir es que su autor ha tratado, aprovechando para esto la natural sonoridad de nuestra lengua, de conservar todas las be- llezas del texto, acercándose mucho más á la rotundidad y amplitud á que aspiraba el poeta francés, que luchaba constantemente con la falta de condiciones propias para la poesía de su idioma patrio. Los Sepulcros, de Hugo Foscolo, á pesar de las dificultades que por su oscuridad presentan algunos pasajes del original y de la manera especial del poeta, comparable sólo por la energía de su estilo al gran Alfieri, y anterior- mente á Maquiavelo, con los que tiene muchas y muy notables afinidades, pueden ya ser leí- dos y admirados de cuantos entiendan el habla castellana. Nótase principalmente en la tra- duccion del Sr. Menendez formal y decidido empeño de seguir el original con cuanta fide- lidad permite la semejanza de los idiomas, y de tal modo lo ha conseguido, que podrian ci- tarse tiradas de versos que demuestran que aún vive y alienta entre nosotros la gloriosa tradi- cion de los Jáureguis de los Solís, merced á cuya diligencia el Tasso y Alfieri tienen ya carta de naturaleza en nuestro suelo. Citaré sólo algunos versos, á manera de breve mues- tra de cómo están traducidos los Sepulcros de Foscolo: Tú, Florencia, escuchaste la primera Del desterrado Gibelino el canto, Y tú los padres diste y el idioma Al dulce vate, de Caliope labio. El que al amor desnudo, en Grecia y Roma, De un vuelo candidísimo adornado Volvió al regazo de la Urania Venus, Y más felice aún, porque en un templo Conservas fiel, las italianas glorias. Las únicas quizá, pues de los Alpes El mal vedado paso y la inconstante Omnipotencia de la humana suerte Armas te arrebataron y defensa, Y aras y patria: esta memoria sola Nos resta: de aquí brote refulgente Luz de esperanza á la oprimida Italia, Y el fuego encienda en generosos pechos. Para que nuestro renacimiento literario fue- se completo, era preciso volver á la purísima fuente del arte antiguo, que no en vano se su- ceden las generaciones y trascurren los siglos, y prescindir de ellos valdria tanto como rene- gar de la historia y juzgar que el indivíduo por su solo esfuerzo puede ir más allá que la humanidad toda. Enhorabuena que al invocar el arte de pasadas edades no pretendamos des- pojarnos y abdicar nuestra personalidad y nuestro siglo. Recomendar esto fuera pueril, pues que á quien así entienda la poesía y el arte de nuestro tiempo, poco ó nada pueden aprovechar tales consejos. A quien únicamen- te pueden dirigirse con fruto, es á aquellos en cuya mente arde el fuego divino y que impa- cientes luchan con la insuficiencia de la forma para expresar en toda su plenitud, en toda su grandeza, lo que con lucidez divina vislum- bran allá en lo íntimo de la fántasia. Y no es esto oponerse al progreso y renegar de sus beneficios, antes bien, el adelanto es de este modo cierto y constante, pues tenien- do lo único que podernos envidiar á los que nos precedieron, les llevamos de ventaja un mundo entero de maravillas, fruto del incesante trabajo de la humanidad por luengos siglos. Cuenta Herodoto que en un pequeño pueblo del Asia menor se habia ofrecido un premio al que primero llegase á ver los rayos del sol al romper el dia. Todos con afán aguardaban con la mirada fija en el Oriente, pero uno de ellos, más avisado, volviéndose en direccion contra- ria, lanzó un grito de triunfo al divisar las ci- mas de las más altas torres, doradas ya por los primeros rayos del sol naciente. Daniel Lopez. ----- REVISTA IBÉRICA.23 REVISTAS EXTRANJERAS. ------ ÚLTIMOS NÚMEROS PUBLICADOS. -- REVISTA FILOSÓFICA. SUMARIO.-La personalidad y la memoria en el sonam- bulismo; por Cárlos Richet.-Crítica de la idea de sancion; por Guyan.-Filósofos contemporáneos; por Seailles.-Análisis y averiguaciones -Revista de pe- riódicos extranjeros.-Correspondencia. De los tres artículos indicados en el sumario, paré- cenos el más curioso é importante el primero, escrito por un médico fastoso de la Salpetriere, en quien se armonizan perfectamente un espíritu de observacion delicado y pensamientos profundos, con la correccion y facilidad de lenguaje. Los otros artículos; el de Guyan tiene por objeto, conforme al sistema de la moral utili- taria y áun yendo más lejos, que es falsa la supuesta correlacion necesaria entre el acto moral y la sancion por él originada y que respeto á la jurídica ó social, es una mera defensa de la ley; el de Seailles forma un es tudio comparativo del filósofo Julio de Lachelier. El estudio de M. Richet, aparte de las consideracio- nes fisiológicas y filosóficas que hace para explicarlo, contiene pacienzudas observaciones de dos extraños casos de sonambulismo provocado, observaciones he- chas con dos enfermas de las que tiene á su cuidado. Estas enfermas pierden completamente la conciencia de su personalidad. objetivando tipos distintos por tan acabada manera, que obran, sienten, hablan y discurren como si fueran tales: las personas en que una de ellas se trasforma son: en una niña, en un general, en su esposo, en un obispo, en una monja, etc Richet explica fisioló- gicamente el fenómeno por un caso de amnesia parcial que hace perder la memoria de la personalidad, pero al mismo tiempo debe haber una extraordinaria sobre- excitacion de otros grupos de recuerdos, y acerca de esto hace largas reflexiones de órden psicológico y metafísico. LE CORRESPONDANT (del 25 de Marzo). SUMARIO.-I. La guardia nacional de París; por H. Jor- neron.-II. Un año de aplicacion de la ley de 28 de Marzo de 1882; por A. Deville -III. El Japon mili- tar; por P. de Lapeyrére. -IV. El bosque de La Bou- laye; por Alfredo de Courey.-V. Las poesías inéditas de Catalina de Médicis; por Eduardo Fremy.-VI. So bre las montañas; por la Condesa de Flavigny.- VII. Luisa de Marillac; por M. A. Greven.--VIII. Re- vista crítica.- IX. Crónica política. Es el más importante el segundo artículo, en el cual, despues de examinar el autor la ley sobre, enseñanza de M. Ferry, pasa á investigar los resultados prácticos de ella, y despues de analizar varios hechos y las aclara- ciones en circulares y programas de los ministros y el Consejo de Instruccion pública. dice que la supuesta neutralidad de la escuela y la total separacion de toda educacion religiosa, es cosa imposible y ocasionada á conflictos graves y á que los ciudadanos se vean obliga- dos á desarrollar toda su iniciativa individual, como ha sucedido en Francia, para defenderse de la ley, lo cual viene en desprestigio de ésta, en menoscabo de la autoridad y en daño de los ciudadanos. REVISTA DES DEUX MONDES. SUMARIO.-I. Miguel Verneuil; por Andrés de Jheuriet. -II. Por la Apulla y la Lucania (notas de viaje); por G. Lenormant.-III. Bosquejos literarios; por Emilio de Montegut. -IV. La juventud de un entu siasta; por M. Breal.-V. Los postulados y los nínfo- los de la moral naturalista; por Alfredo Jonillé.- VI. Un manifiesto de política liberal; por E. Beausi- re.-VII. El caballo árabe en Francia; por F. Vida lin. VIII. Poesía; por A. Lemoyne.-IX. Revista dramática.-IX. Crónica de la quincena. -XI. Movi- miento económico de la quincena. - Boletin biblio- gráfico. Merece especial mencion el artículo V de Jonillé, en que este autor critica los principios asentados por los más principales positivistas modernos, cuyas mejores obras examina. Combate el determinismo Cliford, Ses- lies, Spencer, Clemencia Royer, Ardijó y algun otro, así como los demás axiomas de la escuela que el articu- lista llama simbolismo universal. THE CONTEMPORARY REVIEW. SUMARIO.- El gobierno en los condados de Inglaterra, por A. Cross.-2.º Leon Gambetta: Un discurso posi tivista; por Harrison.-3.º Medios de auxiliar á los prisioneros en cuyo favor hay descargo; por Howar Vicent, director de investigaciones criminales. - 4.º Autobiografía de Miss Burney; por Mary Eliza- beth Christie.-5.º Los crofters highlandesdes; por John Rae. -6.º Self governement local en la India; por sir Richard Temple -7.º Siena; por Samuel Capez.- 8.º Los límites de la ciencia; por Jorge Edmundson. -9.º Sistema tributario de Egipto; por Henry C. Kay. -10. El lago encantado (episodio de Mahabarata); por Edwin Arnold.-11. Organizacion municipal de París; por Ives Guyot, miembro del Consejo muni- cipal de dicha ciudad. El estudio de la constitucion inglesa tiene su prin- cipal dificultad en la multitud de ruedas secundarias que, con su complicadísimo engranaje mueven la má- quina social más admirable que hoy existe. El articulo de sir A. Cross á que aludimos, publica la estadística de gastos é ingresos de la metrópoli británica por cau- sas gubernamentales. De este importante trabajo se des- prenden las siguientes conclusiones: 1.ª La administracion de Hacienda en los condados marca notables tendencias á la economía. 2.ª La opinion de los contribuyentes se muestra fa - vorable á la colocacion de los fondos de la Hacienda de cada condado en sus oficinas especiales. Y 3.ª Que estos deseos se fundan en consideraciones relativas á la mayor exactitud en los pagos, y no en el propósito de facilitar evasivas. El segundo artículo estudia las ideas del eminente hombre público que acaba de perder Francia, conclu- yendo que Gambetta fué positivista en conducta y en opiniones, y que este criterio presidió á todos sus actos públicos. En el articulo titulado Límites de la ciencia, Mr. Ed- mundson desarrolla y comenta con gran copia de datos la siguiente tesis del sabio naturalista Lubbock: "No sólo es improbable la afirmacion vulgar de que el mun do es en absoluto tal cual le vemos, sino que para mu- chos animales resulta completamente distinto." El autor presenta pruebas relativas á la óptica, la acústica, etc., algunas de ellas muy curiosas, como la demostracion 24 REVISTA IBÉRICA. de que las hormigas perciben ocho ó nueve colores, en lugar de los siete que únicamente ven los hombres. Pasa de aquí al estudio de varias leyes naturales que se su- ponen perfectamente interpretadas por la ciencia, y de- clara su vaguedad. "La misma teoría de la conservacion • de la energía, dice, se halla gravemente combatida por la de disipacion de la energía expuesta por W. Thom son. La teoría de las ondulaciones en óptica y acústica y gran número de afirmaciones tenidas por axiomáti- cas en geología, etc., etc., son objeto de gran preven cion para el escéptico disertante, que concluye fijando para la ciencia límites más estrechos de los que la ima- ginacion de algunos sabios quiere darle. THE NINETEENTH CENTURY. SUMARIO.- Frater ave atque vale; por Alfredo Tenny- son, poeta laureado.-II Nuestros hospitales; por Henry C. Burdest.-III Algunas palabras sobre el siglo XVIII; por Hawison.-IV. La verdad sobre Ros- setti; por Teodoro Watts.-V. Deberes de los moder nos partidos; por T. E. Kebbel.-VI. Wagner y el wagnerismo; por Edmundo Guzney.-VII. La descen- tralizacion en Irlanda; por Lifford.-IX. El sentido comun en el vestido y en la moda; por W. Paget.- X. La educacion elemental en Francia; por E. Lyulph, Stanley.-XI. El Cardenal y las escuelas; por R. W. Dale.-XII. Gobierno local en Inglaterra y en Gales; por William Rathbone. - XIII. La debilidad del ejército; por J. L. A. Limmons. El artículo de Mr. Hawison es un alegato en pró del siglo XVIII y en contra de las opiniones que respecto á dicha centuria profesaba Tomas Carlyle declarán- dola vergonzosa edad prosáica del fráude, la banca- rota y reino de Belcebú, cuyo único mérito fué la revo- lucion francesa.. El disertante aboga por las glorias de una época que produjo á Federico II, Mirabeau, Dan- te, Washingthon, Johnson, Burns, Watt, Azkwright y el mismo Goethe. Mr. Clifford, en su estudio acerca de los actuales conflictos de Irlanda, comenta la célebre frase pronun- ciada en pleno Parlamento por lord Chelmsford en contestacion á lord Derby: "El patronato (out door re- lief), es el cáncer de Irlanda." La serie de artículos que Mr. Rathbone está publi- cando en .Nineteenth Century, referentes á los gobiernos locales de Inglaterra, puede reducirse á los siguientes términos: " 1.º Es innecesaria la multitud de subdivi siones y de autoridades creadas para la administracion de asuntos locales; autoridades por lo regular mal constituidas y divisiones con frecuencia mal trazadas. -2.º Es excesiva la division en las funciones de cada autoridad.-Y 3.º El desórden que reina en los asuntos financieros de las pequeñas localidades. ARCHIVES DE SCIENCES PHISIQUES ET NATURELLES. SUMARIO.-Soret (Ch.). Sobre un refractómetro desti- nado á la medida de los índices de refraccion y de la dispersion de los cuerpos sólidos.-Pictet (R.) Estudio teórico y experimental de un buque rápido. -Cellerier (C.).- Nota sobre las fuerzas aparentes que deben su origen al movimiento terrestre.-Langley. El espectro solar infra-rojo.-Becquerel (H.). Fos- forografía de la region infra-roja del espectro solar y longitud de la onda de las principales rayas. M. Soret trata de salvar las dificultades que se pre- sentan al aplicar el espectrómetro á la medida de los índices de refraccion de los minerales y de los cristales artificiales, á causa de lo difícil que es encontrar crista- les de dimensiones, homogeneidad y trasparencia con venientes, así como la de tallarlos, etc., etc. Para esto propone una modificacion al refractómetro de Kohl- rausch, haciendo caer sobre una cara plana del cristal sumergido en un líquido de índice superior y conocido un haz de rayos solares paralelos, que se recibe despues de su reflexion en un espectroscopio, arreglado para dar un espectro muy puro; terminando la extensa descrip- cion del aparato con dos apéndices, dedicado el uno á la influencia que un defecto en la talla de los cristales puede ejercer en la medida del ángulo límite, y el otro sobre la influencia de la inclinacion de los rayos solares en la medida del índice. El Sr. Pictet se ocupa en determinar analíticamente y probar con experimentos practicados por él con el buque tipo construido bajo su direccion en el lago de Ginebra, cual es la forma de quilla que permite traspor- tar con más velocidad y lo más económicamente posible por el agua, un peso dado de mercancías. La nota de M. Cellerier se ocupa en estudio teórico de la desviacion periódica de la direccion vertical, ó sea de la plomada de los grandes movimientos de la mar y de la atmósfera, del cambio de curso de las corrientes terrestres y de los efectos producidos sobre los trenes de gran velocidad, considerando estos fenómenos como de- bidos al movimiento terrestre. REVUE POLITIQUE ET LITTERAIRE. SUMARIO.- Novelistas contemporáneos. DAUDET. (Primer artículo); por Julio Lemaitre -Oriente; por M. Ga- briel Chazmes.-Florimond; por Guillemot. -Cró- nica musical; por M. Leon Pillaut.-Causerie litterai- re. Notas é impresiones; por M. Luis Ulbach.-Bo- letin. "La fortuna literaria de M. Alfonso Daudet, es una de las más brillantes que se han conocido. Es una seduc- cion universal. Los que deseen verter lágrimas, los que prefieran alegrar su espíritu, los entusiastas de lo extra- ordinario y de lo moderno; los delicados de sentimiento, aquellos que hayan extremado los refinamientos del buen gusto, los naturalistas como los estilistas, pueden hallar su autor favorito en Daudet." Así empieza el crítico francés tales Lemaitre el pri- mero de los artículos que consagra al autor del Nabab, Numa Rumestan y tantas otras preciosas obras ya fa- mosas. "Verdad, ingenio, riqueza de imaginacion, ternura, alegría, dulce tristeza," son los elementos que el crítico reconoce en el más sencillo cuento del escritor que con Goncourt y Zola comparte la jefatura de la moderna escuela naturalista. De estos tres autores puede afirmarse que en Gon- court predominó el color, en Zola la tendencia fisiológi- co-social y en Daudet las aficiones idealistas que no lle- gan á constituir herejía dentro de la brillante secta que con su prestigio enriquece. Tan luego como esta bella coleccion de artículos crí- ticos esté terminada, publicaremos un extracto de todos ellos. ------------------------ Madrid 1883.-J. Lopez, impresor, Caños, 1 triplicado.